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Iba camino al “fin del mundo”, pero la pandemia lo detuvo y encontró el amor: ahora viaja en familia sin destino fijo

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Telemundo 15
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Por Karen Esquivel, CNN en Español

Mientras la mayoría de las personas organiza su vida alrededor de metas, fechas y destinos concretos, Ana y Sergio eligieron avanzar sin un rumbo fijo.

Hace seis años, los dos argentinos subieron a una combi y emprendieron un viaje abierto a lo inesperado. En el camino, la familia creció y la ruta se convirtió en su hogar. Hoy continúan viajando, guiados por el deseo de descubrir qué les espera en el próximo tramo.

El destino unió a Ana Fontana y Sergio Huczek en marzo de 2020, mientras el mundo se detenía por la pandemia de covid-19. Él recorría Argentina en su combi, Mingo, cuando comenzó la emergencia sanitaria y quedó varado durante siete meses en la provincia de Santa Cruz, donde ella vivía.

Sergio no pudo continuar hacia Ushuaia —conocida como “la ciudad del fin del mundo”— debido a las restricciones sanitarias, que establecían días y horarios para salir y prohibían la circulación nocturna, entre otras medidas.

Sus caminos se cruzaron en Caleta Olivia y, al conocerse, sintieron una conexión especial. “Nos enamoramos. Yo le propuse que se sumara al viaje, ella no dudó y en muy poco tiempo surgió todo esto”, cuenta Sergio, quien prefiere que lo llamen Totti.

Para entonces, Totti —quien estudió para ser piloto de avión— llevaba dos años y medio viajando a bordo de Mingo y había nombrado a su proyecto como Kombi Sin Rumbo.

Antes de adoptar un estilo de vida nómada, tenía un trabajo con horario establecido y un periodo de vacaciones al año. Viajaba cuando sus obligaciones se lo permitían y por lapsos cortos, pero no era suficiente para él: no quería depender de la aprobación de alguien más para recorrer el país.

Como primer paso, compró una combi Volkswagen modelo 1984 y la restauró casi por completo. La limpió, reemplazó piezas mecánicas, reparó la carrocería y la pintó de amarillo, en homenaje al popular avión biplaza Piper PA-11, fabricado a partir de la década de 1940. Poco a poco, también adaptó el interior para viajar con mayor comodidad.

Fueron meses de trabajo para materializar su deseo de recorrer el país a su manera. Al principio hacía trayectos con amigos o conocidos que también viajaban en sus propios vehículos.

Para él, la combi representa la libertad. “Es el vehículo más simple y querido por los buscadores de la libertad y el deseo de viajar. Es fácil adoptarla como tu casa rodante y disfrutar de unas vacaciones o de un estilo de vida en movimiento”, asegura.

A bordo de ella, agrega, la vida le ha sonreído: el vehículo llama la atención y la gente suele saludarlo, tocar la bocina o tomarse fotografías. “La combi tiene alma propia”, afirma.

Ana, ahora de 26 años, decidió sumarse al camino que Totti había iniciado. Antes de conocerlo, ella preparaba una camioneta para salir a recorrer las carreteras, por lo que consideró que el encuentro era una casualidad que no podía dejar pasar.

Comenzar esta etapa en medio de la pandemia dificultó sus primeros trayectos. La pareja decidió trasladarse de Santa Cruz a San Clemente, en la provincia de Buenos Aires, donde vivían los padres de Totti. Su objetivo era trabajar durante un tiempo y esperar a que se flexibilizaran las restricciones por el covid-19.

Durante ese recorrido, en octubre de 2020, enfrentaron controles policiales, ciudades y carreteras cerradas, así como vientos de más de 100 km/h. Además, tuvieron que presentar una declaración en la que aseguraban que se dirigían a su casa y atravesar un operativo de seguridad.

Un mes después concluyó el aislamiento obligatorio y volvieron a subir a la combi. Lo hicieron sin un destino definido, pero con la certeza de que querían disfrutar tanto del trayecto como de las personas que encontraran en el camino.

“Siempre digo que no se pueden hacer muchos planes porque el destino siempre te sorprende”, expresa Totti, de 33 años. “Desde que elegí cambiar la rutina por el día a día, me acostumbré a no saber qué puede pasar en una hora o en un día. Hoy podemos planear ir a tal lugar y mañana nos levantamos y cambiamos de parecer”.

Para financiar su travesía, la pareja monta un pequeño puesto callejero en cada pueblo, ciudad o feria artesanal que visitan, donde venden productos elaborados por ellos mismos: pulseras, collares, cuadros de madera con frases inspiradoras sobre la libertad y el viaje, portallaves o encendedores decorados.

“El viaje nosotros lo solventamos con el tema de las artesanías. Vendemos en cada lugar al que llegamos y con eso cubrimos los gastos: la comida, el combustible, alguna falla mecánica o cualquier cosita que surja”, explica.

Pocos días después de retomar la vida nómada, la pareja adoptó a una nueva integrante: Aventurina, una pequeña perra gris de ojos grandes que los conquistó con su mirada y energía.

“Desde el día uno es la perrita más compañera. Con sus caras locas y sus travesuras, nos sentimos muy felices de que se haya adaptado a esta aventura y de que sea parte de esta combi sin rumbo”, dice Ana.

La travesía los ha llevado a recorrer algunos de los paisajes más contrastantes de Argentina, desde Ushuaia y la inmensidad de la Patagonia hasta distintos puntos de la provincia de Buenos Aires. En esos lugares acamparon, hicieron extensas caminatas, enfrentaron fuertes vientos y disfrutaron de la hospitalidad de las comunidades locales.

Además de conocer atracciones turísticas y paisajes, aprovecharon cada parada para convivir con otras personas y compartir momentos que, aseguran, permanecen en su memoria.

“Podemos decir que nos sentimos parte del lugar. También nos gusta que la gente se acerque a charlar y nos llena el alma cruzarnos con otros viajeros que eligen el mismo estilo de vida”, afirma Ana.

En 2022, la pareja supo que esperaba a su primera hija. Decidieron entonces pausar el recorrido y volver a casa para vivir el embarazo de Ana y “proyectar nuevas cosas”.

La llegada de Aurora los llevó a emprender una aventura distinta, que describen como “el mejor regalo”. La familia, que originalmente estaba integrada por dos personas, pasó a tener cuatro miembros.

Tras el nacimiento de Aurora, la familia mantuvo en pausa la vida nómada para priorizar la estabilidad y el crecimiento de la bebé. Sin embargo, no dejó de viajar por completo: durante una primera etapa hacían recorridos cortos en la combi y después volvía a casa. Con el tiempo retomó los trayectos largos, incluido uno a Chile.

Ana y Totti buscan que su hija se adapte a este estilo de vida y aprenda de la riqueza cultural que ofrece conocer nuevos lugares y convivir con las personas que encuentran en cada destino.

Uno de los cambios más importantes ocurrió a finales de 2024, cuando vendieron su entrañable combi amarilla y compraron un autobús Mercedes-Benz al que llamaron Vitto. Con el nuevo vehículo buscan tener más espacio para continuar la travesía junto a Aurora y Aventurina.

Para Totti y Ana, viajar “sin rumbo” no significa estar perdidos, sino desprenderse de los tiempos rígidos, las rutinas y las certezas cotidianas. Eligieron un estilo de vida en el que el itinerario se define sobre la marcha: “Soñadores y aventureros sin rumbo, sin tiempos”, como ellos mismos se describen.

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