Por qué Zelensky insiste en que las diferencias con Trump no son un asunto personal, aunque sí lo son

Análisis por Stephen Collinson, CNN
Volodymyr Zelensky declaró el jueves a CNN que no hay “nada personal” detrás de su reciente distanciamiento del presidente Donald Trump.
Por desgracia para el presidente ucraniano en tiempos de guerra, nada podría estar más lejos de la realidad.
Todo lo relacionado con la presidencia de Trump es personal.
Trump ha sustituido los valores que guiaron a anteriores presidentes modernos —la defensa de la democracia y la confrontación con tiranos— por los suyos propios: la exhibición de dominio, el cortejo a líderes autoritarios y la búsqueda de acuerdos lucrativos.
El resultado es que Zelensky se enfrenta ahora a una de las preguntas más críticas —y difíciles de creer— sobre la guerra: ¿depende ahora el destino de Ucrania no solo de su capacidad para repeler la agresión rusa, sino también de la posibilidad de que Estados Unidos se haya unido al bando de Moscú?
Trump no oculta su aversión personal hacia Zelensky, quien, sin culpa alguna, contribuyó a precipitar su primer juicio político. Por lo tanto, no sorprende que haya adoptado la exigencia rusa de que Ucrania tenga un nuevo presidente.
Los intereses políticos personales de Trump también influyen en la política exterior estadounidense: su acuerdo sobre el diésel, que podría enviar miles de millones de dólares a la maquinaria bélica del presidente de Rusia, Vladimir Putin, se produjo cuando se enfrentaba a la presión de demostrar a los votantes en las elecciones intermedias que podía reducir los altos precios del combustible.
Lo mismo ocurrió con su exigencia de que Ucrania abandonara una de sus tácticas más efectivas: los ataques a las refinerías de petróleo rusas.
La peculiar personalidad política de Trump ha socavado durante mucho tiempo los esfuerzos de paz. Su inquebrantable afán por complacer a Putin ha llevado a Estados Unidos a presionar a Ucrania para obtener concesiones en lugar de a Rusia. Lejos de favorecer a la parte invadida, ha recompensado al invasor.
Este patrón se ha vuelto más evidente en las últimas semanas.
Tras haber defendido retóricamente la postura de Rusia durante casi dos años, Trump ha comenzado a tomar medidas concretas para reforzarla. Invitó a Putin a la cumbre del G20; está considerando una reunión de grandes potencias con el líder ruso y el presidente de China, Xi Jinping, para intentar poner fin a la guerra en ausencia de Ucrania; y se niega a enviar misiles Patriot para repeler la ofensiva aérea rusa.
Ucrania afirma que su acceso a la versión militar de la red Starlink de Elon Musk sigue interrumpido, lo que significa que sus drones operan a menor velocidad y, por lo tanto, son menos efectivos. No está claro quién en la administración tiene la culpa, aunque Trump insiste en que no fue él.
El espectáculo del enviado de Trump, Steve Witkoff, elogiando a Putin —un presunto criminal de guerra— como un “humanitario” en su presencia en San Petersburgo esta semana, ejemplificó el oportunismo moral de la Casa Blanca. Trump justificó el elogio como necesario para lograr la liberación por parte de Rusia del prisionero estadounidense Stephen Hubbard.
Pero esta estrategia acelerada de ofrecer concesiones al líder ruso ya ha demostrado su fracaso en poner fin a la guerra. Putin sigue contradiciendo las garantías de Trump de que desea la paz con bombardeos letales con misiles y drones contra Ucrania, que recientemente impactaron autobuses civiles y mataron a una niña de un año en su cochecito. Trump no condenó tales ataques.
El dolor implacable de su nación quedó reflejado en el rostro de Zelensky durante su entrevista con Christiane Amanpour de CNN. Si bien se esforzó por evitar un nuevo enfrentamiento con Trump, juró no comprometer jamás sus principios ni desperdiciar el sacrificio de Ucrania.
Con dignidad y determinación, en ocasiones abogó implícitamente por un retorno a una política exterior estadounidense basada en los valores tradicionales de Estados Unidos.
“Sobreviviremos y nos mantendremos fuertes”, apuntó Zelensky. “Haremos todo lo posible para acercar la paz. Pero no le daremos a Putin ninguna oportunidad de ganar esta guerra”.
Zelensky le dijo a Amanpour que no deseaba tener desavenencias personales con Trump.
