Guerras, decretos y muchas obras: cómo se espera que Trump afronte sus últimos años como un presidente sin poder político

Por Kevin Liptak, Kristen Holmes y Alayna Treene, CNN
El presidente Donald Trump, rechazado contundentemente por los votantes la noche del martes, entra en la fase final de su carrera política como funcionario electo, debilitado pero más decidido que nunca a mantener un control férreo del poder.
Los últimos años de su presidencia serán frustrantes, admiten muchos de sus aliados, mientras los demócratas emprenden las investigaciones prometidas que podrían involucrar al presidente y a sus principales aliados. En medio de esas disputas, los republicanos terminarán por buscar al sucesor de Trump, quizá antes de lo que el presidente esperaba.
Trump no ha descartado intentar alcanzar acuerdos con los demócratas, ahora fortalecidos, y algunos asesores afirman que su capacidad para forjar alianzas improbables podría beneficiarlo a medida que se acerca el final de su mandato. Al dejar de ser el partido de oposición, los demócratas estarán bajo presión para demostrar su capacidad de gobernar, lo que podría incentivarlos a negociar con Trump.
Sin embargo, recientemente también se autodenominó “Sr. Veto” al reflexionar sobre cómo manejaría una situación en la que los demócratas controlaran el poder legislativo, y su historial durante su primer mandato presidencial no inspira precisamente confianza en la cooperación entre partidos. Una fuente involucrada en las conversaciones internas dijo que, aunque Trump podría mostrarse conciliador inmediatamente después de las elecciones, su comportamiento en los próximos años dependerá de cómo los demócratas ejerzan su poder.
“Si tienes un Congreso dispuesto a llegar a acuerdos, él es un negociador”, dijo la fuente. “Si tienes un Congreso que llega y de inmediato se concentra únicamente en las investigaciones, entonces verás una versión muy diferente de Trump”.
El resultado del martes era uno que el presidente y sus asesores habían anticipado y para el que se habían preparado, incluso mientras Trump emprendía una intensa campaña de un mes por estados republicanos con el objetivo de conservar las mayorías de su partido en el Congreso, pero también de demostrar su posición única como líder del partido. La intensa campaña dejó a Trump, según él mismo admitió, agotado y con ganas de descansar.
Aun así, el resultado representó el peor escenario posible para Trump. Y, diez años después de llegar por primera vez al poder, la perspectiva de ser considerado un presidente sin poder político lo está llevando a evaluar nuevas formas de reafirmar su relevancia, según funcionarios y asesores, incluso mientras muchos miembros de su partido comienzan a imaginar un futuro sin él como líder.
A corto plazo, eso podría significar una rápida reanudación de la guerra contra Irán, algo que Trump ha insinuado claramente que está dispuesto a hacer una vez terminada la temporada de elecciones intermedias. Los negociadores estadounidenses e iraníes habían intentado sin éxito alcanzar un nuevo acuerdo durante los últimos días.
El equipo del presidente también lleva meses explorando formas de ejercer amplias facultades ejecutivas para impulsar aspectos de su agenda que ya no parecen tener posibilidades de obtener la aprobación del Congreso, entre ellos la inmigración y el gasto federal. Personas cercanas al presidente afirman que está dispuesto a llevar al límite su poder ejecutivo para imponer sus objetivos.
Sin las restricciones que suponían las preocupaciones de los votantes por el excesivo tiempo que dedicaba a la política exterior y a sus proyectos personales, se espera que Trump se vuelque de lleno en ambos asuntos. Según personas familiarizadas con el tema, asistirá a tres importantes cumbres internacionales durante las próximas semanas y dedicará más tiempo a los diversos proyectos de construcción que ha impulsado en Washington. El día después de las elecciones, Trump convocó un evento improvisado para mostrar las obras del salón de baile de la Casa Blanca.
En las horas posteriores a que se proyectara que los demócratas ganarían ambas cámaras del Congreso, el presidente no parecía dispuesto a asumir la responsabilidad por las derrotas republicanas. Ha señalado reiteradamente los antecedentes históricos que muestran que el partido del presidente en ejercicio suele perder en las elecciones intermedias. Trump también se ha quejado de la falta de popularidad de ciertos candidatos y de su incapacidad para recaudar fondos de manera eficaz, pese a haber elegido a muchos de ellos.
En privado, ha expresado su malestar con los republicanos que cuestionaron su estrategia de centrar las elecciones intermedias en su figura, y ha atribuido sus derrotas anteriores a errores de los candidatos o a presuntos fraudes. Rara vez ha corregido el rumbo después de reveses políticos anteriores.
Sin embargo, no se ha descartado una reorganización del personal, y muchos funcionarios del Gobierno han comenzado a explorar oportunidades fuera de la Casa Blanca mientras planifican sus próximos pasos profesionales, según varios asesores de Trump. Sus principales asesores políticos han atribuido en privado los malos resultados republicanos a la guerra con Irán, y muchos creen que Trump podría estar buscando un chivo expiatorio.
