Conclusiones del nuevo libro de J. D. Vance “Communion”
Por Steve Contorno, CNN
Este martes llega a las librerías la continuación de la obra de uno de los autores más conocidos del país, cuyo libro debut pasó más de un año en la lista de best sellers de The New York Times e inspiró una película de Netflix dirigida por Ron Howard y nominada a dos premios Oscar.
Se trata de “Communion”, del vicepresidente J. D. Vance.
El libro, que relata la conversión de Vance al catolicismo, llega en un momento destacado: para los católicos estadounidenses, con un papa nacido en Chicago al frente de un renovado interés por la fe, y para Vance, que pronto enfrentará una decisión trascendental sobre su futuro político. También aparece cuando Vance se ha consolidado como uno de los principales negociadores del Gobierno de Trump en el acuerdo para poner fin a la guerra con Irán, y ahora tiene la tarea de promover tanto ese acuerdo como su libro. Con ese objetivo, Vance tiene previsto participar en el programa The View de ABC, además de conceder varias entrevistas centradas en Irán.
Vance tenía abundante material para un segundo libro: su transición de autor a político, detalles tras bambalinas de la campaña presidencial de 2024, información inédita sobre su primer año en la Casa Blanca y pistas sobre una posible candidatura presidencial en 2028. Ofrece poco de eso. En lugar de los ajustes de cuentas y las intrigas palaciegas que suelen impregnar algunas memorias políticas —y que abundan en el entorno del presidente Donald Trump—, Communion es un relato profundamente personal, en la línea de Hillbilly Elegy, sus exitosas memorias, centrado principalmente en su recorrido de fe durante los años que rodearon su ascenso a la fama literaria.
Estas son cuatro conclusiones del libro.
Aunque evita en gran medida reabrir el debate sobre las elecciones de 2024 en Communion, Vance sí aprovecha el libro para corregir una de sus declaraciones más polémicas: su crítica a las “señoras de los gatos sin hijos”.
Vance hizo el comentario por primera vez en 2021, cuando se postulaba al Senado por Ohio. Entonces afirmó que esas mujeres eran “infelices con sus propias vidas y las decisiones que han tomado, por lo que quieren que el resto del país también sea infeliz”. La frase se convirtió en un punto de ataque para los demócratas durante la campaña de 2024, y Vance asegura ahora que se arrepiente.
En Communion, calificó el comentario como “una de las cosas más estúpidas que he dicho”, una “torpeza” y una distracción respecto de lo que realmente quería expresar: que la sociedad estadounidense se ha vuelto “patológicamente hostil a tener hijos”.
Se trata de un cambio respecto de cómo respondió cuando la polémica resurgió poco después de convertirse en compañero de fórmula de Trump. En ese momento, desafiante, dijo en el programa Meet the Press de NBC: “Tengo muchos arrepentimientos, pero haber hecho una broma hace tres años no está entre los diez primeros de la lista”.
Más adelante, a medida que se acercaban las elecciones, admitió en una entrevista con The New York Times que el comentario había sido “tonto” y que le hubiera gustado “decirlo de otra manera”.
En Communion, Vance escribe que desde entonces aprendió una lección como estadista católico: “Está bien admitir errores”.
Las medidas de Trump contra la inmigración han provocado repetidas críticas de líderes religiosos y, en ocasiones, han colocado a Vance —el católico con el cargo electo más importante del país— entre el presidente y el papa.
Esa tensión ocupa un lugar central en uno de los pocos episodios de su etapa como vicepresidente que aparecen en Communion: su visita al Vaticano en abril de 2025.
Antes del viaje, el papa Francisco había criticado la política migratoria del Gobierno de Trump y había refutado a Vance por citar un concepto teológico medieval conocido como ordo amoris para defender las medidas más agresivas de la administración.
Sin embargo, cuando se reunió en Roma con líderes de la Iglesia para hablar sobre las políticas de Trump, Vance encontró la conversación “desconcertante”. No porque las críticas fueran demasiado duras, escribió, sino porque no eran lo suficientemente directas.
Según Vance, los diplomáticos con los que habló “nunca especificaron” cuáles eran las políticas migratorias de Trump que objetaban.
“Aquí estaba yo, el católico de más alto rango dentro del Gobierno de Estados Unidos, y el Vaticano parecía reacio a llevar su orientación moral más allá de lugares comunes triviales”, escribió. Más adelante añadió: “Me sorprendió que una de las pocas instituciones con autoridad moral y perspectiva global para abordar la cuestión migratoria pareciera tan temerosa de decir algo controvertido que eligiera, en la práctica, no decir nada”.
Vance también relata su encuentro con el papa Francisco la mañana de Pascua. El pontífice estaba gravemente enfermo, pero pidió reunirse con el vicepresidente después de cancelar encuentros previstos anteriormente esa misma semana.
