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Parteras en México: el saber ancestral que desafía la violencia obstétrica

Por Karen Esquivel, CNN en Español

Yanet Rodríguez recuerda claramente el parto de su primera hija, Sabina, hace 10 años. “Me sentí cuidada y pude volcarme a vivir la experiencia de recibir a mi hija”, le cuenta a CNN.

Tomó la decisión de llevar su embarazo, parto y posparto con parteras después de acudir al sistema de salud público y ser atendida por doctores que, dice, no se interesaban por su bienestar ni por sus necesidades específicas.

Luego, una amiga le recomendó a una ginecóloga privada, pero al acudir con ella —con apenas 12 semanas de embarazo—, aunque se mostró amable, le dijo que el parto podría ser por cesárea. Esa opción tampoco la hizo sentir cómoda.

Entonces comenzó a investigar otras alternativas. Encontró una casa de parto en Ciudad de México y conoció a las parteras que finalmente la ayudaron a transitar ese proceso.

“En la atención del embarazo y del parto me sentí validada, vista y acompañada. Fue una experiencia gratificante; gracias al apoyo y sostén de las parteras tuve mi parto en un ambiente de calidez, respeto y empatía”.

Como Rodríguez, otras mujeres recurren hoy a parteras para dar a luz a sus hijos. Es una muestra de que la partería en México está lejos de ser una práctica del pasado. Es fundamental en comunidades rurales, indígenas e incluso urbanas, donde no solo preserva un conocimiento ancestral, sino que también cumple un papel clave en la atención materna y en el acompañamiento físico y emocional de las mujeres.

La partería —según la definición de la OMS— es la atención experta, especializada y compasiva a mujeres, recién nacidos y familias a lo largo del proceso. Abarca desde la preconcepción, el embarazo, el parto y el posparto, hasta las primeras semanas de vida del bebé.

Actualmente, en México contabilizan más de 15.000 parteras que atienden casi 90.000 partos al año, de las cuales, 70 % son indígenas, según datos oficiales. En 2024, solo el 4,2 % de los nacimientos fueron atendidos por parteras, mientras que el 86,4 % los realizó personal médico, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Una de las parteras de Rodríguez fue Hannah Borboleta, quien también es directora de Morada Violeta, un centro de atención integral a la salud sexual y reproductiva de las mujeres y de formación de parteras, en Ciudad de México.

Cuando terminó su licenciatura en Sociología y Antropología comenzó su formación como partera tras un primer acercamiento con una partera que le habló sobre la situación de maltrato que sufrían muchas mujeres en hospitales.

“En ese momento [2009] me pregunté por qué no se hablaba de esto y, cuando terminé mi carrera, busqué escuelas de partería y ¡oh sorpresa! Me enteré de que no había.
Pero empecé a tomar talleres, aprender de hierbas. Tiempo después conocí a varias parteras, entre ellas, una mujer que se formó en Estados Unidos, y seguí mi formación con ella”, detalla.

Fue un proceso en el que comenzó como observadora, siguió como co-asistente y partera primaria bajo supervisión, periodo en el que se debían acumular 50 partos para poder realizar partos por sí misma. Durante esa preparación presentó exámenes de simulación y cursos de formación continua. Hasta ahora, acumula cerca de 400 partos.

Para Alejandra Lozano —40 años— el camino fue distinto. Se interesó en esta profesión a raíz de su embarazo, hace 15 años.

“Cuando estaba embarazada conocí a una partera y supe que eso era lo que quería hacer.
Tuve un parto en casa, en agua, y sé que si me hubiera atendido con médicos habría terminado en cesárea porque fue un parto largo y con un bebé muy grande”, cuenta a CNN.

Dos años después del nacimiento de su hijo comenzó a acompañar partos como doula —alguien que brinda apoyo emocional y físico—. También tomó certificaciones y talleres en Monterrey, Nuevo León, en el noreste de México. Y su partera se volvió su mentora durante más de cuatro años.

Sin embargo, afirma que en Monterrey hay un volumen muy bajo de partos en casa y no pudo asistir más que a 20. Por eso decidió mudarse a Chiapas en 2018 para continuar su aprendizaje y trabajar con parteras en ese estado del sureste mexicano, que, actualmente, concentra el mayor porcentaje de nacimientos con parteras, con 35 %, aunque aún por debajo del 40 % de la atención a cargo de personal médico.

Esto se debe a que muchas comunidades apartadas no tienen hospitales cercanos ni ambulancias accesibles y son las parteras quienes suelen hablar las lenguas indígenas nativas y comprenden mejor las costumbres locales de cada comunidad, según un análisis del Congreso estatal.

