Flavio Bolsonaro sorprende, Lula se tambalea y Trump sonríe: 4 claves de una elección que puede cambiar a la región

Por Alessandra Freitas y Gonzalo Zegarra, CNN en Español
Como en 2022, Brasil volverá a elegir entre Lula da Siliva y Bolsonaro, aunque esta vez el rival del presidente será Flávio, hijo mayor del exmandatario, Jair. Con el 99,9% de las urnas escrutadas, el senador Flávio Bolsonaro sorprendió al obtener el 47.05% de los votos válidos, frente al 45,14% de Lula.
Ambos se enfrentarán en la segunda vuelta el 25 de octubre, que no solo determinará el futuro de un Brasil polarizado como nunca sino que también terminará de redibujar el mapa político de América Latina y definirá el tono de la relación con los EE.UU. de Donald Trump.
Juntos, Lula y Bolsonaro sumaron el 92,18% de los votos válidos, mientras que, en el tercer lugar, el escritor Augusto Curty obtuvo el 2,89%. La distancia entre los dos primeros y el resto muestra cuánto estos dos grupos políticos siguen dominando la política brasileña.
El mapa se parece mucho al de 2022, pero Flávio ganó más terreno que su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, en la elección de hace cuatro años contra Lula. Lula dominó en el Norte y Nordeste; Flávio Bolsonaro arrasó en el Sur y el Centro-Oeste.
La elección se definió en el Sudeste, donde vive cerca del 40% del electorado. Allí, Flávio ganó San Pablo y Minas Gerais. Ganar en ese último estado es especialmente simbólico, porque Minas Gerais ha votado por el ganador en todas las elecciones presidenciales desde 1989, la primera votación directa tras la dictadura.
Tras asumir el liderazgo del movimiento de su padre, Flávio demostró que no solo podía retener la base de Jair, sino también ampliarla. Con un discurso concentrado en el combate al crimen y en la economía, obtuvo el 47,09% de los votos válidos, casi cuatro puntos más que el 43,2% que logró el expresidente en la primera vuelta de 2022. Hizo una campaña construida en torno a la imagen de su padre, al tiempo que intentaba presentarse como una figura más moderada.
Flávio Bolsonaro superó las previsiones de las principales encuestas. En la víspera de la elección, Datafolha le daba el 42% de los votos válidos, frente al 45% de Lula, y Quaest lo ubicaba en el 45%, un punto detrás del presidente, con el 46%. Con el 47,09%, Flávio no solo superó esas proyecciones, sino que terminó en primer lugar, dos puntos por delante de Lula, que obtuvo el 45,09%.
Para Lula, que busca la reelección, el resultado pone a prueba su capacidad de convertir su legado político y la gestión de su gobierno en una nueva mayoría electoral. Su desempeño en Minas Gerais fue clave para explicar por qué quedó detrás: obtuvo el 43.21% en el estado, muy por debajo del 48,3% que había conseguido allí en la primera vuelta de 2022. Tampoco alcanzó en el Nordeste, su principal bastión, la ventaja que esperaba su campaña.
La segunda vuelta dependerá de cuál candidato, Lula o Flávio Bolsonaro, logra construir una mayoría entre quienes votaron por otros candidatos y quienes no fueron a votar.
Los candidatos eliminados sumaron en conjunto 7,82% de los votos válidos. Ellos seguramente darán señales sobre a quién apoyarán, aunque el respaldo de un dirigente no garantiza que sus votantes lo sigan.
La mayor parte del voto de esos candidatos fue a la centroderecha y la derecha, un terreno que, en principio, favorece a Flávio. Ronaldo Caiado (PSD), exgobernador de Goiás y aliado del agronegocio, quedó tercero con el 2,19%. Romeu Zema (Novo), exgobernador de Minas Gerais, que hizo campaña con una plataforma promercado y de Estado reducido, obtuvo el 0,27%. Ambos se presentaron como opositores al gobierno de Lula, pero también buscaron tomar distancia del bolsonarismo. Renan Santos, del partido antisistema Missão, obtuvo el 2,25%.
A Flávio Bolsonaro, le bastaría una porción de esos votos si mantiene su ventaja de la primera vuelta. El apoyo de Zema tiene un peso especial en Minas Gerais, el estado que ha respaldado a todos los ganadores desde 1989.
La abstención también cuenta: el 21,07% de los electores no fue a votar, y movilizarlos podría inclinar una elección reñida. Las encuestas previas al domingo mostraban a ambos empatados en los escenarios de segunda vuelta.
Lula llega a esta etapa con la necesidad de revertir su desventaja, mientras que Flávio debe mantener y ampliar su diferencia. Los escándalos de corrupción que involucran a figuras vistas como cercanas a Lula, en especial el juez del Supremo Tribunal Federal (STF) Alexandre de Moraes, la percepción negativa sobre el poder adquisitivo y la preocupación por el crimen, eje central de la campaña de Flávio Bolsonaro, fueron factores clave que le restaron votos al presidente.
En caso de una eventual victoria, Flávio también contaría con un fuerte respaldo político, ya que su partido, el PL, y sus aliados ganaron numerosas bancas en el Senado, que prácticamente le garantizan una mayoría, y gobernaciones en estados clave.
Se espera una segunda vuelta aún más polarizada. Lula probablemente planteará la votación como un referéndum sobre la democracia y los ataques del 8 de enero de 2023, mientras que Flávio se concentrará en su discurso de mano dura contra el crimen y en las acusaciones de corrupción contra Lula y su partido. La disputa por los indecisos, sobre todo en el Sudeste, marcará el tramo final antes del 25 de octubre.
