¿Por qué Trump decidió despedir a Katie Zacharia como secretaria de Prensa después de solo 5 días: “¿Alguien la investigó?”

Por Kristen Holmes, Alayna Treene y Kevin Liptak, CNN
Mientras se acomodaba para un vuelo de siete horas a través del continente esta semana, el presidente Donald Trump dio pocas señales de que algo anduviera mal.
El accidentado debut de 14 minutos de su nueva secretaria de Prensa en el podio de la Casa Blanca recibió críticas rotundamente negativas. Una hora después, ella había ofrecido una respuesta desconcertante cuando le preguntaron dónde había aprobado el examen para ejercer la abogacía. Sus propios asesores observaron todo con cierto horror.
Sin embargo, durante el vuelo a Alaska, Trump le dijo a Katie Zacharia que lo había hecho bien, según comentó a CNN una fuente cercana a la conversación. Era la primera vez que ella viajaba en el Air Force One.
Tres días y una avalancha de escrutinio después, Zacharia fue destituida de su cargo, lo que puso fin de manera abrupta al período más corto de un titular de la Secretaría de Prensa de la Casa Blanca que se recuerde. Los planes de mudarse al este desde California con su familia quedaron en suspenso. Todo fue, según varios asesores de Trump, un verdadero fiasco.
“Le dije: ‘¿Esto es para ti, Katie?’”, dijo Trump este viernes, después de despedirla. “Porque, sinceramente, no necesitas esto”.
Todo el episodio puso de relieve el ambiente tenso que ha imperado en el círculo íntimo de Trump a menos de tres semanas de las elecciones intermedias. La repentina contratación de Zacharia y su igualmente rápido despido fueron producto del impulso de Trump de contratar a una leal defensora televisiva que había comenzado a cautivarlo desde la distancia, sin pensar demasiado en los demás requisitos del puesto.
En una declaración para este artículo, el director de comunicaciones de la Casa Blanca, Steven Cheung, señaló: “Toda esta especulación alarmista no es más que eso: especulación. Y es una ficción que ni siquiera es creativa. El hecho es que Katie asumió un trabajo muy importante y seguirá apoyando al presidente durante su transición a un nuevo cargo. Es una compañera increíble y posee un talento extraordinario”.
CNN contactó a Zacharia para solicitar comentarios.
Algunos asesores de Trump observaron cómo se desarrollaba su breve período en el cargo con cierta consternación, se preguntaban cómo uno de los puestos más visibles y codiciados del Gobierno pudo recaer en alguien con tan poca experiencia o confianza para desempeñarlo.
“¿Qué car**o está pasando ahí?”, preguntó con incredulidad un asesor de Trump después de ver a Zacharia, recién nombrada, ofrecer su primera rueda de prensa, que fue ampliamente criticada.
La nueva secretaria de Prensa, según varios asesores, parecía lamentablemente poco preparada y carecía de las habilidades básicas para desempeñar el trabajo.
“¿Alguien investigó sus antecedentes?”, preguntó uno de ellos.
La respuesta corta resultó ser no, según varios funcionarios y asesores de la Casa Blanca.
Su elección se produjo, en realidad, en medio de una creciente frustración por parte del presidente, quien veía con preocupación que, a un mes de las elecciones intermedias, apenas había voces que lo defendieran ante la incesante cobertura sobre el deterioro de las perspectivas de los republicanos en esos comicios.
Hasta ese momento, el presidente no había mostrado una verdadera urgencia por cubrir el puesto que Karoline Leavitt dejó vacante al final del verano. Asesores y aliados propusieron nombres, pero ninguno parecía despertar seriamente el interés de Trump. Los funcionarios de la Casa Blanca se habían resignado a la posibilidad de que no hubiera secretaria de Prensa antes de los comicios.
Sin embargo, la intensificación de los problemas políticos para los republicanos —y el hecho de que Trump recibiera gran parte de la culpa por la situación del partido— parecieron reactivar su búsqueda. Tras semanas de dificultades para encontrar a alguien, Trump se obsesionó de repente con cubrir el puesto y se quejó ante sus asesores de que no tenía a nadie que difundiera su mensaje, según señalaron varias fuentes cercanas al asunto.
