Estos pececitos eran decoración en una vidriera. Un fallo los consideró seres sintientes con derechos y cambió su destino

Por Sol Amaya, CNN en Español
En la fachada de un restaurante de sushi, en un coqueto barrio de la ciudad de Buenos Aires, dos pececitos se movían como podían dentro de una pequeña pecera rectangular. Expuestos al sol y a los ruidos de la calle, para los transeúntes pasaban casi desapercibidos, como parte del decorado. Los pocos que se percataban de ellos eran los niños que, al salir de las escuelas cercanas, corrían a golpear con sus manos el vidrio del habitáculo. Hasta que alguien se detuvo a mirar con más atención y el destino de Magui y Fede, dos peces carassius auratus (más conocidos como peces dorados), cambió para siempre.
Matías Trufero, abogado de la ONG Jaulas Vacías, un santuario antiespecista que alberga a más de 200 animales rescatados, fue el principal promotor de este viraje que hizo que los peces en cuestión dejaran de funcionar como ornamentos de un restaurante.
“Cualquiera que pasara por el lugar y se detuviera a observar podía darse cuenta de que no era el adecuado para los peces”, dijo Trufero a CNN. Por eso, desde Jaulas Vacías decidieron presentar la denuncia ante la justicia, argumentando una violación a la ley 14.346, que penaliza el maltrato animal en Argentina.
CNN contactó al local de comidas para obtener comentarios y está a la espera de una respuesta. Trufero dijo que no hubo ningún tipo de objeción por parte de la gente del local ante la decisión de llevarse a los animales.
Con la ayuda de especialistas armaron el caso y lo primero que lograron, casi de inmediato, fue el allanamiento para retirar a los peces de la vidriera y trasladarlos a un lugar más adecuado.
Tener a dos peces en una vidriera es “más o menos lo mismo que poner dos osos polares en una jaula dentro de un sauna”, dijo a CNN Carlos José Aga, uno de los especialistas que ayudó al rescate y se ofreció como adoptante.
Magui y Fede dejaron la pecera de 40 litros para pasar a una de 2.500 litros en la casa de Aga. El fallo determinó que los peces quedaran al cuidado del adoptante, por lo que este es ahora su hogar definitivo.
“Los peces son como los astronautas, viajan en su propio ambiente con cuidado sobre todos sus parámetros vitales y cuando llegan el lugar debe reproducir esas condiciones con gran exactitud para evitar desequilibrios que puedan derivar en descenso de su inmunidad”, explicó Aga sobre cómo fue el traslado de Magui y Fede.
“Ahora están muy bien. Se nota que se trata de una hembra (la de mayor tamaño y color dorado naranja) y un macho (el más claro y más pequeño)”, describió.
Pero el rescate de los peces fue solo una parte del proceso.
“En el inicio del expediente solicitamos que, además de retirar a los peces para llevarlos a un lugar seguro y acorde, se los declarara sujetos de derecho”, o “seres sintientes”, explicó Trufero. Es decir, que para la ley dejaran de ser “objetos” para convertirse en seres con derechos.
Esto no es solo importante para Magui y Fede sino que sienta, a su vez, un precedente para otros animales de este tipo que se encuentren en condiciones inadecuadas para llevar una vida digna.
Tal vez algunos se pregunten: “¿Entonces es ilegal tener a mi pececito dorado en casa?”. La respuesta es: depende. “No está prohibido per se tener un pez en una pecera. Sí mantenerlo en condiciones que le generen maltrato o crueldad, por ejemplo, el espacio inadecuado, no alimentarlos en cantidad y calidad y el resto de los actos penados según la ley”, explicó Trufero sobre la legislación en Argentina. “Por otra parte, si se trata de una especie exótica podría estar prohibido tenerla si encuadra en la ley de fauna” local, normativa que existe también en muchos otros países.
El primer caso de un habeas corpus presentado a favor de un animal no humano se dio en 2005 para Suiza, una chimpancé en Brasil. Lamentablemente, Suiza falleció antes de ser trasladada a un santuario.
A partir de entonces, casos similares comenzaron a darse en otros países, entre ellos Argentina. Tal vez uno de los más conocidos fue el de Sandra, una oranguntana nacida en Alemania que vivió en el zoológico de Buenos Aires durante 20 años hasta que, en 2014, gracias a un amparo impulsado por ambientalistas, fue declarada “persona no humana” por una jueza.
El fallo sostenía que su cautiverio y exhibición violaban sus derechos, aunque fuera bien alimentada y no sufriera maltratos.
En 2016, el zoológico de Buenos Aires se transformó en un ecoparque, quitando a los animales de exhibición y trasladando a muchos de ellos a refugios. El destino de Sandra fue Center of Great Apes, en Wauchula, Florida, a donde llegó en 2019.
“La importancia de que estos animales sean declarados sujetos de derecho radica en que dejan de ser considerados una cosa, un objeto”, explicó Trufero. Así, ante casos de crueldad y maltrato, pueden ser considerados como víctimas y no como cosas, lo que cambia radicalmente la manera en que se define el futuro de los animales.
El caso de Fede y Magui, a su vez, abre las puertas para que este tipo de simpáticos pececitos, muy comunes en hogares y negocios, queden protegidos legalmente.
Pero “un sujeto de derecho poco o nada puede hacer por sí mismo a menos que haya gente que se ocupe de hablar en nombre de los que no pueden hablar y obliguen a cumplir la ley”, destacó Aga, quien además contó que Fede y Magui ya armaron un nido en su nuevo hogar. ¿Se agrandará ahora la familia?
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