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El mundo tiene las herramientas para acabar con la pandemia de coronavirus. ¿El problema? No se están utilizando adecuadamente

urielblanco

(CNN) — La pandemia de covid-19 no será eterna.

Es probable que siga diluyéndose y desvaneciéndose a medida que se acerque a su tercer año, resurgiendo con nuevas variantes y luego menguando ante las vacunas, las medidas de mitigación y el comportamiento humano. Pero incluso si el virus no llega a ser erradicado, la inmunidad mejorará y el mundo será capaz de vivir con el covid-19.

En esto, los expertos están generalmente de acuerdo. “La gran mayoría de los especialistas en enfermedades infecciosas piensan, y lo han hecho durante muchos meses, que el SARS-CoV-2 está aquí para quedarse”, dijo Paul Hunter, profesor de medicina de la Universidad de East Anglia en el Reino Unido.

“Los nietos de nuestros nietos seguirán contrayendo (el virus)”, dijo. Pero “el covid, la enfermedad, pasará a formar parte de nuestra historia a medida que la infección se transforme en una causa más del resfriado común”.

Sin embargo, hay una pregunta mucho más pertinente, cuya respuesta es frustrantemente esquiva: ¿cuánto tiempo se tardará en llegar a ese punto?

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Y esa respuesta no depende de la suerte: está, al menos en gran parte, en nuestras manos. Las pandemias se desvanecen gracias a esfuerzos humanos como el desarrollo de vacunas, el rastreo de contactos, el análisis genómico, las medidas de contención y la cooperación internacional. En resumen, el mundo dispone de un conjunto de herramientas para poner fin a la pandemia lo antes posible.

¿El problema? Incluso después de 20 meses, esas herramientas no se están aprovechando al máximo. “Este es el principal inconveniente: nunca hubo un plan, (y) todavía no hay un plan a nivel global”, dijo Andrea Taylor, subdirectora de programas del Instituto de Salud Global de Duke.

“No se nos da bien hacer frente a las crisis globales como mundo: no tenemos realmente la infraestructura, ni el liderazgo ni la responsabilidad”, añadió.

Varios países europeos sufren nuevas oleadas de infecciones, y se ciernen nuevos temores sobre la variente ómicron. (Foto: Francesca Volpi/Bloomberg)

A algunos países les ha ido mejor que a otros frente al covid-19. Pero para acelerar el final del problema, numerosos expertos -entre ellos Taylor- piden un nuevo enfoque global, especialmente en lo que respecta a las vacunas, los tratamientos y el intercambio de información.

Según ellos, este esfuerzo es la mejor manera de acabar con la pandemia rápidamente, y, si no se hace, la gente de todos los rincones del mundo podría seguir viviendo bajo una nube de covid hasta 2022 y más allá.

“Sabíamos de antemano lo que pasaría si adoptábamos este enfoque nacionalista, pero lo hicimos de todos modos”, dijo Taylor. “Y ahora vivimos las consecuencias de ello”.

La herramienta clave con la que cuenta el mundo: la vacuna

Si el mundo dispone de un arsenal para acabar con la pandemia, el arma más importante que tiene es una obviedad.

“La primera herramienta que tenemos es la vacuna”, afirma Roberto Burioni, profesor de microbiología y virología de la Universidad San Raffaele de Milán, comentarista de alto nivel de la respuesta a la pandemia en Italia.

El desarrollo de varias vacunas, todas ellas muy eficaces para detener la enfermedad grave y útiles también para frenar la transmisión, fue una primicia mundial. El récord anterior para poner una vacuna en el mercado era de cuatro años, pero la pandemia de covid-19 echó por tierra todas las expectativas y restableció el referente en este campo.

Es fácil ver lo cruciales que son las vacunas para el objetivo del fin del covid-19. “A medida que más personas se infecten, se vacunen y se vuelvan a infectar, la gravedad de la enfermedad disminuirá gradualmente debido a la acumulación de inmunidad, esa es la teoría”, dijo Hunter.

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Pero tener la vacuna no soluciona el problema

Sin embargo, no basta con tener una vacuna, sino que debe administrarse al mayor número de personas posible, tantas veces como sea necesario.

Incluso en los países desarrollados, donde la disponibilidad de las vacunas no es un problema, la disminución gradual de la inmunidad, la transmisibilidad de las nuevas variantes y los focos de escepticismo sobre las vacunas han puesto de manifiesto que se necesitan tasas de cobertura extremadamente altas para evitar oleadas de infecciones.

“Lo que deberíamos conseguir es una inmunización generalizada”, dijo Burioni. “Un escenario posible es que, si somos capaces de vacunar a una enorme mayoría de personas, este virus circulará pero no hará mucho daño”.

Además de sus continuos esfuerzos por animar a las personas no vacunadas a recibir una primera dosis, los países más ricos tienen ahora dos ejes principales en sus estrategias de inoculación: garantizar la vacunación de los niños en edad escolar y administrar vacunas de refuerzo, tantas como resulten necesarias para mantener la protección.

