“El daño es más sentimental que económico”: así retoman la vida los vecinos afectados por los incendios

Por Pau Mosquera, CNN en Español
Hasta hace escasos días, los bañistas todavía se dejaban ver alrededor del embalse de San Juan para refrescarse en sus aguas. De hecho, tal es su fama entre los vecinos de la región durante el verano boreal que popularmente le llaman “la playa de Madrid”.
Actualmente, en su entorno solo se aprecian automóviles y camiones de servicios de emergencia que han estado trabajando en extinguir tanto el incendio que quema en la Sierra oeste de Madrid, como el incendio de Burgohondo, ambos estabilizados, según el Gobierno español.
Incluso han visto helicópteros que llegan para cargar agua.
Comparando su aspecto con el de la semana anterior uno se da cuenta de la magnitud del desastre, pues las llamas han calcinado gran parte de este entorno natural. En total, el fuego ha calcinado más de 34.000 hectáreas en la región de Madrid.
A los pocos metros de entrar por uno de los accesos a este lago artificial de 14 kilómetros, localizado a unos 60 kilómetros al oeste de Madrid, el olor a plástico quemado se hace insoportable. Y la razón se encuentra en uno de los embarcaderos, pues parte de los kayaks y barcos almacenados han quedado reducidos a escombros.
También el camping Ardilla Roja, situado a unos cientos de metros de distancia del agua. Algo que desespera especialmente a Susana Castillo, dado que allí tenía instalada su casa rodante (caravana).
“Compré una caravana hace dos años, nuevecita, y la traje aquí porque nos gusta mucho el entorno”, le dice a CNN. “Treinta mil euros (US$ 34.142) nos costó”, dice visiblemente apesumbrada, “y me he quedado sin casa, porque me iba a venir a vivir aquí”.
Según relata, estaba pasando las últimas semanas en un apartamento de alquiler en Leganés, al sur de Madrid, antes de mudarse definitivamente. “Yo no tengo casa de ladrillo ni nada, esa iba a ser mi casa”, enfatiza. “No me lo puedo creer”.
También algunos negocios repartidos alrededor del embalse han sido consumidos por las llamas. Es el caso de “El Serengueti”, uno de los dos restaurantes que José Carlos Bravo regenta en el área de San Juan.
“Se ha quemado todo por completo”, le dice Bravo resignado a CNN. Algo que se observa a simple vista, dado que el techo está medio caído y algunas de las paredes resquebrajadas.
“El daño es más sentimental que lo económico, porque llevamos tres generaciones aquí”, agrega. “Son muchas vivencias familiares, con clientes y, al final, eso no va a volver”.
No obstante, “La Martuka”, su segundo restaurante en el embalse, no ha sufrido tantos daños. Así que tratándose de la única fuente de ingresos que le queda disponible se propone limpiarlo de inmediato para reabrir desde este mismo jueves.
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