EE.UU. elogia al secretario de seguridad de Sheinbaum. Pero tanta celebración tiene riesgos para el “Batman” mexicano

Análisis por Mario González, CNN en Español
El director de la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés), Terrence Cole, solo tuvo palabras de elogio hacia el secretario de Seguridad Ciudadana de México, Omar García Harfuch, durante la 40 Conferencia Internacional Sobre el Control de las Drogas (IDEC), que se realizó en Argentina del 18 al 20 agosto. Según Cole, Harfuch es un gran aliado y amigo de Estados Unidos y está comprometido en la lucha contra el crimen organizado que ambos países han emprendido, incluso arriesgando su vida.
Las palabras del director de la agencia antidrogas contrastan con otras expresiones del mismo funcionario hacia el Gobierno de México. Al igual que el presidente Donald Trump, Cole ha insistido en la falta de apoyo por parte del Gobierno mexicano y de la colusión de los cárteles de la droga con estructuras gubernamentales.
Las declaraciones de Cole sobre su aliado Harfuch fueron tomadas con reserva por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quien mencionó en una de sus conferencias matutinas de la semana pasada que existe un doble discurso y que incluso ella propuso a su Gabinete de seguridad que el secretario no asistiera a la cumbre contra las drogas en Argentina, pero que el tema se votó entre sus subalternos, ganando la postura de la asistencia del Harfuch en representación del país.
La DEA tiene importantes diferencias con el Gobierno de México, que se constatan en diversos casos, como la petición de detención con fines de extradición contra 10 funcionarios del estado de Sinaloa, entre ellos el gobernador Rubén Rocha Moya. Una petición que ha sido ignorada por México y que, si bien proviene del Departamento de Justicia estadounidense, se fundamenta en investigaciones de la agencia antidrogas.
Pero, como se vio, los conceptos de Terrence Cole sobre Harfuch son distintos. Porque Harfuch es un policía distinto.
La imagen con el rostro y el dorso desnudo del secretario de seguridad y un abdomen marcado (que son un montaje) puede verse en toallas y cobertores de algunos balnearios públicos de México. Son vendidas en puestos informales, algunas a 100 pesos o 200 dependiendo del tamaño (unos US$ 50 o US$ 100 aproximadamente). La mayoría de estas impresiones textiles vienen acompañadas de leyendas como “para que te seques conmigo” o “cúbrete conmigo”. Parece una imagen poco apropiada para un secretario de Seguridad Pública que siempre aparece formal, con traje a la medida y corbata. Pero la popularidad de Harfuch encontró un nicho comercial en la economía informal del país, que es más grande que la formal, como sucede en casi toda América Latina.
Nunca se ha visto este fenómeno político/comercial en un funcionario de Gobierno que no sea en el contexto de una campaña electoral, donde hay una gran cantidad de productos para promocionar a los candidatos, que por lo general son obsequiados a los ciudadanos. Pero artículos a la venta con la imagen de un secretario de Estado, jamás lo habíamos visto.
Más allá de la creatividad de los mexicanos para ganarse la vida, está la imagen de Harfuch hacia la ciudadanía que lo conoce -parte en broma y parte en serio- como el “Batman mexicano”. El apelativo se fue haciendo más común después de que el diputado de la Ciudad de México del Partido Verde, Jesús Sesma, lo llamara así en 2022, durante una sesión de la cámara local, cuando Harfuch se desempeñaba como secretario de Seguridad en la Ciudad de México y Claudia Sheinbaum era la jefa de Gobierno (2018-2024).
Las palabras del diputado Sesma hacia Harfuch eran más que una alabanza: eran una manifestación de apoyo a su eventual candidatura como jefe de Gobierno de la Ciudad de México. Y es que Harfuch había logrado reducir los delitos de alto impacto en la capital del país con una estrategia de cuadrantes y el fortalecimiento a las labores de inteligencia, una rama que ha llevado con éxito a nivel nacional.
Pero la imagen del policía “súper héroe” que se construyó entre algunos sectores de la ciudadanía en torno de García Harfuch se basan en un evento en particular: el ataque directo y brutal de una célula del Cártel Jalisco Nueva Generación en la Ciudad de México. Un ataque del que logró sobrevivir casi de manera milagrosa. En el amanecer del 26 de junio de 2020, mientas se dirigía a la reunión diaria del Gabinete de seguridad, a bordo de una camioneta blindada y acompañado de sus escoltas, García Harfuch sufrió una emboscada. Según la fiscalía de la Ciudad de México, en la acción participaron al menos 28 sicarios al servicio del cártel, divididos en cuatro comandos. Interceptaron la camioneta en el lujoso barrio de las Lomas de Chapultepec, en la avenida Paseo de la Reforma, y accionaron armas largas, cortas y una metralleta Barret calibre .50 diseñada para perforar blindajes. En aquel atentado murieron dos escoltas, dos agentes que llevaban muchos años trabajando con García Harfuch, quien resultó con tres heridas de bala, pero logró sobrevivir gracias al apoyo inmediato que recibió.
