Un profesor descubrió dos huellas inusualmente grandes. Resultaron ser algo sin precedentes para la ciencia

Por Taylor Nicioli, CNN en Español
Una mañana, Kent Hups emprendió una expedición de investigación en la famosa formación Hell Creek, una serie de capas de roca sedimentaria ricas en fósiles en el oeste de Estados Unidos.
Esta vasta formación geológica, que abarca partes de Montana, Wyoming, Dakota del Norte y Dakota del Sur, es rica en huesos de dinosaurios del Cretácico Superior, pero encontrar huellas es otra historia.
Los sedimentos de la zona en general se erosionaron antes de que las huellas pudieran conservarse.
Sin embargo, Hups, un profesor de ciencias de secundaria de Northglenn, Colorado, se encontró observando lo que resultó ser el primer rastro conocido dejado por un T. rex.
“Mi primera reacción fue de total incredulidad”, contó Hups, investigador asociado voluntaria del Museo de Naturaleza y Ciencia de Denver. “Me senté a observarlo durante un buen rato antes de convencerme de que se trataba de una huella”.
Las dos huellas gigantes que descubrió inicialmente en julio de 2025 tenían impresiones distintivas de tres puntas, sorprendentemente similares a otras huellas fosilizadas. Para determinar qué especie del Cretácico habría dejado esas marcas, midió el fósil de extremo a extremo.
Hups explicó que las huellas con una longitud mayor que su anchura sugieren que el animal que las dejó probablemente era carnívoro.
Con cada huella de aproximadamente 0,9 metros de largo y entre 0,6 y 0,8 metros de ancho, Hups descubrió evidencia no solo de un carnívoro, sino del dinosaurio carnívoro más grande e icónico que habitó lo que alguna vez fue una exuberante llanura costera pantanosa: el Tyrannosaurus rex.
Las extraordinarias huellas se describen en un estudio publicado el 8 de septiembre en la revista Journal of Vertebrate Paleontology.
A diferencia de los huesos, estas huellas capturan el movimiento en vivo de hace 66,5 millones de años, lo que ofrece pistas sobre el comportamiento y la forma de caminar de este depredador prehistórico, afirman los investigadores.
“Espero que más gente se anime a observar con más detenimiento esas rocas de aspecto extraño, lo que nos permitirá comprender mejor y con mayor detalle cómo era la vida en el pasado”, señaló Hups en un correo electrónico. “Es lo más parecido que tenemos a una máquina del tiempo”.
Hups, coautor del nuevo informe, había encontrado dos huellas fosilizadas al aire libre, una más erosionada que la otra, pero el coautor del estudio, Tyler Lyson, conservador jefe de paleontología de vertebrados en el Museo de Naturaleza y Ciencia de Denver, buscaba pruebas más sólidas de un patrón para convencerse de que se trataba de un rastro de dinosaurio.
“Las rocas pueden erosionarse y adquirir formas y tamaños muy diversos; algunas parecen Florida, otras Texas, y otras huellas de T. rex”, dijo Lyson.
Lyson marcó con una X en la tierra donde deberían haber estado otras huellas. Al excavar, los investigadores no solo encontraron una tercera, sino también una cuarta huella. Estas huellas presentaban tres dedos delgados, con los centrales más largos que los demás, una anatomía similar a la de las patas del T. rex.
Además, el tamaño fue un indicador clave, dijo Lyson. La Formación Hell Creek “es una de las unidades rocosas mejor estudiadas del mundo, así que creemos tener una idea bastante clara de qué dinosaurios vivían allí, y los dos dinosaurios lo suficientemente grandes como para dejar semejante huella son el T. rex y el dinosaurio con pico de pato llamado Edmontosaurus”, sostuvo. “Sus patas son muy diferentes”.
En el estudio se mencionan cuatro huellas. Pero este verano, el equipo de investigación localizó una quinta. “Así que no me cabe duda de que se trata de un rastro perteneciente a un T. rex”, afirmó Lyson.
El descubrimiento fue posible gracias a que el dinosaurio se encontraba en el lugar y el momento precisos, añadió.
Lo que hoy es Dakota del Norte era un entorno rico en vegetación donde los dinosaurios podían prosperar hace 66,5 millones de años. El suelo blando y fangoso creó las condiciones necesarias para que las huellas de dinosaurio quedaran enterradas, volvieran a la superficie y quedaran expuestas por la erosión.
Anteriormente, los investigadores solo habían encontrado dos huellas aisladas atribuidas al tiranosaurio.
El primer ejemplar fue descubierto por un geólogo del Servicio Geológico de Estados Unidos en Nuevo México y descrito en 1994, y el segundo fue reportado en un estudio de un paleontólogo de la Universidad de Manchester en 2008, procedente de la Formación Hell Creek en Montana.
Los científicos solo han desenterrado un puñado de huellas de otros dinosaurios en la Formación Hell Creek. “A nivel mundial, las huellas no son tan raras, pero para este intervalo de tiempo en Norteamérica, son extremadamente raras”, apuntó Lyson.
Se conocen huellas más largas y mejor conservadas de otros grandes dinosaurios carnívoros, pero la primera huella que probablemente se atribuye al T. rex es importante, señaló el Dr. Anthony Romilio, paleontólogo e investigador asociado del Laboratorio de Dinosaurios de la Universidad de Queensland en Brisbane, Australia. Romilio no participó en el estudio.
En la Formación Hell Creek, “incluso un ejemplar mal conservado constituye un descubrimiento significativo”, escribió Romilio en un correo electrónico. “Cualquier huella proporciona un registro de comportamiento real que sus huesos no pueden: unos pocos segundos de vida, hace 66,5 millones de años”.
Se han descubierto docenas de esqueletos de T. rex en la Formación Hell Creek, que conserva evidencia del último ecosistema de dinosaurios de Norteamérica.
Pero las huellas pueden brindar a los científicos pistas que los huesos no pueden, como la velocidad a la que se movía el dinosaurio y cómo podrían haber sido sus patas.
Varias huellas pueden proporcionar más información que las huellas aisladas y permiten a los científicos estimar la velocidad a la que se movía un animal cuando se formaron sus huellas.
En este caso, el nuevo descubrimiento de huellas proporciona la primera evidencia directa de la longitud de la zancada de un T. rex —unos 4 metros en total para las cuatro huellas— lo que sugiere que caminaba a una velocidad de entre 5,6 y 7 kilómetros por hora, según Lyson.
Sin embargo, la cifra está muy por debajo de su velocidad máxima, ya que las huellas conservadas probablemente se formaron en suelo húmedo, y los animales se mueven más rápido en tierra firme, explicó Thomas Holtz Jr., paleontólogo de vertebrados y profesor titular del departamento de ciencias geológicas, ambientales y planetarias de la Universidad de Maryland, College Park.
Añadió que las huellas siguen siendo un hallazgo importante para los paleontólogos.
“El aspecto más importante es que esta es quizás la primera secuencia definitiva de huellas de Tyrannosaurus rex”, indicó Holtz, quien no participó en el estudio.
Según Lyson, el Museo de Naturaleza y Ciencia de Denver planea recolectar tres huellas de Dakota del Norte para analizarlas en detalle y obtener datos sobre sus tejidos e impresiones de piel.
Romilio añadió que la publicación de estas huellas brinda a otros científicos la oportunidad de analizar sus medidas y reconstruir cómo se movía el dinosaurio.
Además, según Holtz, saber que existen huellas como estas podría ayudar a los investigadores a encontrar más en el futuro.
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