China hace balance de sus logros en la guerra de EE.UU. con Irán

Análisis de Simone McCarthy, CNN
Cuando las bombas estadounidenses e israelíes comenzaron a caer por primera vez sobre Irán, a finales de febrero, los líderes de China contemplaban la posibilidad muy real de que otro régimen amigo fuera descabezado, tal como había ocurrido con Venezuela apenas unas semanas antes.
La perspectiva es bastante diferente casi cuatro meses después: Estados Unidos e Irán han alcanzado un acuerdo provisional tras semanas de conversaciones de paz, pero el régimen en Teherán sigue en pie y se considera ampliamente que la guerra ha dejado al descubierto los límites del poder estadounidense.
Mientras tanto, la propia influencia diplomática de Beijing parece haber aumentado: ha recibido a un desfile de líderes extranjeros y se ha presentado como un defensor de la paz, incluso ganándose elogios reiterados del presidente de EE.UU., Donald Trump, por su respuesta a la guerra.
La segunda economía más grande del mundo también ha resistido la histórica crisis energética desencadenada por el conflicto mejor que muchos de sus vecinos, en particular gracias a sus abundantes reservas estratégicas de petróleo y a su apuesta por la tecnología verde y los vehículos eléctricos.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de China acogió con satisfacción el anuncio de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán en comentarios esta semana, y un portavoz afirmó que Beijing “está dispuesta” a desempeñar un papel activo en “restaurar la paz y la tranquilidad” en Medio Oriente.
Cuando se le preguntó si China había tenido algo que ver en el acuerdo, el portavoz, Lin Jian, no confirmó ningún papel específico. Pero tampoco dudó en señalar los esfuerzos “incansables” de su país por poner fin a la guerra, incluso mediante la publicación por parte del líder Xi Jinping de una propuesta de paz de cuatro puntos en abril.
Y esos elogios no provenían solo de Beijing.
“Quiero dar las gracias a China, al presidente Xi… se mantuvo neutral, totalmente neutral, y lo aprecio”, dijo Trump en una rueda de prensa del G7, en Francia el miércoles, señalando cómo el líder chino no utilizó el poder naval de su país para desafiar el bloqueo estadounidense a los puertos iraníes.
“No hicieron eso. El presidente Xi me ayudó. Intentó ayudar, y creo que probablemente ayudó a que se resolviera”, añadió Trump.
China siguió una cuidadosa línea diplomática durante el conflicto. Condenó el ataque estadounidense e israelí contra Irán y continuó comprando petróleo iraní, desafiando las sanciones estadounidenses. Pero también mantuvo abiertas las comunicaciones con actores de ambos bandos.
Numerosos líderes extranjeros han viajado a Beijing a medida que el conflicto se prolongaba, incluido Trump el mes pasado, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, unos días antes, y los líderes de Pakistán, el principal mediador del conflicto.
Al inicio de las negociaciones, Teherán estaba ansioso por asegurarse el respaldo de China como garante en un acuerdo de paz, pero Beijing ha mostrado poco interés en desempeñar un papel tan formal —y potencialmente espinoso—.
El miércoles, el principal diplomático de China, Wang Yi, habló por teléfono con Araghchi y pidió que la navegación en el estrecho de Ormuz se “gestionara adecuadamente”.
“Ha surgido el amanecer de la paz. La clave del siguiente paso es que todas las partes implementen verdaderamente sus compromisos y eliminen las interferencias de todos los lados”, dijo Wang.
No está claro si o en qué medida Beijing utilizó su peso diplomático para abrir canales discretos hacia el último acuerdo, un memorando de entendimiento firmado formalmente el miércoles, que activó un período de 60 días para negociar los términos finales de un acuerdo.
Pero para Beijing, estas visitas tan públicas amplificaron su mensaje de que, mientras otros hacen la guerra, es una potencia global responsable —y un intermediario de poder—.
A medida que ambas partes entran en la siguiente fase de negociación, los observadores siguen de cerca qué es exactamente lo que Estados Unidos obtuvo de un conflicto que tuvo un elevado costo económico global.
En China —donde la oposición a un orden mundial dominado por Estados Unidos es un principio de la política exterior— los analistas políticos también han estado debatiendo cómo el conflicto ha afectado el lugar de Estados Unidos en el escenario global.
Algunos comentaristas se preguntan si el conflicto es un llamado “momento Suez” para Estados Unidos, una referencia a la pérdida de control de Gran Bretaña sobre el canal de Suez, en la década de 1950, ampliamente vista como un presagio del declive internacional británico y su eclipse por Estados Unidos como potencia global.
