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Ecuatorianos prefieren vivir a la sombra de las redadas migratorias de ICE que volver a la violencia que agobia a su país

Por Ana María Cañizares, CNN en Español

“Se ve difícil pero no tenemos otra opción”, dice a CNN una pareja de esposos ecuatorianos indocumentados que han preferido sortear las redadas del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) en suelo estadounidense antes que volver a la violencia de su país. Es un complejo debate familiar que soportan muchos ecuatorianos desde Estados Unidos en medio de la presión por los operativos de inmigración y las difíciles condiciones que ofrece su país debido al rápido avance de la criminalidad.

Los dos ecuatorianos, que viven a las afueras de la ciudad de Washington y pidieron no ser identificados por temor a los operativos de ICE, llegaron a Estados Unidos hace seis años. Tenían un hijo pequeño que mantener y estaban decepcionados por la falta de trabajo y la inseguridad en Ecuador.

“Fue complicado dejar todo lo que tenía en mi país, mi familia y mis amigos por cambiar de vida. La situación se puso compleja, con un niño en brazos y la falta de oportunidades”, comenta Ernesto (nombre para proteger su identidad), quien se dedica a varios oficios para sostener el hogar, desde conductor de aplicación y reparador hasta electricista. Dice que no tiene miedo al trabajo y a buscar el sustento para su esposa y su hijo.

Durante estos años no han podido legalizar su estatus en EE.UU. y creen que, bajo el gobierno de Donald Trump, será mucho más difícil. Sin embargo, prefieren vivir a la sombra de las redadas inmigratorias porque consideran que volver a su país de origen es aún más riesgoso.

“Podemos ir a Ecuador a poner un negocio y qué tal si nos cae la inseguridad, perderíamos lo poco que hemos logrado en un rato. Podríamos ser presa de una extorsión o un secuestro”, comenta este padre de familia sobre la compleja situación de inseguridad en su país que lo frena a volver.

Esta pareja extraña su país y su familia, pero no pretende mirar atrás porque su motivación principal es su hijo de 8 años. Creen que en Estados Unidos puede tener una mejor proyección para su vida pese a las dificultades migratorias.

“¿Qué futuro le podría dar en Ecuador a mi hijo si regreso y no tengo trabajo? Por ahora esta es la única opción que tenemos”, comenta Ernesto mientras toma de la mano a su esposa. Ella concuerda y señala que en Ecuador las cosas no han mejorado. “Cuando no hay una seguridad, una economía estable, cuando no hay futuro para ti, no es una opción volver”, agrega Gabriela (nombre protegido).

Cuando se enteran sobre los hechos de violencia que con frecuencia ocurren en Ecuador aseguran que nunca se imaginaron este giro en su país en tan pocos años. “Eso se veía en otros países, pero ver que nuestro país ha caído en eso es un dolor terrible, porque vemos que también nuestra familia se queda allá y el miedo que tenemos aquí también es el temor de qué pueda pasar a nuestros familiares”, agrega la mujer.

El gobierno ecuatoriano asegura que lucha contra la inseguridad, pero en 2025 el país cerró con más de 9.000 homicidios, el año más violento de su historia.

Los padres de esta pareja les envían mensajes de aliento por WhatsApp pidiéndoles que se cuiden y que no se pongan en riesgo en medio de la ola de redadas migratorias por parte de ICE.

“Hola mijito que Dios les bendiga, les quiero mucho, un abrazo a todos”, nos muestra Ernesto un mensaje de su madre.

Gabriela dice que pasan buena parte del tiempo en casa y que evitan exponerse o acudir a ciertos lugares, pero que es difícil saber dónde podrían ejecutarse nuevos operativos migratorios. “Nunca me imaginé vivir este miedo, esta incertidumbre, dejar con lágrimas en los ojos en el bus a mi hijo y no saber si me puede pasar algo”, enfatiza.

Saben que el momento que les ha tocado es complicado pero aseguran que el amor, la unión y la esperanza les mantiene fuertes en un país que creen que -a pesar de la coyuntura migratoria- les ofrece más seguridad que Ecuador.

“Venimos a trabajar, a salir adelante. No creo que es un crimen tratar de estar aquí legalmente, aunque ahora es mucho más difícil para nosotros tratar de regularizarnos o ver al menos una oportunidad que es lo que nosotros pedimos”, expresa Ernesto.

