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Vance afirma que el conflicto con Irán no es una “guerra”, aunque se niega a decir cuándo terminará

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Telemundo 15
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Por Kevin Liptak, CNN

El vicepresidente J. D. Vance no pudo ofrecer un plazo para el fin de la guerra con Irán ni una fecha en la que los precios de la gasolina podrían caer por debajo de los niveles previos al conflicto durante una comparecencia en la Casa Blanca este jueves; en su lugar, sugirió que dependía de Irán poner fin al conflicto, que inició hace seis meses con ataques aéreos conjuntos de Estados Unidos e Israel.

Las hostilidades actuales ni siquiera deberían calificarse como “guerra”, argumentó Vance, dado que las “operaciones de combate activo” concluyeron hace meses.

“En este momento, no hay fuego activo”, insistió Vance, a pesar de que esta semana hubo tres días consecutivos de intercambio de fuego entre Estados Unidos e Irán, incluso en las inmediaciones del estrecho de Ormuz.

Describir la situación en Medio Oriente como una batalla esporádica y de baja intensidad fue una señal de que la administración intenta dejar atrás la guerra a dos meses de unas elecciones intermedias cruciales, aun cuando las fuerzas estadounidenses siguen atacando activamente posiciones iraníes. Las cifras actualizadas de bajas del Pentágono, publicadas este jueves, indican que 790 militares estadounidenses han resultado heridos y 18 han muerto desde que comenzó el conflicto a finales de febrero.

El martes, Estados Unidos llevó a cabo una operación multifacética en la que atacó cerca de 60 objetivos militares alrededor del estrecho —incluidos sistemas de defensa aérea, radares, activos marítimos, capacidades de colocación de minas y centros de comunicaciones— mientras escoltaba simultáneamente a buques a través de la vía marítima.

Las fuerzas de EE.UU. prevén seguir realizando ataques ofensivos cerca del estrecho, en parte porque Irán ha demostrado capacidad para reconstituir sus recursos. Realizar estos ataques equivale a “cortar el césped” o a jugar a “golpea al topo” (whack-a-mole), señalaron los funcionarios.

Aunque la operación del martes fue un éxito, los funcionarios no se hacen ilusiones de que esté cerca una solución rápida al conflicto. Además, las empresas energéticas siguen recelosas ante los enormes riesgos que implica enviar sus buques a través del estrecho, incluso con escolta militar.

Esta impopular guerra provocó un aumento en los precios de la gasolina, generando inquietud entre los republicanos que buscan mantener sus mayorías en el Congreso.

Trump insistió esta semana en que no siente presión alguna para reducir las hostilidades antes de la votación. Sin embargo, sus asesores y aliados coinciden en que, cuanto más pase la guerra a un segundo plano de cara a noviembre, mejor.

Vance, quien inicialmente se opuso a la guerra con Irán, desempeñó un papel destacado a principios de este verano en los intentos de negociar un acuerdo diplomático. No obstante, el alto el fuego que negoció fracasó al cabo de dos semanas, y ambas partes volvieron a un ciclo de ataques mutuos mientras Irán intentaba mantener el control del estrecho.

La calma predominó durante la mayor parte de agosto. Sin embargo, los ataques se reanudaron esta semana cuando Estados Unidos neutralizó posiciones iraníes cerca del estrecho; según se informó, dichas posiciones se preparaban para lanzar minas a la vía marítima. Vance señaló que la administración investiga los informes de que los últimos ataques estadounidenses causaron la muerte de cuatro personas que asistían a una boda en una localidad cercana al estrecho de Ormuz; aunque no descartó la posibilidad de víctimas civiles, insistió en que las fuerzas armadas “nunca tiene a civiles como objetivo en combate”.

“Nunca lo haremos, nunca lo hemos hecho y, lamentablemente, es evidente que a veces ocurren incidentes; pero en este caso concreto, no creo que dispongamos de información concluyente en un sentido u otro”, afirmó Vance.

Teherán respondió a la más reciente ofensiva estadounidense atacandoo bases norteamericanas en la región.

Actualmente no hay conversaciones en curso con los iraníes, indicó Vance.

“El presidente ha sido muy claro”, declaró a los periodistas durante la rueda de prensa del jueves. “No estamos hablando con ellos y no lo haremos a menos que dejen de disparar contra buques comerciales”.

Esto deja un plazo incierto para la resolución del conflicto. Vance no pudo precisar si este concluiría antes de las elecciones, previstas para el 3 de noviembre.

“Cuando preguntan cuándo terminará esto, me hacen una pregunta similar a: ¿cuándo dejarán los iraníes de disparar a los barcos? Creo que la realidad es que no sé la respuesta a esa pregunta”, dijo. “Habría que preguntárselo a los iraníes”.

El vicepresidente tampoco quiso decir cuándo podría bajar el precio de la gasolina.

“No voy a prometer cuándo volverá a costar 3 dólares”, afirmó. “Lo que sí diré es que debemos recordar por qué hacemos esto. En primer lugar, para que Irán nunca tenga un arma nuclear”.

Vance habló desde la sala de prensa de la Casa Blanca, un espacio que la administración no había utilizado durante 42 días. La secretaria de prensa, Karoline Leavitt, dejó el cargo la semana pasada y Trump aún no ha nombrado a un sustituto.

Vance habló durante casi una hora y respondió preguntas sobre temas que iban desde el conflicto con Irán hasta su figura más delgada, algo que atribuyó a una dieta prescrita por el secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr.

“Como muchos alimentos ricos en proteínas y mucho chucrut”, dijo, describiendo un régimen que no parecía muy apetecible: “Si quieres disfrutar de lo que comes, no llames a Bobby Kennedy”.

También expresó un firme respaldo a otro miembro del gabinete, el secretario de Defensa Pete Hegseth, cuya gestión del Pentágono ha sido objeto de escrutinio en medio de la agitación provocada por despidos, ascensos bloqueados y renuncias de altos oficiales.

El secretario del Ejército, Dan Driscoll —amigo cercano de Vance desde sus tiempos en la Facultad de Derecho de Yale—, se convirtió en la última baja del Pentágono al presentar su renuncia esta semana. Esto dejó al Ejército sin su máximo líder civil.

Hegseth —quien sirvió en la Guardia Nacional del Ejército durante casi 20 años— ha mostrado un interés especial en el Ejército y su cúpula, despidiendo u obligando a marcharse a varios líderes clave de la institución.

Incluso algunos republicanos destacados que están por dejar sus cargos pidieron la salida de Hegseth. El senador Thom Tillis, de Carolina del Norte, cuyo voto fue decisivo para confirmar al secretario de Defensa el año pasado, declaró que “nunca había presenciado una gestión más inepta de los valientes hombres y mujeres que sirven a nuestro país”. También afirmó que Hegseth se sentía “intimidado por la competencia”.

Vance, sin embargo, restó importancia a las salidas y sostuvo que Hegseth estaba trabajando para reformar las fuerzas armadas.

“Estados Unidos ha librado muchas guerras a lo largo de mis 42 años de vida, y casi no hemos ganado ninguna hasta que Donald J. Trump asumió la presidencia de Estados Unidos”, señaló.

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