“No se trata de personalidades”, afirmó. “No es algo personal entre el presidente Trump y yo”.
El líder de Ucrania no tiene más opción que intentar recomponer las relaciones con el presidente de Estados Unidos, ya que es el único líder mundial que podría, si quisiera, ejercer presión para un verdadero proceso de paz.
Pero dejó clara su consternación por algunas de las recientes medidas de Trump, incluido el acuerdo sobre el diésel y la exención de una nueva ley de sanciones estadounidenses contra Rusia. “Esto solo le dará mucho más dinero a Putin para esta guerra. Y por eso me opongo”, señaló Zelensky. Dio a entender que, incluso si recibe críticas por su retórica, con la libertad de Ucrania en juego, “tengo que hablar al respecto”.
El creciente atolladero plantea dos preguntas graves.
¿Cómo podrá terminar esta guerra, que no hace más que volverse más salvaje?
¿Y qué ocurre si no es así? El conflicto se está volviendo aún más peligroso a medida que el Kremlin abre un nuevo frente de guerra híbrida contra los aliados europeos de Ucrania.
Ante estas terribles perspectivas, Ucrania y sus aliados europeos no tienen otra opción que mantenerse involucrados, incluso si desconfían de los desequilibrados esfuerzos de paz de Trump.
Esta semana se han producido dos pequeños acontecimientos que han ofrecido un atisbo de esperanza.
Tras la visita de Witkoff, Rusia acordó unirse a las conversaciones de paz trilaterales con Washington y Kyiv. Zelensky reiteró su propuesta de congelar las líneas del frente actuales con el fin de impulsar un alto el fuego y la diplomacia.
Esto no representa ningún avance significativo. Las conversaciones técnicas a las que Rusia ha accedido a asistir no se celebrarán hasta mediados de noviembre, por lo que se avecinan semanas de enfrentamientos. En el mejor de los casos, darán lugar a un proceso diplomático prolongado: Rusia tradicionalmente combate mientras dialoga.
Zelensky ha propuesto en el pasado diversos planes de alto el fuego, aperturas diplomáticas e iniciativas para poner fin a la guerra, todas las cuales Putin ha ignorado. No hay indicios de que las últimas ofertas de Ucrania vayan a convencerlo.
Sin embargo, la esperanza de que las tensiones actuales entre Ucrania y Estados Unidos no obstaculicen la diplomacia se ve reforzada por la forma en que los enfrentamientos anteriores entre Zelensky y Trump se han atenuado con el tiempo, en medio de una intensa actividad diplomática europea para superar las diferencias.
Además, funcionarios estadounidenses afirmaron que las conversaciones mantenidas esta semana en Noruega con Zelensky y sus socios europeos habían avanzado y generado un impulso para las conversaciones trilaterales.
La fórmula general para cualquier acuerdo de paz ha sido clara durante años. Implicaría una tregua que probablemente permitiría a Rusia conservar los territorios anexionados; garantías de seguridad estadounidenses y/o europeas para Kyiv; planes para un vasto programa de reconstrucción de Ucrania tras la guerra; y un marco para las relaciones entre la OTAN y Rusia en Europa.
Pero Putin no ha dado señales de que vaya a aceptar nada menos que sus exigencias máximas. ¿Y por qué lo haría, si Trump no deja de ofrecerle concesiones?
Rusia busca negociar la cesión de territorio estratégico en la región oriental ucraniana del Donbás, que sus tropas no lograron conquistar en el campo de batalla, a pesar de las terribles bajas sufridas.
Zelensky declaró a CNN que jamás podría aceptar tales condiciones porque “mucha gente murió defendiendo esta tierra, defendiendo nuestra independencia, nuestro país”.
Mientras Trump insiste en que Putin quiere un acuerdo, Zelensky tiene una visión más realista de las aspiraciones de su adversario. “Putin está jugando, ya sabes, es un manipulador”, señaló. “Es una lástima porque juega con la vida de otras personas”. Añadió que el objetivo de Putin es “quebrantarnos, destruirnos, matarnos”.
Pero el infierno que vive Ucrania y la creciente posibilidad de que la guerra traspase sus fronteras significan que no queda otra opción que poner a prueba una vez más las intenciones de Putin.
Eso significa lidiar con el temperamento, las quejas y los objetivos personales de Trump.
Zelensky no puede permitir que las personalidades se interpongan en su camino.
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