En Chiapas, Lozano tomó un diplomado en emergencias obstétricas y partería y acompañó decenas de partos en un hospital. Luego se mudó a la ciudad de Tulum, en Yucatán, para aprender de una partera que solo atendía partos en casa. “Ahí sentí que pude terminar de graduarme”, afirma.

Regresó entonces a su natal Monterrey a ejercer completamente como partera y aunque intentó profesionalizarse no lo logró por cuestiones económicas.

La partería ofrece un enfoque más personal, cercano y significativo para las mujeres que atraviesan la maternidad. Muchas veces esa experiencia se vuelve solitaria en clínicas y hospitales públicos, donde hasta hace poco nadie podía acompañarlas durante el parto.

“Yo llevé mi proceso con parteras y mi hijo nació en mi casa, fue una experiencia súper linda: estar en mi espacio, con la gente que yo había decidido que me acompañara y fue un parto muy rápido”, dice a CNN María Cortés, partera profesional y fundadora de Casa Aramara, un centro de partos en el estado occidental de Jalisco. Su propia experiencia fue lo que la condujo a formarse como partera en una escuela en Guanajuato.

Eso es precisamente lo que ofrece la partería: un enfoque individual que no se limita al parto. Comienza desde el embarazo, con citas recurrentes y largas en las que el interés está centrado en la madre, sus sentimientos, su contexto y su salud.

Cortés dice que este modelo tiene como eje principal la experiencia de la mujer, sus intereses, su salud y la del bebé. “Es muy importante conocer a las mujeres que vamos a atender, tener un vínculo con ellas, generar confianza mutua y conocer su historia”, agrega.

Borboleta, Lozano y Cortés coinciden en una postura crítica hacia la atención obstétrica convencional. Argumentan que los hospitales reducen el parto y la salud de las mujeres y los bebés a protocolos establecidos e intervenciones innecesarias.

“En la partería creamos un protocolo individualizado, basado en cada mujer. Eso garantiza mejores resultados tanto a nivel físico como emocional. Tomamos en cuenta sus hábitos, lo que come, la relación con su pareja, su entorno”, indica Borboleta.

Lozano subraya que muchas veces se les compara con el modelo médico.

También está el tema de la prevención y la fisiología. Borboleta explica que, al ser expertas en fisiología, las parteras tienen menor probabilidad de recurrir a una cesárea. Eso, a su vez, evitaría complicaciones como hemorragias o infecciones.

“Nosotras contamos con muchas herramientas para ayudar a parir y para el cirujano su alternativa es la cesárea”, afirma.

Las cesáreas en México han aumentado rápidamente en los últimos 10 años hasta alcanzar el 55 % de los nacimientos en 2023, reportó un estudio del Instituto Nacional de Salud Pública. El porcentaje está muy por encima del 10 al 15 % recomendado por la OMS.

La partería además abarca la atención después del parto. Lozano resalta la importancia de tener la certeza de que no se estará sola en ese lapso. “Esa seguridad que la mujer siente al saber que vamos a estar con ella al día siguiente del nacimiento, a los tres días, a los cinco días, es muy importante”.

Cortés explica que la partería se apoya en una serie de prácticas para procurar el bienestar de la mujer. Entre ellas está la sobada, una especie de masaje que ayuda a relajar el cuerpo, acomodar la posición del bebé, preparar el cuerpo para el parto, dar calor y aliviar diferentes malestares.

También están el baño de hierbas, utilizado para calentar el cuerpo, relajarlo y ayudar a la mujer a tener mayor conciencia y el uso del reboso durante el trabajo de parto, manejo del dolor y el cierre de caderas después del nacimiento del bebé, un ritual destinado a cerrar el espíritu y un ciclo de la mujer tras la apertura del parto.

“Todo esto ha sido una avalancha de sabiduría. Y mientras más lo practicas, más destreza obtienes. Es impresionante porque estas prácticas están vivas y desarrollan una intuición en tus manos para detectar cosas”, añade Lozano.

Gracias a su enfoque en el bienestar de la mujer, la partería funciona como una alternativa para contrarrestar la violencia obstétrica, que se entiende como “el maltrato que sufre la mujer embarazada al ser juzgada, atemorizada, humillada o lastimada física o psicológicamente”.

Esta práctica incluye realizar cesáreas aun cuando existan condiciones para un parto natural, obligar a parir acostada o inmovilizada, negar la posibilidad de cargar al bebé al nacer y no atender emergencias obstétricas.

