Trump dijo que tomará el control del petróleo de Venezuela: ¿qué riquezas tiene el país que podrían interesarle a EE.UU.?
Por Gonzalo Zegarra, CNN en Español
“Vamos a hacer que nuestras grandes compañías petroleras estadounidenses, las más grandes del mundo, entren, inviertan miles de millones de dólares, reparen la infraestructura petrolera”, afirmó el mandatario Donald Trump en la conferencia sobre la captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.
El jefe de la Casa Blanca confirmó el sábado que planea tomar el control de las enormes reservas de petróleo del país sudamericano, su principal riqueza natural, y consideró que el negocio petrolero en Venezuela ha sido un “fracaso total” durante mucho tiempo, con énfasis en los bajos niveles de extracción.
La falta de inversiones en Venezuela afecta la explotación, en una recurrente maldición latinoamericana que se maximiza en este país. El nivel de infraestructura, en algunas partes sin mantenimiento y en otras directamente inexistente, está lejos de aprovechar el potencial de sus yacimientos y minas.
La inversión privada retrocedió a partir de la nacionalización de empresas durante la presidencia de Hugo Chávez, y cayó a mínimos desde que Trump implementó algunas sanciones en 2017 y las reforzó con medidas sectoriales en 2019, con la excepción de algunas licencias. Ante este escenario, un plan como el sugerido por Trump marcaría un giro radical para la economía del país.
“Es una carta poderosa. Venezuela tiene la mayor reserva de crudo extrapesado del mundo”, dijo a CNN el economista Manuel Sutherland, profesor del Centro de Estudios del Desarrollo de la Universidad Central de Venezuela (UCV). La mayoría se ubica en la Faja del Orinoco, y la Administración de Información Energética (EIA) de EE.UU. estima que constituyen un 17 % de las reservas mundiales.
El país superó en septiembre el millón de barriles por día, el nivel más alto en más de cinco años, según reportó Reuters con base en documentos de la estatal PDVSA. Sin embargo, continúa lejos de la producción de 2,5 millones que rondó desde inicios de siglo hasta 2014.
De los 921.000 barriles diarios exportados en noviembre, el 80 % fue comprado por China, cerca del 16 % lo adquirió EE.UU. (en virtud de la licencia a Chevron) y un 2 % fue enviado a Cuba, informó Reuters. En diciembre el mercado fue afectado por el bloqueo ordenado por Trump a buques petroleros que entren o salgan de Venezuela.
Si bien Estados Unidos es el principal productor petrolero del mundo, igualmente tiene interés por el crudo venezolano. “Las refinerías de Estados Unidos se hicieron para este tipo de crudo pesado y extrapesado, que es parecido al petróleo mexicano”, explicó Sutherland.
“El caso del petróleo es relativamente sencillo” para un eventual acuerdo con Washington, dijo el economista Francisco Rodríguez, investigador sénior del Centro para la Investigación de las Políticas Económicas, con sede en Washington (CEPR, por sus siglas en inglés). “Venezuela le puede ofrecer lo que actualmente le vende a China, y sale más barato dárselo a Estados Unidos”, apuntó.
El analista remarcó que hay una serie de restricciones legales, pero consideró que ninguno sería un obstáculo que impida un entendimiento. Si bien señaló que el petróleo es propiedad del estado y “no se puede privatizar”, consideró que los impedimentos quedan de lado si el Gobierno, ahora encabezado por Delcy Rodríguez, se fija un objetivo, teniendo en cuenta que el chavismo controla la Asamblea Nacional y la Justicia no suele objetar sus decisiones.
La EIA estima que Venezuela cuenta con reservas de 5,5 billones de metros cúbicos de gas natural, lo que representa el 73% de los yacimientos en Sudamérica. Buena parte está asociada con la producción de petróleo, sin embargo, los expertos consultados destacan que hay poca exploración en el sector y baja infraestructura, lo que impide aprovecharlo.
“Hay un gran potencial para crecer con la plataforma Deltana”, apuntó Sutherland.
Estados Unidos emitió en septiembre una licencia a Trinidad y Tobago y a la compañía Shell para desarrollar un campo de gas en Venezuela, permitiendo que negocie con PDVSA hasta abril del próximo año, pero con la obligatoriedad de incluir a empresas estadounidenses, según informó un funcionario trinitense citado por Reuters.
Aunque el gas no aparenta por ahora una prioridad para el mercado estadounidense, controlar el sector significaría una diversificación de las fuentes de suministros energéticos en el hemisferio.
Venezuela busca aumentar sus exportaciones de carbón y subió sus inversiones en el sector, pero la demanda no ha crecido en Estados Unidos, que lo importa principalmente de Colombia y Canadá, según datos de la EIA, por lo que no sería un elemento significativo en las negociaciones.
Sobre los minerales de tierras raras, que generan interés mundial y una demanda en aumento, Rodríguez indicó que “pueden ser codiciados”, pero afirmó que faltan varios años de estudios hasta que Venezuela pueda tener una producción considerable. Por su parte, Sutherland expresó: “Son minerales importantes para el área tecnológica, pero no hay avances en la explotación. Hay algunos intentos que son pequeños, bastante desperdigados”.