“La vacunación de los niños podría tener un enorme impacto en el futuro”, indicó Burioni.

La vacunación de los niños en edad escolar se intensifica en gran parte del mundo, y en EE.UU. la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) aprobó recientemente la vacuna de Pfizer para niños de 5 a 11 años.

España ha logrado una alta tasa de vacunación contra covid-19.

Y el Reino Unido anunció el jueves un acuerdo para comprar 114 millones de dosis adicionales de la vacuna de Pfizer para sus 67 millones de ciudadanos para 2022 y 2023. Es una medida que se espera que tomen muchas naciones desarrolladas mientras se preparan para un futuro en el que las vacunas se administran de forma semirregular.

“No sabemos cuántos refuerzos necesitaremos, pero es un problema de naturaleza logística y económica”, añadió Burioni.

Este es el caso, al menos, de las regiones desarrolladas del mundo.

Pero el mundo ha tenido pruebas de sobra de que el covid-19 seguirá siendo una amenaza en cualquier lugar hasta que esté bajo control en todas partes, y los expertos advierten que es necesario tomar medidas drásticas para lograr ese objetivo.

Vacunas: acceso desigual

La aparición de la variante ómicron en el África subsahariana, donde las tasas de vacunación son bajas, ha subrayado una vez más la importancia de una estrategia para vacunar a las naciones más pobres.

¿El problema? No hay ninguna estrategia, advierten algunos expertos.

“Nunca hubo un plan, y todavía no lo hay, a nivel mundial”, dijo Taylor. “No se trata solo de grupos: enormes franjas del mundo tienen una cobertura de vacunas inaceptablemente baja”.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), menos del 8% de las personas de los países de bajos ingresos ha recibido al menos una dosis de la vacuna contra el coronavirus. Mientras tanto, el 63,9% de las personas de los países de ingresos altos han recibido al menos una dosis, según la OMS.

Tanto en la Unión Europea como en Estados Unidos, alrededor del 70% de las personas ha recibido al menos una dosis, según el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE.UU.

Las posibles consecuencias de esta disparidad son evidentes. Todas las nuevas variantes del virus, problemáticas a nivel mundial, se han detectado por primera vez en lugares que experimentaron grandes brotes incontrolados en los que la cobertura de la vacuna era baja: alpha en el Reino Unido el pasado diciembre, delta en la India en febrero y ómicron en el África subsahariana.

“La desigualdad en las vacunas… prolongará la pandemia”, afirmó Michael Head, investigador principal de salud mundial en la Universidad de Southampton. “La mejor manera de ser egoísta” es no serlo, insistió Burioni. “Hay que proporcionar vacunas a todo el mundo”.

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¿Hay solución para esta desigualdad?

Las posibles consecuencias de esta disparidad son evidentes. Todas las nuevas variantes del virus, problemáticas a nivel mundial, se han detectado por primera vez en lugares que experimentaron grandes brotes incontrolados en los que la cobertura de la vacuna era baja: alpha en el Reino Unido el pasado diciembre, delta en la India en febrero y ómicron en el África subsahariana.

“La desigualdad en las vacunas… prolongará la pandemia”, afirmó Michael Head, investigador principal de salud mundial en la Universidad de Southampton. “La mejor manera de ser egoísta” es no serlo, insistió Burioni. “Hay que proporcionar vacunas a todo el mundo”.

Las soluciones son menos claras, pero no están fuera de alcance.

En primer lugar, hay que aumentar y estabilizar el suministro de vacunas. El programa de reparto de vacunas de la OMS, COVAX, pronosticó en septiembre que se suministrará un 25% menos de dosis a los países en desarrollo de lo que se había previsto.

“En este momento, es un festín o una situación de hambruna: (los países) no reciben nada durante tres meses y, de repente, reciben millones de dosis”, dijo Taylor. “El suministro tiene que llegar de forma predecible y fiable”.

Head, que ha publicado una investigación sobre el suministro de vacunas en Ghana en el último año, añadió que, cuando las vacunas llegan a través de COVAX, a menudo han estado cerca de su fecha de caducidad, y no iban acompañadas de los congeladores o el equipo necesarios para transportarlas por los países de destino.

Pidió la creación de nuevos centros de producción de vacunas en África para establecer un flujo más estable de vacunas. La OMS culpó a las carencias de una planta de Johnson & Johnson de no haber alcanzado el objetivo de COVAX en septiembre, y los retrasos en una planta india que desarrolla vacunas de AstraZeneca provocaron problemas de suministro en el Reino Unido y la UE en los primeros meses de 2020, lo que demuestra el dramático efecto que puede tener una sola instalación en la distribución mundial.

“El suministro tiene que ir acompañado de apoyo financiero para garantizar que esas dosis puedan llegar a los brazos”, añadió Taylor.