Los demócratas han dejado claro que pretenden utilizar sus mayorías en el Congreso para emitir citaciones y celebrar audiencias centradas en las acciones del presidente y sus aliados. Trump advirtió durante la campaña que podría enfrentar nuevamente un juicio político. Las encuestas mostraron que la preocupación de los votantes por la corrupción aumentó considerablemente antes de las elecciones.
“Consigan abogados”, decía un comunicado de dos palabras publicado por Robert Garcia, el próximo presidente demócrata de la Comisión de Supervisión de la Cámara de Representantes, después de que su partido obtuviera el control de esa cámara y, con él, la facultad de emitir citaciones.
Los abogados del Gobierno llevan meses anticipando posibles investigaciones. Sin embargo, incluso a finales de septiembre, los amplios preparativos que algunos en el ala oeste habían previsto para alistar al presidente y a sus principales asesores ante posibles investigaciones demócratas no se estaban llevando a cabo seriamente, dijeron asesores de Trump a CNN, aunque algunos funcionarios ya habían contratado abogados a título personal.
En particular, la secretaria general de la Casa Blanca, Susie Wiles, solía poner fin a las conversaciones sobre una probable avalancha de investigaciones de supervisión dirigidas a quienes ocupan los niveles más altos del Gobierno, según uno de los asesores, porque consideraba que podían desviar la atención de la campaña.
“Siempre decía: ‘Vamos a ganar y vamos a dedicar toda nuestra energía a ganar’”, comentó el asesor sobre la actitud de Wiles durante los meses previos a las elecciones intermedias.
Otros funcionarios de la Casa Blanca sostuvieron que Wiles había pedido en privado a la Oficina del Asesor Jurídico de la Casa Blanca que se preparara para lo que pudieran hacer los demócratas, aunque al mismo tiempo les decía a los empleados que “mantuvieran la vista en el objetivo”, como lo describió uno de ellos.
“Prepararse discretamente para ese escenario no significa ponerlo en marcha”, dijo uno de los funcionarios.
La Oficina del Asesor Jurídico también ha contratado a otros 15 abogados en los últimos meses, dedicados a proteger al Gobierno frente a futuras investigaciones de supervisión.
“Si los demócratas desquiciados quieren abusar de su poder y politizar el proceso de investigar y emitir citaciones, e intentar destruir vidas, deberían recordar que todavía controlamos el Gobierno federal y todos sus poderes”, dijo un funcionario de la Casa Blanca.
Aun así, algunos funcionarios han contratado a sus propios abogados o han considerado adquirir seguros de protección jurídica para cubrir los costos que muchos prevén que serán elevados si se ven involucrados en una investigación. Después de que muchos empleados del primer Gobierno de Trump enfrentaran gastos exorbitantes durante la investigación del 6 de enero, otros funcionarios de menor rango han considerado en privado si deberían permanecer en sus puestos, ante la expectativa de que los demócratas lleven a cabo investigaciones de amplio alcance.
También ha habido conversaciones entre Trump, el asesor jurídico de la Casa Blanca, Will Scharf, y otras personas sobre la conveniencia de conceder indultos preventivos a los empleados. No han decidido si procederán, aunque Trump no lo ha descartado.
Muchos en el ala oeste creen que el presidente espera personalmente lo peor en lo que respecta a las investigaciones demócratas, después de haber enfrentado ya dos juicios políticos durante su primer mandato.
“Ya pasó por esto una vez, por supuesto que espera lo peor”, dijo una fuente a CNN.
Durante algunas conversaciones privadas con sus aliados de mayor confianza, Trump ha reconocido la magnitud de lo que podría significar un Congreso controlado por los demócratas para sus últimos dos años en el cargo, según fuentes familiarizadas con esas conversaciones.
“Recuerda lo que fue ver cómo arrastraban por el lodo a su familia y a sus asesores, por no hablar de haber enfrentado dos juicios políticos”, dijo un funcionario de la Casa Blanca.
Aun así, Trump insistió el miércoles en que no está preocupado “ni un poquito” por la posibilidad de otra investigación con miras a un juicio político.
“Creo que destruiría al Partido Demócrata si hicieran eso. Un juicio político sin motivo alguno. ¿Por qué? ¿Por tener un país exitoso?”, dijo Trump a los periodistas en el lugar donde se construye el salón de baile de la Casa Blanca.
Los funcionarios de la Casa Blanca son plenamente conscientes de que, ante un gobierno dividido, resulta prácticamente imposible sacar adelante cualquier legislación de gran alcance que Trump desee implementar. No obstante, también se apresuran a recordarle al presidente que, a lo largo de su segundo mandato, su agenda se ha llevado a cabo, en gran medida, mediante decretos, sin depender del Congreso.