En 2016, frente a la caída de la renta petrolera, el Gobierno de Maduro estableció el Arco Minero del Orinoco como una “zona de desarrollo estratégico” para impulsar la explotación de la zona, con grandes reservas de oro, coltán, hierro y bauxita.
Los analistas consultados destacan que Venezuela podría contar con una de las reservas auríferas más grandes del mundo, pero que tampoco hay estimaciones precisas por falta de investigaciones y exploraciones.
“La explotación es en gran parte artesanal, tiene poco desarrollo minero industrial”, indicó Sutherland, quien consideró que el impulso de proyectos sería una oportunidad para reorganizar la región, donde el mineral “se extrae de forma ilegal y peligrosa”.
CNN viajó al Arco Minero en 2019 y comprobó las condiciones brutales en las que trabajaban los mineros, bajo la violencia de organizaciones criminales, con el consentimiento de la policía local y mandos militares.
“Hay mucha minería ilegal, con grupos criminales, en coordinación con ciertos sectores del Ejército”, dijo Rodríguez, que trazó las diferencias con el sector petrolero.
“La situación de Chevron es distinta, allí no hay contrabandistas, no hay presiones sociales, la producción está lejos de zonas urbanas”, comentó. En cambio, “el oro es mucho más difícil controlarlo” por la confluencia de factores. “Primero (el Gobierno) tendría que quitar a los militares una fuente de ingreso muy grande, podría ser muy problemático para el control interno”.
La Fuerza Armada Nacional Bolivariana es uno de los pilares de la coalición que mantiene al chavismo en el Gobierno, una alianza que podría verse tensionada si la intervención de Estados Unidos altera el tablero de poder y la distribución de recursos. CNN consultó al Gobierno por los señalamientos y no recibió respuesta.
Maduro repitió en varias declaraciones en los últimos meses que el propósito de la campaña de Estados Unidos no es el combate al narcotráfico, sino controlar las riquezas de Venezuela, principalmente el petróleo, el gas y el oro.
Trump aseguró cuando volvió a la Casa Blanca en enero que “no necesita” el petróleo de Venezuela y que “probablemente” dejaría de comprarlo, pero tras la captura de Maduro dejó claro su interés en los hidrocarburos venezolanos.
Rodríguez considera que la tesis gobernante de las autoridades estadounidenses es que los intereses de EE.UU. vienen primero, sin priorizar la calidad de los gobiernos de otros países, sino el beneficio que pueden presentar. “El Gobierno de Trump ha sido bastante transaccional. Fíjate cómo fue su acuerdo con Ucrania: se comprometió a seguir apoyando cuando el presidente de Ucrania (Volodymy Zelensky) firmó un acuerdo para compartir las riquezas mineras. En general la filosofía del presidente Trump con respecto a estos temas ha estado más basada en los beneficios económicos y no políticos”, ahondó el profesor de la Escuela Korbel de Estudios Internacionales en la Universidad de Denver.
Bajo esa perspectiva, Washington también podría tener en vista otra ventaja colateral de manejar el mercado venezolano: limitar la presencia en su esfera regional de países rivales que tienen relaciones cercanas con Caracas. “La cuestión geopolítica sería sumamente interesante, sacaría a China, Rusia e Irán de una manera determinante, reduciría su influencia”, dijo Sutherland.
Rodríguez explicó que ese argumento es el de muchos detractores de las sanciones a Venezuela, por considerar que las medidas abrieron más la puerta a los Beijing, Moscú y Teherán.
Aunque se alcance por diferentes medios o presiones sobre Caracas un acuerdo para la producción en Venezuela, los analistas consultados señalan que la inestabilidad continuaría siendo un factor a tener en cuenta para las empresas que buscan un clima de negocios adecuado.
“El problema es que hacer negocios con el Gobierno (de Venezuela) es muy complicado. Los chinos y los iraníes han fallado. Lo mismo que le ofrecen a Estados Unidos, le ofrecen a los chinos, que tienen experiencia en sitios difíciles como África, y han dicho que no van a hacer muchas más inversiones”, expresó Sutherland. “El Gobierno puede prometer villas y castillos, pero la realidad es que la economía está muy mal (…). La aplicación de la ley es discrecional, no hay ni la más remota posibilidad de seguridad jurídica, hay problemas relacionados a la inversión y el temor a ser expropiado, por eso ni los nacionales invierten. Para mí, es imposible que estando este Gobierno se animen las empresas”, comentó.
En esa línea, Rodríguez apunta igualmente a una alta inseguridad en el derecho de propiedad, aunque destacó que el Gobierno de Maduro tuvo “una actitud distinta, ya no tan hostil” para las empresas que realizaron inversiones después de las sanciones de 2017. “Los trata bien porque los necesita”, agregó.
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Este artículo fue publicado originalmente en octubre de 2025 y actualizado posteriormente.