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Estados Unidos quiere independizarse de la tecnología china. ¿Valdrá la pena el esfuerzo?

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Telemundo 15
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Por Stephanie Yang, CNN

Siete años después de fundar una empresa emergente de robótica en San Francisco, Rajat Bhageria se enfrenta a una nueva y formidable tarea: construir robots sin ninguna ayuda de China.

Al igual que la mayoría de las empresas de robótica estadounidenses, Chef Robotics depende en gran medida de componentes chinos para fabricar los brazos robóticos que vende a los fabricantes de alimentos para automatizar el ensamblaje de comidas preparadas.

La capacidad de China para producir piezas baratas en volúmenes incomparables la ha convertido en una fuente fundamental de productos tecnológicos competitivos en todo el mundo.

Pero a medida que China ha comenzado a dominar las industrias avanzadas, desde los vehículos eléctricos hasta las fábricas automatizadas, unos Estados Unidos cada vez más proteccionistas bajo la presidencia de Donald Trump han intensificado las restricciones al uso interno de la tecnología china, incluidos los drones, los robots móviles y otros dispositivos electrónicos esenciales.

“Durante un tiempo, claro, la idea era: ‘Oye, busquemos los mejores componentes y busquémoslos al precio más bajo’”, declaró Bhageria.

Ahora, los inversores y los clientes han comenzado a hacerle una pregunta diferente: “¿Por qué sigue utilizando piezas fabricadas en el extranjero?”.

La creciente rivalidad entre Estados Unidos y China ha ahondado la preocupación por los riesgos para la seguridad nacional que conlleva la excesiva dependencia de los sistemas y las cadenas de suministro chinos.

Al prohibir las tecnologías de fabricación extranjera, las autoridades estadounidenses argumentan la necesidad de proteger los datos confidenciales de los consumidores y del Gobierno, a la vez que incentivan la producción nacional. Sin embargo, los expertos advierten que estas restricciones podrían tener un efecto no deseado: dificultar la capacidad de las empresas estadounidenses para competir con sus rivales chinos.

Décadas de subcontratación han dejado a los fabricantes estadounidenses mal preparados para satisfacer la demanda, lo que conlleva mayores costes y tiempos de espera más largos para las empresas, las universidades y los consumidores que requieren tanto electrónica de vanguardia como de uso cotidiano.

“Gran parte de nuestra vida digital se basa en la infraestructura de componentes fabricados en el extranjero y productos ensamblados en el extranjero, y eso no va a cambiar pronto”, comentó Ben Armstrong, CEO del Centro de Rendimiento Industrial del MIT, quien investiga la competitividad de la fabricación y la automatización.

“Simplemente no sabemos cómo fabricarlos en Estados Unidos. Por lo tanto, habrá un periodo de aprendizaje, y durante ese proceso, el precio será elevado”, afirmó.

Bhageria espera que, al comenzar ahora la búsqueda de proveedores alternativos, su empresa pueda mitigar posibles dificultades económicas en el futuro.

Él tiene esa ventaja, porque los componentes de sus brazos robóticos aún no se ven afectados por las prohibiciones. Pero le preocupa que la lista crezca. “Ya se imaginan lo que vendrá después, ¿verdad? Por ejemplo, podrían ser brazos robóticos fijos”.

El ensamblaje final de la empresa se realiza en Estados Unidos, explicó Bhageria. Sin embargo, los componentes de las herramientas que se acoplan al extremo de los brazos robóticos se fabrican actualmente en China.

Bhageria inicialmente quiso trasladar esa producción el año pasado, cuando Trump aumentó los aranceles a las importaciones chinas.

Pronto descubrió que fabricar las pinzas de plástico en Estados Unidos sería prohibitivamente caro y que muchos proveedores fuera de China no tenían la capacidad de cumplir con su pedido.

“En realidad, ha sido un proceso mucho más difícil de lo que esperábamos inicialmente”, manifestó. “Incluso hablamos con algunos talleres mecánicos muy buenos en Estados Unidos y nos dicen: ‘No podemos hacer esto’”.

Estos desafíos ponen de manifiesto la importancia que el avance industrial chino ha adquirido para las empresas estadounidenses. Sin embargo, la administración estadounidense insiste en desalentar el uso de tecnología china, y la lista de productos prohibidos continúa ampliándose.

En julio, la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) añadió los inversores de potencia y los nuevos sistemas robóticos avanzados —como los humanoides capaces de correr, saltar, bailar y luchar— a su lista de tecnologías extranjeras restringidas.

Estados Unidos también prohibió los automóviles que utilizan software chino e impuso un arancel del 100 % a los vehículos eléctricos chinos. Aranceles similares para los drones entraron en vigor el mes pasado, tras la prohibición de nuevos modelos en diciembre.