Esta pareja evita comentar frente de su hijo sobre los operativos de ICE o los temas que les angustian. Quieren que en esta etapa el niño reciba cariño y juegos antes que el dolor de una detención o una separación. “Siempre pedimos a Dios de que como salimos podamos regresar y podamos estar reunidos como familia. A él no le decimos nada, él es feliz, ama la escuela, ama hacer actividades fuera, él entraría en pánico, evitamos el tema con él”, precisa Gabriela.

La Cancillería de Ecuador calcula que más de 800.000 ecuatorianos viven en Estados Unidos. Los estados donde más se concentra la población ecuatoriana son Nueva York, Nueva Jersey, Florida, California y Connecticut.

El Instituto de Estadística y Censos de Ecuador –que recoge una encuesta de Pew Research Center– reporta que entre 2000 y 2021 la población ecuatoriana en EE.UU. creció un 208 %, al pasar de 270.000 a 830.000 personas, ubicando a esta comunidad como la décima entre las hispanas en ese país.

Mientras que según el más reciente corte de datos de la Cancillería proporcionado a CNN detalla que los últimos tres años han registrado mayor número de deportaciones desde Estados Unidos. En 2025 fueron deportados 9.534 ecuatorianos; en 2024, 13.681; y en 2023, 18.449, este último el más alto desde 2019. La Cancillería dijo a CNN que al momento no puede determinar una cifra exacta de ecuatorianos indocumentados en EE.UU., pero Pew Research sostiene, según un cálculo de 2022, que existen 140.000 ecuatorianos “no autorizados” en Estados Unidos.

No solo quienes están en condición irregular se niegan a volver a Ecuador, sino también hay algunos ecuatorianos que a pesar de tener documentos migratorios en regla afirman que la ola de violencia criminal en su país los detiene, incluso para ir de visita.

Daisy Casares vive legalmente en Estados Unidos desde hace 24 años y mientras revisa en una tablet noticias sobre Ecuador se conmueve. “Es irreconocible, parece una pesadilla. No reconozco mi país, duele ver esas imágenes. Parece una película de terror desafortunadamente”, dice a CNN Casares, quien reside en el estado de Virginia.

Recuerda que el país en el que ella creció dista mucho de lo que enfrenta en la actualidad. “Escucho todos los días temas de crímenes y delincuencia y no logro asociar de ninguna forma el Ecuador en el que yo crecí, uno podía caminar tranquilamente, pero ahora es irreconocible. Es un tema que me apena porque yo amo a mi país”, señala.

Casares brinda servicios de mudanzas y comenta que semanalmente recibe llamadas de ecuatorianos deportados o que temen ser deportados. Dice que no saben qué hacer con sus bienes y les preocupa perder todo si sufren una separación forzada. Daisy afirma que siempre ha tratado de apoyar a los inmigrantes, más aún en situaciones complejas.

“Recibo llamadas de esposas que se han quedado con los hijos y que a los maridos les han deportado. Están tristes, están en pánico, no saben qué hacer, no quieren salir de la casa. Trato de asesorarles, de guiarles, de darles ideas para que puedan continuar su vida en Ecuador y llevar lo que han logrado en este país”, agrega.

Esta ecuatoriana intenta brindar tranquilidad en medio de tanta desinformación y angustia para que los inmigrantes ecuatorianos sepan que si tienen que retornar no lo hagan con las manos vacías, pues hay mecanismos legales para llevar sus bienes al país de origen y que el dolor de una deportación tenga al menos un aliciente.

“Hay gente que se aprovecha cuando las personas tienen alguna calamidad. Tienen que asegurarse, tener poderes poderes firmados, especialmente para sus hijos, para movilizar sus bienes a Ecuador, sus autos o enviar el dinero que han logrado ahorrar. Hay formas de hacerlo, busquen ayuda”, dijo Casares.

Y mientras esta empresaria intenta guiar a otros compatriotas a reconstruir su vida si son deportados, Ernesto y Gabriela tienen la esperanza de que la política migratoria estadounidense adopte un giro: “No creo que nadie pueda seguir viviendo así, no creo que todos los millones de personas puedan seguir viviendo en las sombras”, confía Ernesto.

En ambos casos, la inseguridad en Ecuador desalienta a los inmigrantes a volver. Unos prefieren soportar la presión de ICE y otros como Daisy Casares acuden a apoyar a su comunidad, a los suyos, a los que no tuvieron otra opción o la misma oportunidad que ella. “Me gusta ayudar y es algo que siempre he tenido en mi carácter”, finaliza.

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