De esconderse en refugios antiaéreos a visitar Nueva York: los líderes de Irán aprovechan la oportunidad

Por Mostafa Salem, CNN
Siete meses después de salvar la vida en un ataque aéreo israelí coordinado por Estados Unidos —en el que murió el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei—, el máximo diplomático de Irán recorrió esta semana las calles de Manhattan bajo la protección del Servicio Secreto estadounidense.
Mientras los líderes mundiales se reunían en Nueva York para la Asamblea General de la ONU, Abbas Araghchi y el presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, aprovecharon la ocasión para exponer su postura ante el mundo, presentando a la República Islámica como un país que respeta el derecho internacional frente a unos “abusones” que no lo hacen.
Araghchi se reunió con más de dos docenas de diplomáticos, incluidos sus homólogos de más de diez países europeos e incluso el ministro de Asuntos Exteriores de Jordania, país al que Irán había atacado. Más importante aún, mantuvo una inusual reunión directa con el enviado estadounidense Steve Witkoff y declaró a los medios occidentales que Irán había puesto una nueva oferta sobre la mesa.
En su discurso ante la asamblea de la ONU, Pezeshkian afirmó que la República Islámica nunca “se doblegaría”; una declaración que fue bien recibida por los sectores más intransigentes de su país, algunos de los cuales se habían opuesto al viaje en un momento en que las sanciones bélicas y el bloqueo naval estadounidense asfixian la economía iraní.
El jueves, Pezeshkian se reunió con periodistas occidentales y analistas de centros de estudios en un hotel de Nueva York para exponer la visión de su gobierno; una situación muy distinta a la de la mañana del 28 de febrero, cuando se temió por su vida tras desaparecer durante horas en medio de oleadas de ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel.
En décadas anteriores, las intervenciones de Irán en la Asamblea General de las Naciones Unidas habían atraído la atención, pero bajo la sombra de la guerra, la visita de este año se convirtió en el acontecimiento principal. Los funcionarios de Teherán planificaron la visita estratégicamente, teniendo en cuenta tanto la atención mundial como la interna.
Los sectores más radicales de Irán criticaron inicialmente los acercamientos diplomáticos de Pezeshkian y Araghchi a Washington, considerando que la decisión de visitar el país que libraba una guerra activa contra ellos era un signo de rendición. Araghchi, en particular, fue duramente criticado por los legisladores conservadores iraníes por reunirse con Witkoff.
“La política exterior y la seguridad nacional no son ámbitos para la imprudencia”, escribió el miércoles en X el legislador de línea dura Ebrahim Rezaei. “¿Bajo qué autorización se llevó a cabo la reunión del ministro de Asuntos Exteriores con el representante del enemigo?”.
Sin embargo, a pesar del alto riesgo de cometer un error político, los funcionarios iraníes llevaron a cabo una visita que fue bien recibida en casa, reactivó la vía diplomática con su adversario, transmitió un mensaje de supervivencia al mundo y dio a conocer su postura al público estadounidense.
Pezeshkian expuso las demandas de Irán desde la tribuna de la ONU y mantuvo reuniones bilaterales con sus homólogos. En cambio, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu —quien participó en el inicio de la guerra contra Irán—, se encontró con protestas en las calles de Nueva York y con el abandono masivo de la sala por parte de los delegados de la ONU mientras pronunciaba su discurso.
La reunión de Araghchi con Witkoff para reanudar las conversaciones fue un intento de romper tres meses de estancamiento diplomático.
No obstante, los funcionarios estadounidenses se apresuraron a advertir que alcanzar un acuerdo llevaría tiempo.
“Si ha de haber un acuerdo con Irán… requerirá mucho trabajo arduo durante un periodo de tiempo, e implicará también la participación de mediadores”, declaró esta semana a la prensa el secretario de Estado, Marco Rubio.
Irán afirmó haber presentado a Estados Unidos una propuesta que permitiría reabrir el estrecho de Ormuz —a cambio de que Washington levantara el bloqueo económico contra el país— y reactivar los esfuerzos hacia un “acuerdo definitivo”.
La nueva oferta de Teherán exige que Washington cumpla una serie de condiciones en un plazo de siete días, según declaró Araghchi a los periodistas. El funcionario declinó dar detalles sobre dichas condiciones, pero señaló que no eran “más que” lo ya incluido en el Memorando de Entendimiento: un acuerdo malogrado, firmado por ambas partes en junio, que fracasó rápidamente.
Si bien una rápida reapertura del estrecho y la reanudación de las conversaciones sobre el programa nuclear de Teherán podrían resultar tentadoras para Trump, aún persisten obstáculos.
Las condiciones de Irán incluyen que Estados Unidos renuncie a las sanciones sobre las ventas de petróleo, levante el bloqueo naval y ponga fin a otras penalizaciones económicas impuestas tras la ruptura del acuerdo en junio, según declaró a la CNN una fuente regional familiarizada con las conversaciones.
En la nueva propuesta, Irán quiere que Washington dé los primeros pasos, dijo un experto a la CNN.
“La oferta actual es esencialmente el mismo trato, pero con una secuencia muy diferente”, declaró a la CNN Sina Toossi, investigador principal del Center for International Policy en Washington D.C. “Estados Unidos da pasos concretos primero y solo entonces Irán reduce la presión sobre Ormuz”.
En virtud del acuerdo de junio —que en su momento se consideró ampliamente favorable a Irán—, Estados Unidos aceptó levantar el bloqueo naval, poner fin a las sanciones contra el régimen, crear un fondo de US$ 300.000 millones para la reconstrucción del país y aceptar el papel de la República Islámica en la gestión de la estrecha vía marítima por la que transita a diario una quinta parte del petróleo mundial.
El acuerdo se vino abajo rápidamente después de que la administración Trump acusara a Teherán de disparar contra buques en Ormuz. Irán, a su vez, acusó a Washington de incumplir sus propios compromisos al lanzar ataques contra Irán y negarse a liberar fondos congelados en bancos extranjeros.
“El mensaje central del viaje de Pezeshkian a Nueva York es que Irán desea sinceramente un acuerdo”, añadió Toossi, “pero ya no está dispuesto a pactar y rebajar la tensión primero para luego confiar simplemente en que Washington cumplirá su parte”.
Irán también ha seguido una vía diplomática paralela con Omán —el único otro país limítrofe con el estrecho de Ormuz— para abordar la gestión de dicha vía marítima. En el pasado, Irán ha exigido pagos futuros por gestionar el estrecho, pero no está claro si esa exigencia forma parte de la nueva oferta de Teherán. Tampoco se sabe con certeza si el nuevo marco de colaboración entre Irán y Omán se ha presentado a la administración Trump. La semana pasada fracasó un intento de sumar a la iniciativa a los Estados árabes vecinos.
Una de las grandes incógnitas pendientes es si Irán aceptará una nueva negociación que Washington podría aprovechar para obtener más concesiones.
Ambas partes se encuentran actualmente inmersas en un pulso para ver quién puede soportar durante más tiempo el statu quo. Irán hace gala de una gran resistencia ante las adversidades, mientras que Trump insiste en que no se verá perjudicado en las próximas elecciones de mitad de mandato, a pesar del aumento de los precios de la gasolina en los surtidores.
Así pues, puede que los líderes de Teherán hayan vivido unos días positivos, pero no está claro cuánto durará ese optimismo.
“Están esperando a ver cómo me va en las elecciones de mitad de mandato”, declaró Trump en su discurso ante la ONU. “Lo que no se dan cuenta es que no me voy a postular. Ya lo hice y gané por una mayoría aplastante”.
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