Trump no pondrá freno a la IA porque quiere vencer a China. ¿Qué tan grande es la amenaza de Beijing?

Análisis por John Liu, CNN
El fin de semana pasado, mientras el mundo se preocupaba por la posibilidad de que una inteligencia artificial sin restricciones acabara con la humanidad, los líderes de Estados Unidos y China expusieron sus visiones sobre la tecnología que definirá esta era.
Sus posturas provenían de extremos casi opuestos del espectro.
Desoyendo los llamados de científicos especializados en IA y de ejecutivos de Anthropic, OpenAI y Google a ralentizar el desarrollo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo que lo más importante era mantener la ventaja estadounidense frente a China en la cada vez más intensa carrera entre superpotencias por la IA.
“Lideramos a China en IA… y, francamente, quiero que siga siendo así, porque quien gana en IA, gana”, dijo el sábado.
El domingo, el líder chino Xi Jinping hizo su propio llamado a una mayor cooperación internacional. Los países deberían “fomentar el código abierto, la apertura, la colaboración y el intercambio”, dijo en un discurso pronunciado en India ante líderes del Sur Global, en el que reiteró una propuesta para establecer un pacto mundial de gobernanza de la IA, aunque no dio detalles sobre cómo sería ese marco.
El contraste entre los mensajes de Trump y Xi pone de relieve la falta de consenso y el profundo déficit de confianza entre las dos superpotencias en la trascendental carrera por dominar la IA.
Estados Unidos parece estar utilizando cada vez más como arma su dominio del sector, al considerarlo un activo estratégico que debe protegerse y exportarse a países aliados, mientras que China, rezagada en la carrera, propone un modelo más abierto.
La IA ocupará un lugar destacado en la muy esperada cumbre entre Trump y Xi que se celebrará dentro de dos semanas en Washington. En su reunión de mayo en Beijing, ambos hablaron sobre salvaguardias para la IA, pero obtuvieron resultados limitados, y la semana pasada el Ministerio de Comercio de China dijo que los dos líderes habían acordado establecer un diálogo intergubernamental sobre la IA. Sin embargo, debido a su rivalidad geopolítica más amplia, los expertos tienen pocas expectativas de que se produzca algún avance significativo.
La IA china lleva años rezagada respecto de sus competidores estadounidenses. Esto se debe en parte a los controles tecnológicos de Estados Unidos, que limitan el acceso de las empresas chinas a procesadores avanzados de IA, esenciales para entrenar modelos de IA cada vez más complejos.
Pero el año pasado, la empresa emergente china de IA DeepSeek conmocionó a la industria mundial con un modelo cuyo rendimiento se aproximaba al de los principales sistemas estadounidenses utilizando, según afirmó, muchos menos recursos informáticos.
Desde entonces, los laboratorios chinos de IA han avanzado con mayor rapidez, y Alibaba, Z.AI, Minimax y, más recientemente, Moonshot han presentado modelos con capacidades similares que desafían el dominio de empresas estadounidenses de vanguardia como Anthropic y OpenAI.
Sin embargo, junto con los avances de los modelos chinos, se intensificaron cada vez más las acusaciones estadounidenses de prácticas desleales. Washington, así como OpenAI y Anthropic, han alegado que las empresas chinas robaron propiedad intelectual estadounidense al entrenar sus modelos con los resultados de modelos estadounidenses de vanguardia, un proceso conocido en el sector como destilación.
La semana pasada, agencias federales estadounidenses, entre ellas el FBI, la Agencia de Seguridad Nacional y la Agencia de Seguridad de Infraestructura y Ciberseguridad, afirmaron que las empresas chinas de IA están cometiendo robos a “escala industrial” contra sus homólogas estadounidenses.
En un extenso informe publicado la semana pasada, Anthropic también detalló intentos de actores maliciosos, incluidos supuestos operadores afiliados al Gobierno chino, de hacer un uso indebido de sus sistemas para desarrollar armas y vigilar a minorías como los uigures en Xinjiang.
En un caso, Anthropic descubrió información sensible sobre intentos de vigilancia chinos porque las consultas de un usuario —presuntamente vinculado a las fuerzas armadas chinas— enviadas al modelo Kimi de Moonshot fueron redirigidas a Claude, lo que dejó al descubierto el intento secreto de Moonshot de desviar a Claude las solicitudes de los usuarios, según el informe. Otras empresas chinas, como DeepSeek, también incurrieron en esta práctica, añadió.
Beijing rechazó las acusaciones, mientras que los laboratorios chinos de IA han guardado silencio en gran medida. Moonshot se negó a comentar el informe a CNN la semana pasada, mientras que DeepSeek no respondió a una solicitud de comentarios.
