Al enfrentarse a la verdad sobre sus pérdidas, Sara Bareilles abraza la fe en su propio duelo

Por Lauren DePino, CNN
Lauren DePino es cantante, compositora y escritora que está trabajando en unas memorias sobre ser cantante de funerales.
La cantautora Sara Bareilles sabe lo que es vivir con el temor de que su dolor la devore viva.
“Sentía que iba a disolverme, que era demasiado sentimiento”, me dijo Bareilles sobre el torrente de dolor que había estado soportando. No solo había perdido a dos amigos cercanos a causa del cáncer en el transcurso de unos pocos años, sino que también había llegado “a un nuevo nivel de abatimiento” para su salud mental. También reveló que está entrando en el tercer año de su tratamiento por la fertilidad.
Sin embargo, cuanto más se entregaba a su dolor en sus múltiples formas, más comenzaba Bareilles —una multifacética actriz, compositora y productora— a percibir el duelo como una especie de práctica devocional, como un milagro digno de contemplarse.
No fue hasta el final del proceso de grabación de su nuevo álbum, crudo y tierno, “Good grief”, cuando Bareilles se dio cuenta de que estaba escribiendo exclusivamente sobre el duelo. Estrenó la primera canción, “Home”, en marzo, en el pódcast All There Is, del presentador de CNN Anderson Cooper. La conversación de Cooper con el comediante Stephen Colbert en un episodio anterior había inspirado a Bareilles a escribir la canción. La franqueza radical de ambos hombres sobre su propio dolor y su compromiso compartido de no ocultar su tristeza a sus hijos habían conmovido a Bareilles hasta las lágrimas.
Era lógico que el proceso de creación del álbum la ayudara a aceptar las verdades aterradoras y sobrecogedoras de sus pérdidas. Para Bareilles, la composición de canciones y el duelo están unidos por una santidad, incluso por un misticismo: una creencia con la que me identifico.
“Siempre he sentido que componer canciones es un ritual realmente sagrado, una especie de fe en lo desconocido y en el misterio de cómo funcionan y conmueven la música, Dios y el universo”, me dijo Bareilles recientemente.
Aunque “hay cualidades esenciales que siguen siendo similares” en todas sus composiciones, estas canciones se diferencian en un aspecto fundamental. “No estoy precisamente por delante del propio duelo”, dijo. “Todavía estoy llorando a mis amigos. Estoy de duelo por mi proceso de fertilidad… Intento compartir desde un lugar en el que realmente no tengo respuestas”.
Como alguien que canta para las personas durante los momentos más desoladores de sus vidas, veo que las canciones de Bareilles centradas en la pérdida nos ayudan a reconciliar en el corazón aquello que nuestras almas exhaustas no pueden resolver con la mente, por mucho que lo intentemos. Más que nunca, necesitamos canciones reconfortantes que hablen de nuestras penas cada vez mayores: perder a uno de nuestros padres, perder un futuro que habíamos planeado, perder a alguien de nuestra generación a quien conocíamos desde hacía décadas. La música de Bareilles satisface esta necesidad y mucho más; sus canciones son himnos espirituales modernos y oportunos, pero también evocan antiguos cantos de alabanza.
Su música contiene un carácter sagrado que trasciende las religiones institucionales sin desdeñarlas y logra lo que consigue todo himno de duelo eficaz. Estas canciones toman nuestra tristeza, la transmutan y nos la devuelven, no solo como algo que podemos sostener, sino como algo que queremos sostener.
Durante instantes fugaces, despiertan nuestro dolor mediante tonos y texturas, inflexiones y modulaciones vocales. Cuando resuenan las últimas notas de estas canciones, siento que el dolor y el amor por aquellos a quienes he perdido se magnifican por igual, llenándome de esperanza a medida que mi duelo se transforma en algo que ya no percibo como siniestro.
Las canciones me permiten entablar suficiente amistad con mi dolor como para comprender que no está ahí para secuestrar mi alegría, sino para recordármela. En lugar de agudizar mi dolor, la presencia del duelo lo suaviza. Y cuanto más tiempo puedo permanecer con este dolor, más dones descubro.
Hay otro tipo de dolor sobre el que canta Bareilles: tiene que ver con afrontar la creencia de que nuestro sufrimiento psicológico puede encerrarnos en una prisión creada por nuestros propios pensamientos oscuros.
Durante un período terrible de ansiedad abrumadora, escribió cartas a Dios, a quien describe, con “una interpretación muy amplia”, como “una fuerza vital, la fuerza que anima, el alma que abandona el cuerpo”, y le reveló a esta entidad benevolente que no sabía cómo encontrar el camino de regreso a sí misma.
Esta relación entre Bareilles y su creciente “confianza en algo que no se puede ver, conocer ni medir”, dijo, inspiró la canción “Capsize me”. La canción nos asegura, según me explicó, que “no existe ninguna versión de esta vida en la que realmente naufragues”: que no somos frágiles, que el dolor no nos mata ni nos matará.
Una vez que aceptamos estas revelaciones liberadoras, dijo Bareilles, podemos entreabrir la puerta a nuestro dolor. “No tenemos que lanzarnos de cabeza a lo más profundo cada vez”, dijo, sino comprometernos a “entregarnos, en cierto modo, a la práctica de abrirnos a él poco a poco”.
