Los mercados empiezan a comportarse de manera muy extraña. La culpa es de la inteligencia artificial

Análisis por David Goldman, CNN
A primera vista, los mercados parecen estables. Las acciones están cerca de máximos históricos y los bonos se mantienen prácticamente en los mismos niveles de los últimos meses.
Pero, si se examina lo que ocurre detrás de las cifras, aparecen señales de que los inversionistas están cada vez más nerviosos, principalmente por la inteligencia artificial (IA).
Esta vez, la ansiedad no se debe a que la IA vaya a acabar con todos nosotros (eso era cosa del mes pasado). La preocupación más reciente es que la IA podría convertirse en un pozo sin fondo financiero.
Y si la burbuja de la IA empieza a desinflarse, podría amenazar con derrumbar los cimientos que sostienen el auge económico de Estados Unidos.
El mercado de valores es tan grande y diverso que, en ocasiones, resulta útil para los inversionistas medirlo de formas creativas, comparando dos indicadores para determinar si existe una tendencia que las cifras generales no permiten detectar.
Por ejemplo, el índice bursátil de referencia S&P 500 puede medirse de varias maneras. La más habitual consiste en ponderar cada acción según su valor de mercado, lo que otorga a las gigantescas empresas tecnológicas valoradas en billones de dólares una influencia considerable sobre las subidas y bajadas del mercado bursátil.
Pero, si se observa el S&P 500 de otra manera, asignando el mismo peso a cada acción, a veces se obtiene una imagen más clara del comportamiento del mercado en los distintos sectores. La ponderación equitativa de las acciones garantiza que las empresas de sectores más pequeños no queden eclipsadas por otras enormes, como las grandes tecnológicas.
Al comparar ambas mediciones el 22 de octubre, el resultado fue realmente insólito, tan extraño que solo había ocurrido otras dos veces en las últimas tres décadas.
El índice principal, ponderado por valor de mercado, cayó un 1,2%. Sin embargo, el índice de igual ponderación subió un 0,5%. Desde 1995, esa enorme divergencia entre ambas mediciones solo se había producido en otras dos ocasiones: el 14 de abril de 1999 y el 30 de marzo de 2000, señaló James Reilly, economista sénior de mercados de Capital Economics.
¿Qué significa esto? Una pista puede encontrarse en otro fenómeno extraño que ocurrió ese mismo día.
También el jueves, el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años frenó en seco y cambió de dirección: cayó por debajo del 5% y registró su mayor descenso en un solo día desde el 10 de marzo de 2023, cuando colapsó Silicon Valley Bank.
Así, los inversionistas estaban retirando dinero del sector tecnológico y trasladándolo hacia los bonos del Tesoro y las acciones de empresas no tecnológicas a un ritmo histórico.
Es una señal de que la inteligencia artificial está poniendo algo nerviosos a algunos inversionistas de Wall Street.
Los bonos habían estado cayendo (y sus rendimientos, en consecuencia, habían aumentado hasta alcanzar máximos de varias décadas) por tres razones fundamentales:
- Irán
- La creciente deuda de Estados Unidos
- La inteligencia artificial
La guerra con Irán provocó un fuerte repunte de la inflación al interrumpir el suministro mundial de petróleo y combustible y disparar los precios. Ante el repunte de la inflación, los inversionistas en bonos exigieron mayores rendimientos para compensar la parte de su inversión cuyo valor estaba siendo erosionado por el aumento de los precios.
Mientras tanto, la deuda de Estados Unidos se ha disparado hasta alcanzar los US$ 40 billones, y su déficit presupuestario aumentó a US$ 2 billones durante el último año fiscal. Los políticos de todo el espectro ideológico siguen defendiendo políticas populistas, incluidos impuestos más bajos y un mayor gasto, lo que no da a los inversionistas ninguna esperanza de que una ola de responsabilidad fiscal llegue pronto a Washington. Esto significa que el Tesoro tendrá que seguir endeudándose, y mucho, inundando el mercado de bonos.
Además, las enormes inversiones en inteligencia artificial han sustentado el crecimiento económico sostenido de Estados Unidos en los últimos años. Pero la infraestructura necesaria para impulsar la IA es costosa: alrededor de US$ 1 billón al año, una cifra que sigue aumentando. Las empresas tecnológicas están pidiendo prestadas enormes cantidades de dinero a los inversionistas mediante la emisión de bonos, lo que reduce la demanda de otros instrumentos de deuda, incluidos los bonos del Tesoro.