“¿Se está reproduciendo ahora para Estados Unidos en el estrecho de Ormuz la escena que proyectó una sombra sobre el Imperio británico durante la crisis de Suez?”, preguntó Sun Degang, director del Centro de Estudios de Medio Oriente de la Universidad de Fudan en Shanghái, en un artículo de opinión publicado el martes en el Global Times, medio estatal chino.
“Desde el fin de la Guerra Fría, Estados Unidos se ha convertido en la ‘única superpotencia’ del mundo”, dijo Sun. Esta vez, sin embargo, “el poder militar estadounidense no resultó tan abrumadoramente poderoso como Washington había imaginado”, mientras que la ausencia de aliados clave respaldando su guerra es una señal de que “el sistema de alianzas global liderado por Estados Unidos ha mostrado crecientes signos de división”, escribió.
Es una pregunta que también se ha debatido en Occidente, pero en China algunas voces también han expuesto la idea de que Beijing ha salido ganando con la guerra de Washington.
“China no tiene interés en ponerse el ‘halo del vencedor’ de una guerra lejana en Medio Oriente”, escribió el comentarista político Hu Xijin en la plataforma de redes sociales Weibo, a principios de esta semana.
Pero el conflicto ha influido en la percepción mundial de China, mostrando el éxito de su “planificación estratégica” para resistir choques energéticos y el atractivo de su “ruta de desarrollo” pacífica, dijo.
La guerra también ha “disminuido significativamente” el poder disuasorio general de Estados Unidos en lo que respecta a Taiwán, escribió Hu, señalando cómo puso de manifiesto los límites de las reservas de municiones estadounidenses y su incapacidad para formar una coalición occidental incluso contra un enemigo aislado como Irán.
China reclama como propio al Taiwán autogobernado y no ha descartado usar la fuerza para tomar el control de la isla democrática.
“¿Qué margen de maniobra tiene Estados Unidos para convencer a sus aliados en Europa de enfrentarse cara a cara con China por los intereses estadounidenses?”, escribió Hu.
Cómo responda China a lo que ve como un Estados Unidos debilitado es una incógnita.
Beijing se ha posicionado durante mucho tiempo como el abanderado de un “mundo multipolar” y es probable que utilice el conflicto para impulsar otro cambio que quiere ver en el mundo: el fin de un entorno de seguridad dominado por Estados Unidos y sus alianzas.
A lo largo de la guerra, sin embargo, China procuró navegar cuidadosamente sus intereses, en lugar de ocupar un lugar central en la resolución del conflicto o elegir bandos de manera abierta.
Aunque respaldó retóricamente a su socio de larga data, Irán, China ha sido comedida en sus críticas a Estados Unidos por desencadenar el conflicto y mantuvo múltiples llamadas y reuniones con Estados del Golfo que fueron atacados por Irán.
Se considera ampliamente que Beijing empujó a Teherán hacia conversaciones con Washington, a principios de esta primavera, incluso cuando empresas chinas —según el Gobierno de Estados Unidos— han apoyado la adquisición de armas por parte de Teherán. China niega en términos generales proporcionar armas a países en conflicto.
Que Xi haya podido recibir a Trump para una reunión amistosa el mes pasado, pese a estas valoraciones y mientras China mantenía su lugar histórico como el mayor comprador de petróleo iraní, puede ser prueba de la influencia de Beijing—y de su acto de equilibrio cuidadosamente calibrado—.
Pero observadores en China también dicen que un posible “momento Suez” para Estados Unidos no significaría que China ocupe automáticamente su lugar en la cima del orden mundial. Y funcionarios y analistas chinos han dicho durante mucho tiempo que Beijing no quiere ser una superpotencia al estilo de Estados Unidos.
“Estados Unidos sigue siendo el actor externo más poderoso en Medio Oriente. Lo que ha cambiado es que su predominio ahora requiere costos políticos, militares, económicos y reputacionales mucho mayores”, dijo a CNN Sun Chenghao, investigador del Centro de Seguridad y Estrategia Internacional de la Universidad de Tsinghua en Beijing.
El conflicto puede hacer que la visión del mundo de China —que enfatiza la soberanía, la no injerencia, la solución política y una seguridad orientada al desarrollo— resulte más atractiva para muchos países, dijo.
“Pero la credibilidad no se construye solo mediante la crítica de las acciones de Estados Unidos; también depende de si China puede proporcionar soluciones diplomáticas prácticas, proteger la estabilidad energética y ayudar a crear condiciones para la desescalada”.
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