La campaña hacia la segunda vuelta no solo dominará a Brasil. También repicará en muchos vecinos de la región, especialmente en Estados Unidos.
El presidente de EE.UU., Donald Trump, que meses atrás dio su apoyo abierto a Bolsonaro y mantiene una relación tensa con el Gobierno de Lula, evitó pronunciarse en los últimos días, pero su preferencia siempre estuvo clara.
Desde que Trump volvió a la Casa Blanca, ningún candidato de izquierda ha ganado una elección presidencial en América Latina. Ahora Washington espera conseguir en Brasil el giro ideológico del país más importante de la región que le ayude a imponer por completo su “Doctrina Donroe” y a contener a la influencia de China.
Pese a su silencio en las últimas semanas de campaña, las acciones de Trump ya estaban claras de antes. “Trump ya había recibido a Bolsonaro en la Oficina Oval de la Casa Blanca y ha aplicado aranceles punitivos a Brasil cuya única motivación parece ser política”, dijo a CNN el internacionalista Farid Kahhat, profesor de la Pontificia Universidad Católica del Perú. “Que no haya vuelto a pronunciarse públicamente no cambia el hecho de que ya lo hizo en el pasado y que ha tomado decisiones de política pública en favor de los Bolsonaro”, agregó.
Para Kahhat, que no haya reiterado su apoyo en las últimas semanas responde a una decisión estratégica. “Ya decidieron que valía mejor mantener un perfil más bajo”, indicó.
Una intervención abierta de Trump podría tener el efecto contrario en un país que es la décima economía más grande del mundo y tiene otra capacidad para responder a las controversias con la potencia norteamericana. “Han notado que en Brasil (la injerencia) tal vez no funciona de la misma manera que en Honduras o en Colombia”, indicó. “Puede ser hasta contraproducente porque Brasil no es un país que depende tanto de Estados Unidos”, agregó.
Por ello, agregó el analista, Lula ha usado la bandera de la soberanía para su campaña contra el intervencionismo. “Eso se vio de manera muy clara en su discurso en la Asamblea General de la ONU y en la propaganda electoral”, recordó.
El politólogo Manuel Alcántara Sáez, director del Centro Internacional de Estudios Políticos y Sociales (CIEPS-AIP) en Panamá, coincidió en que si Trump vuelve a pronunciarse podría terminar ayudando al actual mandatario. “Sería más beneficioso para Lula porque hay más sentimiento de rechazo a la injerencia de Estados Unidos”, comentó.
No fue Trump el único líder que hizo campaña por Bolsonaro y luego bajó el tono. También el presidente de Argentina, Javier Milei, apoyó al candidato del Partido Liberal y estuvo en el lanzamiento de su campaña, donde lanzó insultos contra Lula.
“Desde entonces no he notado a Milei involucrándose tanto en la campaña. Por lo menos no ha estado en otras tarimas junto con Flávio Bolsonaro. Yo creo que tal vez sintieron que no ayuda tanto”, dijo a CNN Alexander Main, director de política internacional del Centro de Investigación en Economía y Política (CEPR), un think tank basado en Washington.
El primer jefe de Estado en pronunciarse tras la votación fue el presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, quien ganó en junio con el respaldo de Trump. “Que Dios se apiade del hermano país como lo hizo con Colombia. El verdadero cambio es derrotar a la izquierda”, dijo el líder ultraderechista en X, y le envió un abrazo a Bolsonaro. Luego le siguió Milei, quien felicitó a Bolsonaro y agregó: “El continente americano es de ciudadanos que quieren vivir en libertad”.
Brasil, con sus particularidades como gigante regional, también tuvo un proceso y un resultado que se enmarcan en varios fenómenos regionales.
A grandes rasgos y aunque tiene la sorpresa del liderazgo de Bolsonaro, la campaña mantendrá, según Alcántara Saénz, las dinámicas de las últimas semanas, que ya se vivieron como una segunda vuelta adelantada por la polarización entre los principales candidatos.
Con estrategias basadas en el antagonismo y la cancelación del adversario, las propuestas y promesas “importan muy poco” para convencer a los indecisos, dijo el analista.
Más allá del voto duro, “el resto del electorado se mueve por otro tipo de impulsos, incluso también el cansancio y la desesperación de ver que por un lado hay un candidato que tiene 80 años y por el otro lado un candidato que es hijo de alguien que está en la cárcel, que ha sido condenado por protagonizar un intento de golpe de Estado”, sostuvo.
Ese fantasma del hartazgo se ha plasmado en varias elecciones con sucesivas derrotas de los oficialismos.
Kahhat dijo que, aunque “es un momento de crisis para la izquierda en toda la región”, la ola de triunfos de derecha que ahora puso en jaque en Brasil al líder progresista con mayor presencia internacional tiene causas de fondo que van más allá del clivaje ideológico.
“Depende de los contextos, pero no necesariamente es un rechazo a movimientos de izquierda como tal, sino a los que están en el poder en un momento de gran inestabilidad económica”, expresó.
En esa línea, Alcántara Sáez apuntó que más que una división entre izquierda y derecha, la separación está en la postura política frente a Estados Unidos y su renovada intención de controlar el hemisferio.
“Lula representaría evidentemente a alguien que jamás en la vida entraría en el juego del Escudo de las Américas, mientras que Bolsonaro sí. Entonces, más que un giro a la derecha, creo que esta dimensión de pro-Estados Unidos o anti-Estados Unidos me parece que es la que deberíamos mirar con más atención”, remarcó.
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