Nada de esto ha cambiado de manera fundamental.
De hecho, la guerra con Irán, la inflación y los problemas de deuda podrían estar a punto de empeorar aún más. Los precios del petróleo se encuentran en máximos de cuatro años y los del combustible se están disparando en algunas partes de Estados Unidos. Además, el presidente Donald Trump ha dado señales de que la costosa guerra con Irán está a punto de intensificarse nuevamente después de las elecciones intermedias.
A pesar de ese contexto, los bonos del Gobierno, a los que los inversionistas habían dado la espalda durante meses, recuperaron repentinamente su popularidad.
Recientemente, los inversionistas comenzaron a plantearse preguntas importantes sobre la inteligencia artificial, una de las tres patas que habían sostenido los rendimientos de los bonos. Y esa pata inestable de la IA empezó a preocuparlos.
Cuando los operadores se ponen nerviosos, buscan refugio. Y el refugio más seguro del planeta ofrece la protección del dólar estadounidense y los bonos del Tesoro.
Si estamos en medio de un cambio de paradigma, el punto de inflexión podría haber comenzado con CoreWeave.
Esta empresa de infraestructura de nube especializada, que alquila capacidad de cómputo a compañías de inteligencia artificial, depende del endeudamiento. Sus costos de financiamiento se dispararon hasta un asombroso 15% a principios de este mes, a medida que los inversionistas comenzaron a preocuparse por sus perspectivas financieras. Esa cifra supera ampliamente la tasa de rendimiento de sus inversiones.
En otras palabras, CoreWeave está perdiendo muchísimo dinero y podría no ser capaz de pagar su deuda.
CoreWeave podría ser un caso atípico, o tal vez no. Un informe de The Wall Street Journal sobre el borrador de la documentación de Anthropic para su oferta pública inicial de acciones reveló una pérdida de casi US$ 81.000 millones durante el primer semestre de 2026, una cifra que, de mantenerse ese ritmo, superaría ampliamente el récord de la mayor pérdida anual jamás reportada por una empresa que cotiza en bolsa (si Anthropic sale a bolsa este año). Meta informó que gastó US$ 2.000 millones más en efectivo de lo que generó durante el tercer trimestre, lo que provocó una caída del 7% de sus acciones el jueves.
Los balances financieros inestables de las empresas de IA han reavivado las dudas sobre todo ese sistema de financiamiento circular que los inversionistas llevan tiempo cuestionando, pero que la industria y muchos operadores han preferido ignorar. Si todas las empresas tecnológicas invierten unas en otras, ¿se trata simplemente de un castillo de naipes sostenido por un elevado endeudamiento? ¿Y qué ocurre cuando cae una de esas cartas?
Por eso, algunos operadores están haciendo una pausa para reconsiderar cuánto valor ha atribuido Wall Street a la inteligencia artificial y si esos niveles de deuda son sostenibles.
“Lo que estamos viendo es una volatilidad elevada en torno a algo que parece una burbuja, se siente como una burbuja y huele a burbuja”, dijo Joe Brusuelas, economista jefe de RSM US.
Lo que no está claro es cuánto durará esta pérdida de impulso de la inteligencia artificial. El Nasdaq acumula una caída del 6% durante las últimas dos semanas, pero ya hemos pasado por situaciones similares, en las que los inversionistas se ponen nerviosos durante temporadas anteriores de presentación de resultados ante la preocupación de que las empresas tecnológicas estén gastando demasiado en IA, solo para volver a invertir dinero en acciones relacionadas con esta tecnología cuando algunas compañías presentan señales de una demanda sostenida.
Incluso si la burbuja de la IA estallara, eso no significaría necesariamente que la economía se hundiría con ella, señaló Reilly. Cada burbuja financiera tiene características propias.
En los últimos años, los economistas han descrito la economía como una “recesión rotativa”, en la que algunos sectores prosperan mientras otros atraviesan dificultades, compensándose entre sí y evitando que toda la economía entre en una recesión.
Esta vez podría ocurrir lo mismo. O podría ser diferente. Nadie lo sabe.
Así que el mercado se comportó de manera algo caótica. Los rendimientos de los bonos se desplomaron. Y el mercado bursátil hizo algo que solo ha ocurrido tres veces desde 1995.
Podría ser el comienzo de algo o simplemente otro tropiezo en el camino.
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