En medio de ese enojo surgió una voz favorable: Zacharia, colaboradora habitual de las noticias por cable, defensora apasionada y, en ocasiones, presentada como abogada en televisión. “¿Qué tal, Katie?”, preguntó Trump a sus asesores, incluida la secretaria general Susie Wiles, de acuerdo con una fuente familiarizada con el asunto. El presidente también pidió consejo a Leavitt.
Apenas una semana antes, Zacharia ni siquiera era considerada para el puesto. Durante todo el proceso de búsqueda para reemplazar a Leavitt, la Casa Blanca intentó contactar a perfiles de mayor renombre. No obstante, varios de ellos criticaron a Trump en el pasado. En varias ocasiones, altos funcionarios redujeron la lista de candidatos, solo para descubrir que estos habían expresado algo negativo sobre el presidente, lo que los descalificaba para el puesto, según un funcionario de la Casa Blanca.
El historial de Zacharia era “intachable”, diría Trump más tarde. Entre quienes la promovían en el Ala Oeste estaba Natalie Harp, la leal asesora de Trump que viaja con él a todas partes, según una fuente familiarizada con el asunto.
El miércoles de la semana pasada, los funcionarios organizaron una llamada telefónica entre Zacharia y el presidente. Un día después, Zacharia voló a Washington. Para el viernes, ya se encontraba en la Oficina Oval.
Durante su conversación, en la que Wiles no estuvo presente, Trump le ofreció espontáneamente el puesto a Zacharia, de acuerdo con una fuente familiarizada con el asunto. Los asesores se apresuraron a informar a Wiles de la decisión.
“Recibí una maravillosa llamada telefónica del principal reclutador de talento, el propio presidente, y resulta que apoyar enormemente todas sus políticas realmente funciona”, dijo Zacharia durante una entrevista con Fox News el viernes pasado por la noche.
Dicha entrevista se emitió al mismo tiempo que Trump intervenía en un mitin en Syracuse, Nueva York. Para algunos asesores de larga trayectoria de Trump, fue la primera señal de problemas. Programar una aparición televisiva que coincida con los actos del presidente se considera, desde hace mucho tiempo, un paso en falso por parte de los subordinados, incluidos los miembros del gabinete y los altos funcionarios del Gobierno.
Si Trump se dio cuenta, no lo demostró. El domingo por la noche, anunció que Zacharia ofrecería su primera sesión informativa “de presentación” a primera hora de la mañana del martes.
Después de otro vuelo de ida y vuelta entre Washington y California, Zacharia se levantó a las 3 a.m. del martes para prepararse. Sus materiales no quedaron listos hasta 90 minutos antes de que entrara en la sala de prensa.
La falta de preparación fue evidente. Su intervención durante la apertura fue vacilante, a pesar de que leyó un guion estándar y elogioso sobre la gestión de Trump.
“Algunos tienen madera para esto y otros no”, comentó un alto funcionario del Gobierno. “Ella no la tiene. No fue capaz de dominar la sala”.
Cuando llegó el turno de las preguntas, no supo responder si Estados Unidos había suspendido el intercambio de información de inteligencia con Ucrania; una cuestión que se podría haber previsto fácilmente.
Sí anunció que se le había pedido a Kimberly Guilfoyle que renunciara a su cargo de embajadora en Grecia, algo que Zacharia utilizó más tarde como ejemplo de lo exitosa que había resultado su comparecencia.
“Creo que soy una de las primeras secretarias de Prensa en anunciar cambios de personal del Gobierno”, dijo más adelante esa semana, cuando su futuro se volvía cada vez más sombrío. “Y fue un honor que el presidente Trump confiara en mí para comunicar esa información”.
Esa terminaría siendo la única información real que proporcionó durante su desempeño en el cargo.