Los países más ricos también deberían financiar la investigación y la ayuda sobre el terreno a las naciones donde las vacunas no se distribuyen con rapidez, coincidieron Head y Taylor. “Hay una verdadera falta de datos claros sobre lo que ocurre a nivel de país en el África subsahariana. Necesitamos más claridad al respecto para poder comprender el alcance del problema”, afirmó Taylor.

Personal recibe la vacuna contra covid-19 en un hospital de Sudán del Sur. (Foto: Andreea Campeanu/Getty Images)

“No tenemos una responsabilidad global”

Esta es la cuestión que intenta abordar la Plataforma de Responsabilidad Global COVID de Duke, que Taylor ayuda a dirigir. La iniciativa ofrece un análisis de las tendencias y los obstáculos en los países más pobres, donde el despliegue de las vacunas se ha tambaleado.

Y las naciones desarrolladas también deberían predicar con el ejemplo. Head dijo que los participantes en su estudio ghanés “estaban viendo cómo el mundo occidental había manejado la vacuna de AstraZeneca”, que es la inyección en la que más se basa COVAX, pero que sufrió varias salidas en falso durante su despliegue en Europa. En marzo, varios países suspendieron el despliegue de las vacunas de AstraZeneca por problemas de coágulos sanguíneos. El organismo regulador de los medicamentos en Europa declaró posteriormente que su uso era seguro, pero la confianza se vio mermada.

Las dudas sobre la vacuna entre sus participantes aumentaron tras esos contratiempos y pausas en el despliegue europeo, indicó Head. “Lo que vemos y hacemos en el norte global con respecto a las vacunas se ve y se oye en otras partes del mundo”.

Pero, sobre todo, los expertos reclaman liderazgo.

“Es realmente similar a lo que nos ocurre con el cambio climático: tenemos líderes que son líderes de naciones, no tenemos realmente líderes globales. No tenemos una responsabilidad global”, dijo Taylor.

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Se necesita una mirada internacional

Según los expertos, las medidas nacionales siguen siendo vitales a medida que la pandemia se acerca a su fase final. Las oleadas seguirán afectando a distintas naciones en momentos diferentes, y “los países tendrán que trabajar dentro de sus propias experiencias y capacidades”, dijo Head.

Eso podría significar que una selección de medidas para mantener a raya al covid ha llegado para quedarse. “Como individuos, debemos seguir protegiéndonos y protegiendo a la gente que nos rodea mediante mascarillas, distancia social y vacunación”, dijo Ana García, catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Valencia (España), país que ha alcanzado una elevada tasa de vacunación pero que mantiene las normas sobre las mascarillas.

Pero debe ir acompañada de una mirada internacional para acelerar el final de la pandemia.

“Llevamos mucho tiempo hablando de globalización (en) el comercio, las finanzas, el turismo”, dijo García. “Esta pandemia -como (con) el cambio climático- parece una prueba. Nos exige seriamente actuar como en un mundo global”.

Los líderes mundiales han replicado este sentimiento, pero los expertos dicen que no se ha actuado.

Recientemente, las prohibiciones de viaje impuestas a Sudáfrica y otras naciones cercanas después de que las autoridades detectaran con éxito la aparición de la variante ómicron han dividido a los científicos.

El presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, denunció que las prohibiciones son “injustificadas”, y fueron condenadas por la ONU y la OMS. “Me preocupa profundamente que esos países sean ahora penalizados por otros por hacer lo correcto”, añadió el miércoles el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus.

“Existe un riesgo muy real de que lo que estamos haciendo ahora les disuada de enfrentarse al siguiente (pandemia)”, dijo Taylor. “Porque habrá una próxima”.

Tratado mundial para evitar los mismos errores en la próxima pandemia

Los expertos piden que los países se unan en torno al covid-19, no que se separen, y ese llamado fue retomado por la OMS esta semana cuando pidió un tratado mundial para evitar los mismos errores cuando se produzca la próxima pandemia.

“Ómicron demuestra por qué el mundo necesita un nuevo acuerdo sobre pandemias: nuestro sistema actual desincentiva a los países a la hora de alertar a otros sobre amenazas que inevitablemente llegarán a sus costas”, afirmó Tedros.

“En el fondo, la pandemia es una crisis de solidaridad y reparto”, agregó.

Puede ser difícil de conseguir. Varios científicos plantearon paralelismos con la lucha contra el cambio climático, un esfuerzo que, incluso en este momento crítico, se está viendo frenado por intereses nacionales contrapuestos.

Pero es una propuesta que muchos están desesperados por ver realizada. “Algún tipo de acuerdo legal vinculante que los países firmen podría darnos algo de un plan global coordinado, que es lo que nos falta ahora”, dijo Taylor.

“Nunca vamos a tener éxito con el altruismo”, reconoce. Pero con un nuevo brote en cualquier parte del mundo que amenace a todos los países, “se puede argumentar de forma nacionalista la necesidad de hacer las cosas de forma coordinada y global”.

“Marcaría la diferencia”, comentó Taylor. “Si pudiéramos hacerlo realidad”.

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