La lista, cada vez más extensa, ha dejado incluso a gigantes corporativos estadounidenses como Ford con dificultades para mantenerse al día.

El fabricante de automóviles de primera línea fue criticado por la administración Trump a principios de este mes por sus vínculos inapropiados con tecnología china, concretamente por el uso de baterías para coches eléctricos fabricadas por CATL.

Ford rechazó las acusaciones de que estaba cediendo la producción en Estados Unidos a entidades chinas.

Michael Murray, CEO de Kopin Corporation, empresa que fabrica componentes ópticos para drones utilizados por las fuerzas estadounidenses, afirmó que a la compañía le ha llevado más de dos años trasladar la fabricación de algunas de sus micropantallas de China a Estados Unidos.

Calcula que fabricar esos componentes en Estados Unidos cuesta hasta un 25 % más, aunque los gastos de trasladar la cadena de suministro se han compensado con la financiación del Departamento de Defensa.

“No tenemos el volumen de ventas suficiente para reducir los costes tanto como el resto del mercado, por lo que existe una presión sobre los precios a la que tenemos que adaptarnos”, afirmó.

Según Murray, a medida que la regulación sobre el origen de las tecnologías sensibles se ha vuelto más estricta, más empresas buscan componentes fabricados en Estados Unidos. Sin embargo, añadió que China puede producir más micropantallas en una semana que Estados Unidos en un año.

Gavin Kenneally, cuya empresa fabrica perros robot industriales y militares, está trabajando para encontrar una nueva fuente de metales de tierras raras, de los que China tiene prácticamente el monopolio mundial.

Ghost Robotics ya trasladó la producción de sus motores de China a Corea del Sur y actualmente adquiere sus imanes de neodimio de una empresa europea. Sin embargo, la materia prima proviene de China, lo que significa que estará sujeta a una prohibición gubernamental a partir de enero.

“Es un problema de la cadena de suministro extremadamente difícil de resolver a corto plazo”, señaló Kenneally, quien agregó que este tipo de políticas suelen anunciarse con anticipación para dar tiempo a las empresas a adaptarse. “A largo plazo, creo que estas prohibiciones han tenido el efecto estimulante que el Gobierno pretendía”.

Mientras los proveedores estadounidenses se esfuerzan por ponerse al día, analistas y ejecutivos afirman que el acceso limitado a la extensa cadena de suministro de China podría obstaculizar el progreso estadounidense tanto en industrias de vanguardia como la IA y la robótica, como en la manufactura tradicional.

“En el tiempo que tarda una empresa estadounidense en construir su primer prototipo, una empresa china ya puede estar en la tercera versión”, comentó Saman Farid, fundador de la coalición industrial Robots for America y de Formic, que suministra robots industriales a fábricas estadounidenses.

Aunque los clientes de Farid aún no se han visto afectados, le preocupa que el alcance de las restricciones aumente y que los fabricantes tengan que prescindir de los equipos y las tecnologías más competitivas.

“Si no se crean alternativas con la suficiente rapidez, esto podría suponer un verdadero obstáculo para las empresas estadounidenses”, afirmó.

Sin los robots humanoides baratos que China produce en masa, las universidades y los laboratorios de investigación estadounidenses también podrían tener que recurrir a modelos más antiguos o más caros.

En la Universidad de Illinois Urbana-Champaign, el profesor de ingeniería Sayan Mitra afirmó que varios cursos utilizan brazos robóticos, drones, humanoides y vehículos procedentes de China.

Reemplazar los humanoides chinos por estadounidenses podría costar diez veces más, y es posible que ni siquiera existan otras opciones de drones, añadió.

“Es como intentar operar a un paciente que ya está de pie”, declaró Mitra. “Si se hace de forma improvisada e impredecible, todo se ralentizará. De hecho, la solución a la que aspiramos, como formar investigadores de robótica altamente cualificados y contar con una cadena de suministro nacional, puede verse completamente frustrada porque bloquearemos el proceso de adquisición de robots y la experimentación con ellos”.

Incluso los artículos domésticos cotidianos están en el punto de mira del Gobierno. La prohibición de la FCC sobre los robots móviles incluye las nuevas versiones de dispositivos automatizados como aspiradoras robot, limpiafondos y cortacéspedes, la gran mayoría de los cuales también se fabrican en China.

“Es extremadamente difícil trasladar la fabricación a Estados Unidos”, afirmó Jitesh Ubrani, director de investigación de dispositivos de consumo en IDC, una empresa de inteligencia tecnológica. “A largo plazo, claro que podría suceder. Pero probablemente sería muy costoso, y los consumidores estadounidenses terminarían pagando mucho más”.

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