Aunque, en un principio, Trump no consideró que su actuación en su primera rueda de prensa hubiera sido especialmente mala, más tarde se sintió avergonzado por la cobertura mediática que recibió.
También surgieron otras señales de la inexperiencia de Zacharia. Durante la visita de Trump a Alaska tras su criticada rueda de prensa, Zacharia dijo a funcionarios de la Casa Blanca que había previsto una entrevista del presidente con un periodista de Fox News después del mitin, según una fuente familiarizada con el asunto. Pero rápidamente le advirtieron que al presidente no le gustaba hacer nada después de sus actos, tras estar en el escenario durante dos horas. Esa preferencia era bien conocida por el equipo de Trump.
La fuente señaló que Zacharia insistió en que sería una buena idea y argumentó que el periodista era amigo suyo. Cuando Trump bajó del escenario y se preparaba para marcharse, Zacharia le informó del plan. Trump se mostró visiblemente irritado y afirmó que no iba a hacerlo, relata la fuente. Finalmente, terminó cediendo, pero el episodio dejó claro a quienes le rodeaban que Zacharia aún no comprendía a la persona para la que trabajaba.
Cuando Trump consultó a otros asesores de alto rango sobre ella, Zacharia tenía pocos aliados dispuestos a apoyarla o defender su desempeño, dijeron a CNN dos personas familiarizadas con su destitución. Aunque muchos de estos asesores elogiaban el desempeño de Zacharia en su presencia, admitían en privado que no realizaba una buena labor.
Esta semana, Trump comentó a aliados y asesores que tal vez ella “no estaba preparada para el gran escenario”, según declaró a la CNN una persona que conocía directamente sus comentarios.
A medida que aumentaban los cuestionamientos sobre sus credenciales legales —Zacharia se presentó como abogada, pero no había pruebas públicas de que hubiera aprobado alguna vez el examen para obtener la licencia para ejercer—, el Wall Street Journal informó que, de hecho, había reprobado el examen. Más tarde, Zacharia lo confirmó públicamente y afirmó que le habían dicho que podía referirse a sí misma como “jurista”, aunque no como “abogada habilitada”.
De hecho, también había difundido repetidamente mensajes en las redes sociales que se referían a ella como “abogada”. Y su defensa pública contribuyó a alimentar la percepción de que el cargo le quedaba grande, mientras intentaba, sin éxito, controlar una historia que se le salía de control.
Tras una serie de entrevistas sorprendentemente combativas en Fox News —en particular, su aparición el jueves por la noche con Sean Hannity, amigo de Trump, durante la cual el presentador la sometió a un intenso interrogatorio sobre sus credenciales legales—, el presidente decidió que era insostenible que permaneciera en el cargo.
Sin embargo, no fue hasta la mañana de este viernes cuando le comunicó la noticia. Incluso durante otra aparición en Fox, Zacharia afirmó creer que aún contaba con la confianza de Trump.
“Aquí sigo”, dijo. A su regreso a la Casa Blanca, dijo a los periodistas allí reunidos que estaba deseosa de trabajar con ellos y los animó a conseguir su número de teléfono.
Cuatro horas después, Trump salió de la Casa Blanca tras mantener una conversación franca con su nueva portavoz.
“Sinceramente, si yo fuera tú, lo reconsideraría”, dijo Trump, que le había dicho a Zacharia este viernes por la mañana.
Una fuente cercana al presidente dijo a CNN que este todavía respeta y aprecia a Zacharia como persona, y señaló que ella y su familia cenarían este viernes por la noche con el vicepresidente J. D. Vance en su residencia, prueba de que todavía goza de buena consideración en la Casa Blanca y en el Gobierno.
Aun así, Trump vuelve a estar sin un portavoz principal en el crucial tramo final antes del día de las elecciones. Este viernes no dio indicios de que tuviera a alguien en mente para ocupar el cargo.
“Mucha gente quiere el puesto”, afirmó, mientras la búsqueda comienza de nuevo.
Esta historia fue actualizada con información adicional.
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Con información de Kaitlan Collins, de CNN.