“Difundir diversas narrativas amenazantes y buscar la confrontación y la competencia maliciosa solo perturbará los esfuerzos por lograr una gobernanza mundial de la IA y no beneficiará a nadie”, dijo el lunes el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Guo Jiakun.
“Todas las partes deberían trabajar juntas para promover una IA abierta, inclusiva, accesible y beneficiosa para la humanidad”, añadió.
Del mismo modo que Estados Unidos se siente cada vez más amenazado por los modelos chinos, que avanzan con rapidez, Beijing también está alarmado por las capacidades cibernéticas de los sistemas desarrollados por empresas estadounidenses, capacidades que quedaron de manifiesto este verano cuando agentes de OpenAI y Anthropic se salieron de control y lanzaron ataques informáticos no autorizados contra otros sistemas.
Beijing también percibe de manera diferente los riesgos para la seguridad de la IA, más allá de la concepción estadounidense de los riesgos existenciales, como que los agentes de IA se salgan de control. Además de priorizar el control político y mantener la estabilidad social, considera a Estados Unidos una “amenaza hegemónica” para su propio desarrollo de la tecnología.
En un artículo publicado el domingo, el ministro de Seguridad del Estado, Chen Yixin, destacó los riesgos de las “prácticas hegemónicas” en una crítica velada a Estados Unidos por “establecer listas de entidades, imponer controles tecnológicos, monopolizar los estándares de la industria y crear ecosistemas de código cerrado” en nombre de la protección de la seguridad nacional.
“Estas acciones fragmentan la industria mundial de la IA y sus cadenas de suministro, agravando el desequilibrio en el desarrollo de la industria mundial de la IA”, escribió.
Un editorial del tabloide respaldado por el Estado Global Times publicado durante el fin de semana también desestimó el reciente ensayo del CEO de Anthropic, Dario Amodei.
“A primera vista, parece una ‘declaración racional’ centrada en la seguridad mundial de la IA”, decía el editorial. “Sin embargo, una lectura atenta revela su agenda oculta: el artículo está repleto de disposiciones de contención dirigidas contra China y es, en esencia, un ‘manual de la Guerra Fría’ para el sector de la IA”.
Aunque destacados ejecutivos e investigadores de Estados Unidos han expresado públicamente sus temores sobre los riesgos de la tecnología, plantear inquietudes similares en China, donde el gobernante Partido Comunista controla estrictamente los medios de comunicación y vigila a su población, es mucho más difícil y conlleva riesgos mucho mayores.
El sector tecnológico de China también opera dentro de un entorno regulatorio mucho más vertical, en el que el Gobierno establece amplias normas que rigen lo que los sistemas de IA pueden producir y cómo se implementan. Las normas nacionales de seguridad de la IA de China, por ejemplo, establecen requisitos relativos a los datos de entrenamiento, la privacidad, la seguridad y los contenidos prohibidos.
También hay un mayor optimismo público respecto a la IA en China. Una encuesta de Edelman de 2025 reveló que el 72 % de los encuestados en China dijo confiar en la IA, frente a solo el 32 % en Estados Unidos.
Y aunque los laboratorios chinos de IA han reducido rápidamente la brecha con sus homólogos estadounidenses, aún están por detrás de los sistemas más avanzados de Estados Unidos. Eso puede dar a las empresas y los investigadores chinos menos incentivos para limitar voluntariamente el desarrollo y el despliegue de sistemas de IA cada vez más capaces mientras tratan de ponerse al día.
Parece haber pocos motivos para el optimismo. Pese a la tregua comercial alcanzada entre ambos países en octubre del año pasado, las tensiones han seguido recrudeciéndose.
El principal obstáculo es la confianza. Washington teme que la cooperación pueda dar a China acceso a tecnología que fortalezca su poder militar y económico, mientras que Beijing considera la “seguridad nacional” una excusa de Estados Unidos para frenar el ascenso tecnológico de China.
Una publicación del mes pasado de Yuyuantantian, una cuenta en redes sociales afiliada a la cadena estatal china CCTV, expuso las condiciones para el diálogo entre Estados Unidos y China sobre la IA, señalando que Washington debe garantizar que sus empresas de IA cumplirían cualquier norma y regulación acordada antes de que pueda celebrarse negociación alguna.
“Debe establecerse una distinción clara entre las amenazas reales para la seguridad y la mera competencia tecnológica”, afirmó. “La verdadera cuestión no es ‘si se debe regular’, sino quién debe definir los límites de seguridad de estos modelos de vanguardia”.
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