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Apuntes sobre la economía social de mercado de Chile

Nota del editor: Roberto Salazar Córdova fue viceministro de Economía del Ecuador, es CEO Hexagon Latam/UK/Global, empresa que desarrolla y licencia Herramientas Informáticas con Inteligencia artificial para mediación. Salazar tiene un récord de 25 años trabajando en investigación, gestión de transparencia y trabajo de cooperación internacional.

(CNN Español) — En Chile muchos piensan que el problema de las semanas pasadas es antiguo y tiene historia, centrada en la desigualdad del modelo de economía social de mercado. Muchos otros piensan que es más bien un problema de eficiencia, causado por precios que están altos frente a un salario que tiene rigideces.

Algunos capitanes de la industria han partido por el segundo enfoque, asumiendo los costos tributarios de los pedidos de la calle, y ajustando los salarios al alza -voluntariamente- de modo que los precios relativos no afectan a las variables reales del ingreso, el empleo y la inversión.

Actualmente, la gente en Chile, en un país que apunta a ser el primer país desarrollado de América Latina, ha salido a la calle de manera pacífica a buscar mayor ingreso para compensar y ha mirado hacia aquellos con mayor ingreso para financiarse vía transferencias.

El empresariado conoce esta demanda, la conversa y ha conversado durante años, concluyendo siempre que el problema de los impuestos es que están saturados.

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La señal, por tanto, en la que concuerdan comunas y empresas, es que se debe trabajar en reformar las rigideces del salario. Curiosamente, ambas coinciden por igual en que hay que, además, bajar impuestos, y no solo dejarlos flotar libres a los salarios (tal como flotan libres los precios de los bienes y servicios). Al parecer la marcha observada no es anti-liberal. Parece ser más bien liberal.

En el debate, la posición se ha estancado con la posición de los partidos socialistas e, incluso, comunistas, que en sus intervenciones han dudado de que Chile requiera quitar rigideces en los contratos laborales para que se pueda contratar por horas.

Ese tema está en debate, pero se acepta en general que abrirá espacios para crear empleos. Algo en lo que hay consenso es en que se debe legalizar las plataformas que dan empleo, para que con base en productividad se gane alto en función de hora trabajada productiva con máquina (a motor) y equipo (teléfono). Allí hay trabajos flexibles. Se solicita, por otro lado, protección social para dichos trabajadores.

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Otro consenso que se ha observado en días pasados es que Chile debe quitar cargas excesivas de impuestos a las pequeñas empresas para que puedan generar mayor retorno. Comunistas y capitalistas, ciudadanos, empresarios y autoridades, coinciden en que se debe pulir el ente de control de mercado para que haya más competencia.

En la calle se coincide también en que el problema es, en mucho casos, el Estado. Allí habrá mucho diálogo en los cabildos. Personalmente creo que se debe bajar el gasto público de nulo impacto y aumentar el gasto estatal que genera oportunidades.

Otro de los apuntes que he tomado en los días de protestas es que se requiere liberar el crédito y dejar que entre mayor competencia internacional para que bajen las tasas, dejando que los bancos entren en el “retail” y se reduzca el peso del costo del crédito, favoreciendo el consumo que hoy la gente busca, “de modo que a nadie se lo ocurra optar por saquear”. Son frases que se escuchan y resuenan.

A este respecto, investigaciones de la academia muestran que hay que ir dando cada vez más impulso a la inversión de quienes tienen educación e ideas, pero no tienen acceso a un mercado de capital porque este es imperfecto y está lleno de regulaciones.

Es interesante observar que una vía abierta para Chile hacia el futuro y el desarrollo, en la que hay consenso en los foros regionales y en los espacios diversos de lo público, lo privado, las comunidades, la academia, los medios y los organismos internacionales, es que se debe descomprimir el libre acceso a inversionistas tecnológicos extranjeros para su asociación con inversionistas locales, de comunidades en desarrollo, en función de programas de capacitación y entrenamiento financiados por los mismos inversionistas.

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En dicha línea, se ha iniciado varios foros en el fin de semana posterior al cierre del “toque de queda”: en función de diálogos hechos con la sociedad en pleno, no tanto con los partidos, ni a través de los ministerios.

Quizá el diálogo siga estos días con los alcaldes, quienes han debatido si se les transfiere la competencia estatal y se hace algo de descentralización fiscal.

Los libertarios opinan que hay que desestatizar las soluciones propuestas y liberar a las familias del yugo del sector público, de modo que se pueda ser libre y se pueda consumir lo que le alcance al hogar con su trabajo libre.

Escuchar las voces muestra que en Chile necesitamos un modo de producción donde se tenga tiempo libre para disfrutar el bienestar del ocio en familia, sacando el estrés y pudiendo re-crearse en lugar de tener siempre que hacer cuentas. En ese tipo de país queremos vivir.

Parecería que el consenso es que es el país libre el que debemos recuperar. “Quiero verdadera libertad para hacer mis proyectos y quiero igualdad de oportunidades para que mis hijos puedan hacer los suyos”, decía un padre de familia en una fila para comprar en el supermercado.

Los padres y sus hijos han marchado para poder ser lo que quieren ser, y ellos, como los hijos de cualquier otra familia, desean algo simple: irse ya a trabajar o a emprender en un país confiable donde uno, al final del día, también pueda divertirse y tener ocio.

cnn

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