En 2021, casi 31 % de las mujeres, una de cada tres, señaló haber sufrido algún tipo de violencia obstétrica durante su parto, según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH), aplicada a mujeres de entre 15 y 49 años. La violencia incluyó gritos y regaños, presión para aceptar una operación para no tener más hijos e ignorar preguntas sobre el parto o el bebé.

“Este es otro aspecto importante de la partería, que no trata a las mujeres como niñas tontas que no conocen su cuerpo y se les escucha. Les preguntamos cómo están, qué necesitan, las observamos. No se les obliga a estar en una posición, les damos confianza”, dice María Cortés, de Casa Aramara.

El Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), con sede en México, afirma que incentivar la colaboración con parteras tradicionales es una medida para garantizar que los partos cuenten con la asistencia necesaria para evitar situaciones de violencia obstétrica.

Incluso profesionales de la salud reconocen la labor de las parteras tanto en comunidades rurales como en clínicas y hospitales y afirman que se trata de trabajadoras de salud esenciales en el parto.

Silvia Gómez Miranda, médico cirujano y ginecóloga en Ciudad de México, reconoció el importante papel que desempeñan las parteras en el acompañamiento y vigilancia durante el trabajo de parto debido a lo cansado que resulta tanto para la paciente como para el médico.

“Pacientes que tuvieron acompañamiento de parteras durante el trabajo de parto y parto reportan una mejor experiencia comparado con las pacientes que no lo tuvieron”, dice a CNN.

Por esto, afirmó que está a favor de su profesionalización, ya que permitiría un acompañamiento complementario y un trabajo conjunto a nivel institucional y privado.

“Existe esta idea de que las parteras no nos formamos, que no sabemos cosas, que no somos serias o que solo ayudamos al médico”, afirma Hannah Borboleta, de Morada Violeta.

Ese es solo uno de los diferentes estigmas que actualmente enfrentan muchas parteras en México y que, en opinión de Borboleta, viene de la desinformación y de las pocas referencias de mujeres que actualmente tienen partos vaginales.

Los prejuicios, además, varían según la región del país en la que una partera se encuentre, dice Alejandra Lozano. “En Chiapas me di cuenta de que ahí todo es culpa de las parteras, hay médicos que están en contra de prácticas de la partería, que piensan que la sobada les afecta, que las puede hacer abortar”, relata.

Y añade que también hay un factor social: se piensa que las parteras son mujeres de mayor edad que no tienen formación. Eso ha dificultado presentar la partería a “una sociedad maravillada con la tecnología que piensa que el parto es ir para atrás”, dice.

Además de estos factores, María Cortés agrega que persiste la idea de que la partería es peligrosa, desde el miedo y el desconocimiento, incluso por parte de médicos.

“En el mundo de los médicos, la existencia de la partería la ven como una enemiga, como un factor de peligro para la salud de las mujeres. Les dicen a las mujeres que si acuden a parteras se ponen en riesgo”, resalta.

Ella comparte la idea de que este estigma responde a la falta de información y explica que las parteras solo atienden partos de mujeres de bajo riesgo que, a lo largo de su gestación, no presenten complicaciones que no puedan atenderse en casa. Dice que esos casos son pocos.

La OMS afirma que, según distintos modelos, el acceso a personal de partería capacitado podría prevenir más del 60 % de las muertes maternas y neonatales, “lo que equivale a salvar 4,3 millones de vidas cada año de aquí a 2035”.

“En un mundo ideal sería lindo que ellos [los médicos] se acercaran a conocer de primera mano nuestro trabajo, que tuvieran la apertura de saber cómo hacemos las cosas. También hemos encontrado médicos a lo largo del tiempo que han aceptado y abrazado la partería, con los que incluso trabajamos”, señaló.

Si bien las tres parteras entrevistadas por CNN coinciden en que parte de su labor es trabajar con otros especialistas para conformar un proceso integral, también recalcan la importancia de tener autonomía y poder atender partos en casa, como se ha hecho a lo largo de la historia.

“Ser partera es una profesión autónoma y uno de los puntos para que este modelo funcione es precisamente la autonomía. Claro que trabajamos con fisioterapeutas, gineco-obstetras y pediatras, conocemos nuestro límite profesional, pero partimos del hecho de que podemos atender un parto”, aseguró Borboleta.

Lejos de ser una práctica del pasado, la partería ocupa un lugar vital en la sociedad mexicana. Su labor no solo acompaña nacimientos, también sostiene a las mujeres en uno de los momentos más decisivos de sus vidas, preserva saberes comunitarios y amplía las opciones de atención materna.

En un país marcado por desigualdades en el acceso a la salud y por debates sobre el parto respetado, las parteras demuestran que su trabajo no es residual ni simbólico: es una forma vigente y necesaria de cuidado.

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