La reunión, escribió Vance, duró unos diez minutos. Finalmente, se convirtió en uno de los últimos visitantes públicos del papa antes de que Francisco muriera menos de 24 horas después.
“Teníamos funciones distintas y yo prefería sus exhortaciones concretas a la vaguedad que encontré durante nuestra reunión en el Vaticano”, escribió Vance. “Es mejor una conversación honesta que una escondida detrás de clichés”.
La primera administración republicana desde la caída de Roe v. Wade ha frustrado en ocasiones a algunos activistas conservadores que esperaban que el Partido Republicano utilizara su mayoría para restringir aún más el aborto en Estados Unidos. Trump, sin embargo, ha evitado en gran medida el tema en la antesala de las elecciones de mitad de mandato y ha mantenido su promesa de campaña de dejar que los estados decidan cómo regular el embarazo.
Vance propone una tercera vía, centrada en mejorar las condiciones para las madres, los niños y las familias, con la esperanza de que menos mujeres sientan la necesidad de interrumpir un embarazo.
“Cuando tener hijos se convierte en una carga para la actividad económica, los dioses de la economía favorecen la interrupción de los embarazos”, escribe Vance. “Y, por supuesto, no es solo el hecho de tener hijos lo que debería preocuparnos. También importa pasar tiempo con ellos”.
Vance señala el referendo de Ohio de 2023 que consagró el derecho al aborto en la Constitución estatal —al que él se opuso— como una lección para los republicanos. Su aprobación en un estado considerado confiablemente republicano, sostiene, debería hacerles ver que las mujeres rechazarán los intentos de eliminar “la última opción que creían que les quedaba”.
“Por eso perdimos el referendo de Ohio, aunque también es así como empezaremos a convencer a la gente: reflejando la caridad católica en la forma en que defendemos a los no nacidos”.
Es lo más parecido a un plan de gobierno que ofrece el libro. Vance sostiene que los líderes deberían centrarse en políticas que fortalezcan a las familias por encima del producto interno bruto y dejar de ver a las personas como engranajes de una economía, una visión que vincula directamente con su fe católica.
“Para mí, los católicos se preocupaban por el aborto (algo malo) y el matrimonio (algo bueno), pero su política parecía muy desconectada de la vida real de la mayoría de las personas”, escribió. “Si lo que me devolvió a la fe fue la sensación de que la Iglesia respondía las grandes preguntas de la vida, debo resistirme a limitar las enseñanzas morales de la Iglesia católica a unas pocas cuestiones sociales. ¿Cómo sería una visión católica no solo del matrimonio y la familia, sino también de la economía en la era moderna?”.
El libro de Vance deja claro que pocas personas son más importantes para su historia —y para su futuro político— que su esposa, Usha.
En los agradecimientos de Communion, Vance atribuye a Usha, que es hindú, haberlo alentado a reencontrarse con la fe después de una etapa en la que se declaró ateo.
“Hay cierta ironía en que mi esposa, que no es católica, me ayudara a regresar a la fe y luego hiciera posible que relatara ese camino por escrito”, escribió.
Durante la promoción del libro, Vance también ha dicho que su esposa es su primera —y más severa— editora. (“No endulza las cosas”, dijo a NBC). Además, aseguró que ella lo ayudará a decidir si lanza una campaña presidencial, una decisión que recientemente dijo a CBS que no tomará hasta después de las elecciones de mitad de mandato.
La fe de Usha ha atraído atención en ocasiones, como cuando Vance dijo ante una audiencia universitaria que esperaba que su esposa se convirtiera al catolicismo. Más tarde aclaró en redes sociales que Usha Vance “no tiene planes de convertirse”, aunque añadió: “Como muchas personas en un matrimonio interreligioso —o en cualquier relación interreligiosa—, espero que algún día vea las cosas como yo”.
A comienzos de este mes, Vance dijo a Fox News que la pareja decidió criar a sus hijos como católicos, aunque ellos podrán decidir cuándo quieren bautizarse. Dos ya lo han hecho; uno todavía no, explicó.
Pronto, un cuarto hijo tendrá que tomar esa decisión. La segunda familia espera un bebé para este verano.
Vance escribió en su libro que tanto él como su esposa eran reacios a tener otro hijo. Atribuyó al fallecido activista conservador Charlie Kirk, amigo cercano suyo, haber cambiado esa perspectiva.
“Mientras mi esposa sostenía a la viuda de Charlie Kirk durante el primer día de su inmenso dolor, Erika le dijo a Usha entre sollozos que lamentaba haber tenido solo dos hijos con Charlie”, escribió Vance.
Luego añadió: “Algo cambió en Usha y, poco después de que enterráramos a mi amigo, quedó embarazada de nuestro cuarto hijo, un niño. Nos arrebataron una vida, pero se nos concedió otra”.
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