De aquel atentado hay un proceso abierto, al menos 12 detenidos directamente relacionados con el ataque, familias en luto, y la percepción de un policía que pone en riesgo su vida. Visión que, al parecer, es compartida por el director de la DEA.
En política, ser comparado con Batman no es suficiente para obtener una candidatura. Eso sucedió con García Harfuch. Sus altos niveles de aprobación y su cercanía con la jefa de Gobierno y eventual candidata a la presidencia, Claudia Sheinbaum, lo llevaron a competir por el Gobierno de la capital. Morena, el partido gobernante en la Ciudad de México y en el gobierno federal, realizó una encuesta para elegir a su candidato -como se hizo en todos los estados- que ganó ampliamente el popular secretario. Sin embargo, algunas resistencias de sectores doctrinarios del movimiento político, incluido el expresidente López Obrador, no vieron con buenos ojos esa candidatura, por lo que con una causal de supuesta paridad de género entre los aspirantes otorgaron la candidatura a la alcaldesa de Iztapalapa, Clara Brugada, quien había quedado en segundo lugar por detrás de García Harfruch, pero era más cercana a la corriente política de López Obrador.
Brugada ganó ampliamente la contienda y hoy es jefa de Gobierno de la capital.
En México no es una novedad que se elogie y reconozca a un secretario de Seguridad. Es tan grande el problema de inseguridad y delincuencia, que acciones eficaces contra estos problemas son profundamente valorados. Sin embargo, también hay riesgos y equivocaciones. Un ejemplo es el caso de Genaro García Luna, un secretario de Seguridad Pública que concentró un enorme poder durante el gobierno de Felipe Calderón (2012-2018). En apariencia, García Luna combatió a los cárteles de la droga y a organizaciones de secuestradores. Supo construir una gran imagen de policía eficaz e incorruptible y fue reconocido tanto en México como en Estados Unidos.
En 2004, García Luna recibió un reconocimiento del FBI por su contribución en la captura de importantes criminales buscados en ambos países. En 2005, la propia DEA lo reconoció por su contribución en la lucha contra el narcotráfico y lo consideró un amigo y aliado. Sí, exactamente igual que lo sucedido con García Harfuch.
Años más tarde, en 2019, García Luna fue detenido en Estados Unidos, donde residía, enfrentando graves cargos: conspiración para traficar cocaína; participación en una empresa criminal continuada y hacer declaraciones falsas. Fue condenado en una corte de Nueva York a 38 años de prisión, que hasta hoy está purgando.
Genaro García Luna ha sido motivo de grandes debates políticos en México y la demostración fehaciente de la enorme corrupción institucional enquistada en altas esferas. Para la izquierda mexicana, García Luna ha sido durante muchos años el símbolo del fracaso de la administración del derechista Felipe Calderón en materia de seguridad.
Por eso, lo halagos y felicitaciones a García Harfuch son visto con cautela por muchos que piensan que esta historia ya la vivimos.
Las críticas hacia el actual secretario García Harfuch se centran precisamente en su pasado dentro de la Policía Federal Preventiva, que dirigió García Luna, y en otros eventos en los que se le vinculan años después, como el caso de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, en el estado de Guerrero, en septiembre de 2014. En efecto hasta 2014 García Harfuch fue coordinador estatal de la PFP en Guerrero, pero él ha declarado que en la llamada noche de Iguala, cuando se produjo la desaparición de los jóvenes estudiantes, ya se encontraba comisionado en el estado de Michoacán.
Sin duda, más allá de su apellido, hay similitudes entre el actual secretario García Harfuch y su predecesor, pero también enormes diferencias. El actual secretario García Harfuch cuenta con un extraño linaje ligado a las altas esferas de la política, la seguridad y la farándula mexicana. Su madre, María Sorté, es una muy destacada actriz de telenovelas. Su padre, Javier García Paniagua, fallecido en 1998, fue dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), secretario de Estado en diversas carteras y fundador de la extinta y muy temida Dirección Federal de Seguridad (DFS), un aparato de inteligencia y seguridad vigente en buena parte de la segunda mitad del siglo XX y muy controvertida por su papel como un órgano de persecución política. García Paniagua fue, en su momento cumbre en la política, a inicios de los 80, incluso considerado como un serio aspirante a la presidencia del país.
Por otra parte, su abuelo fue Marcelino García Barragán, un general que participó en las filas de la Revolución Mexicana y que alcanzó importantes cargos públicos, como gobernador de Jalisco (1943-1947) y secretario de la Defensa Nacional (1964-1970).
Durante su gestión como líder de las Fuerzas Armadas se produjo uno de los episodios más traumáticos para la sociedad mexicanal: a matanza estudiantil de 1968 en Tlatelolco.
Todos estos temas son parte de las resistencias que una parte de la izquierda mexicana guarda con el actual secretario.
Sin embargo, a pesar de esas resistencias, hay coincidencia en que hoy, por la cercanía que tiene con la presidenta Sheinbaum, su imagen dentro y fuera del país, los resultados positivos en el combate al crimen organizado y la reducción de delitos como el homicidio, el secretario encabeza la listas en la línea de sucesión presidencial.
Al menos hasta ahora.
The-CNN-Wire
™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.