Basta con una pizca de confianza para acoger las sorprendentes formas que puede adoptar el dolor, muy distintas de la desesperación habitual. “Mi experiencia del dolor ha abarcado muchísimas cosas”, dijo Bareilles. “No consiste solo en llorar en posición fetal en un rincón. También es misterio, asombro, alegría y júbilo”.
Para ella, el dolor también significa vislumbrar lo que hay más allá del umbral. Por ejemplo, su penúltima canción, “Forever”, está escrita desde lo que Bareilles describió como la perspectiva de “la persona que está a punto de partir y lo que quizá querría decir si tuviera las palabras”. En esta balada etérea, Bareilles resucita el papel sagrado de la guía del canto, como las que había en la antigua Grecia. Estas plañideras empoderadas veían sus canciones como conjuros capaces de hacer volver a los muertos.
“Sé que se habla mucho de que el velo se vuelve más fino en torno al momento de una pérdida, y siento que, cuanto más tiempo dedico a examinar de verdad el dolor en todas sus formas, más claro tengo que el velo siempre es fino”, dijo. “Eso me ha brindado muchísimo consuelo”.
Bareilles escribió “Salt then sour then sweet” en colaboración con la cantante Brandi Carlile y la fallecida poeta Andrea Gibson, a quien conoció mientras Gibson luchaba contra un cáncer terminal. La historia de Gibson apareció en el documental de 2025 “Come see me in the good light”.
“Una de las cosas que dice Gibson es que morir es reencarnarse en las personas que amas mientras ellas aún están vivas”, dijo Bareilles. “Pienso muchísimo en eso, en esta idea de cambiar de plano de existencia. Alguien abandona esta forma para adoptar otra, pero sigue viviendo en las personas a las que amó y en quienes lo amaron”.
Tras iniciar su gira el 9 de septiembre y estrenar el documental «Sara Bareilles: Good grief» la semana anterior, Bareilles espera crear un espacio para más manifestaciones de ese duelo celebratorio. “Si esta gira sirve para crear un espacio donde el velo parezca excepcionalmente fino, estoy totalmente a favor, porque de verdad creo que ese es, en realidad, el mundo en el que vivimos”.
Bareilles también me dijo que pensaba que su comunión con el público enriquecería su propia sanación. Puedo imaginar una exuberante catarsis colectiva en cada uno de sus conciertos.
En un sentido más amplio, veo a Bareilles desafiando nuestra aversión cultural a la mortalidad y la muerte, así como nuestra tendencia a evitar el duelo abierto, tanto mostrarlo como abrir un espacio para que pueda expresarse. Para ella, el duelo es una tarea activa y, a menudo, reconfortante.
“La gente habla del duelo como amor que no tiene a dónde ir, y de verdad creo que es cierto. Pero también creo que el amor tiene todos los lugares adonde ir”, me dijo. “Me pregunto qué ocurriría si proyectáramos sobre otras personas esta ausencia radiante en forma de amor y viéramos qué efecto tiene en su dolor”.
Para Bareilles, la palabra “ausencia” encierra más matices que el simple hecho de que alguien a quien amamos ya no esté aquí. Tras acompañar a su querido amigo Gavin Creel durante sus últimos días y lavar y vestir su cuerpo, observó: “Te das cuenta de que ya no está ahí”.
“Eso es lo más increíble para mí”, dijo. “Existe un alma que anima nuestra forma física y que no existe dentro de ella. Existe fuera de ella, y por eso siento que este concepto de que el velo es tenue es como decir: bueno, ya no están en sus cuerpos. Están en todas partes”.
Cada vez que se menciona que el velo se vuelve más tenue, pienso en mi madre, que murió el verano pasado y que me dijo durante toda mi vida que los muertos nunca se van del todo. Yo no estaba con ella cuando murió. La despedida que mi madre habría elegido, de haber tenido la oportunidad, habría sido cualquier cosa menos un final duro y definitivo; paradójicamente, habría dejado una ventana abierta, como sugiere la canción “Forever” de Bareilles.
En la despedida de mi madre habría estado presente la promesa de la luz: una unión eterna, invocada por su amor indestructible hacia mí y su convicción de que aún podía llegar hasta mí, desde dondequiera que haya ido. Este es el poder de la música de duelo que he conocido como cantante en funerales: permite que el dolor cante.
Creo que mi madre tuvo algo que ver en que se concertara esta conversación con una de mis artistas favoritas de todos los tiempos. Y ahora que he hablado con Bareilles, también veo que mi propio dolor había ido acumulándose. Eso me recordó algo que a menudo les recuerdo a los demás: si no dejamos que nuestro dolor nos atraviese, acumulamos piedras y arenilla que nos endurecen.
Pero una opción mejor es convertirnos en monumentos vivos, sensibles y fluidos a los seres que amamos. Una opción mejor es permitir que nos canten y dejar que estas canciones hagan su magia. Si el dolor puede cobrar vida dentro de la música destinada a contener su forma siempre cambiante —por muy afilada y montañosa que sea—, puede cantar. Y eso es, en sí mismo, un milagro.
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