Según sus asesores, esta tendencia no hará sino intensificarse ahora que los demócratas controlan tanto la Cámara de Representantes como el Senado con amplias mayorías.
El uso extensivo de la autoridad ejecutiva por parte del presidente ha estado encabezado por el subsecretario general de la Casa Blanca, Stephen Miller, y el director de presupuesto, Russell Vought. Ambos desempeñaron un papel fundamental en la planificación de algunas de las medidas más controvertidas que Trump adoptó al inicio de su mandato, tales como el endurecimiento de las políticas migratorias y los drásticos recortes a programas del gobierno federal.
Ahora, los abogados de la administración están analizando medidas en materia de inmigración, gasto federal y aranceles que podrían impulsar aspectos de la agenda del presidente en los que parece poco probable lograr una acción por parte del Congreso. Entre las posibles medidas se incluyen el endurecimiento de las normas sobre visados, la aplicación de nuevos aranceles a las importaciones y la flexibilización de ciertas regulaciones.
Una estrecha mayoría demócrata en el Senado podría no suponer una diferencia drástica en la estrategia legislativa de Trump. Las normas sobre el obstruccionismo parlamentario (filibuster) exigen que la mayor parte de la legislación importante cuente con 60 votos. No obstante, una excepción notable son los nombramientos presidenciales, incluidos los de jueces federales; los demócratas podrían bloquear a cualquier posible candidato al Tribunal Supremo si surgiera una vacante en los próximos dos años, algo que ha generado preocupación entre varios funcionarios republicanos.
Algunos asesores de Trump consideran que los demócratas, en su afán por demostrar su capacidad de gobierno, buscarán puntos de acuerdo, al menos durante el breve periodo previo al inicio del ciclo electoral presidencial de 2028.
“Soy una persona a la que le gusta hacer las cosas, y hay cuestiones en las que podemos colaborar”, declaró Trump a Fox News el martes por la noche, mencionando únicamente la inmigración como un posible ámbito de acuerdo, sin ofrecer más detalles.
Trump ha prometido vetar cualquier legislación presentada por los demócratas que contravenga sus promesas; de hecho, el martes publicó una imagen de una gorra roja con la palabra “VETO” en letras blancas grandes. Para anular un veto presidencial se requiere una mayoría de dos tercios tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado.
“Supongo que me convertiré en el ‘señor Veto’”, comentó Trump en un pódcast del New York Post antes del día de las elecciones. “Y, en algún momento, probablemente llegaremos a acuerdos”.
Tras haber dedicado gran parte de los dos últimos años a centrarse intensamente en guerras en el extranjero, Trump optó por dejar en un segundo plano los conflictos en Irán y Ucrania durante la campaña de mitad de mandato. Ahora, todo apunta a que se intensificarán los esfuerzos para ponerles fin de manera definitiva.
Muchos presidentes, en la recta final de su mandato, vuelcan su atención hacia la política exterior, un ámbito en el que sus facultades unilaterales son más amplias y el Congreso tiene una capacidad limitada para restringir sus acciones. Además, este terreno ofrece la posibilidad de realzar el legado presidencial.
Para Trump, quien anhela abiertamente obtener un Premio Nobel de la Paz, esta experiencia ha resultado también frustrante. La guerra en Irán se ha prolongado más de lo previsto, y Trump ha comentado en privado que esto perjudicó gravemente las perspectivas de su partido en las elecciones de mitad de mandato.
Algunos aliados de Trump prevén que, ahora que la campaña ha concluido, buscará a alguien sobre quien recaiga la culpa. El secretario de Defensa, Pete Hegseth —quien ha sido un firme defensor de la guerra—, es visto por algunos aliados como una figura potencialmente vulnerable. Tanto los demócratas como algunos republicanos han sugerido ya que Hegseth podría convertirse en un objetivo principal en un eventual proceso de destitución (impeachment), además de ser objeto de otras investigaciones. Por su parte, Trump —que siempre acostumbra a sondear las opiniones de su entorno— ha preguntado a sus aliados qué piensan sobre el desempeño reciente de Hegseth.
“En resumen, Trump siente que fue engañado (respecto a la guerra con Irán) —efectivamente, fue engañado—”, declaró a CNN un asesor de Trump. “Y alguien debería pagar por ello”.
El martes, Trump afirmó ante la cadena Fox que no estaba considerando realizar cambios en su gabinete. Por su parte, otro miembro de su círculo cercano señaló que el presidente ha dejado claro que, a su juicio, Hegseth debería plantar cara ante un posible proceso de destitución. Trump ha defendido a Hegseth y ha restado importancia a los intentos de los demócratas por destituirlo, calificándolo de “gran guerrero”.
En 2006, el entonces presidente George W. Bush anunció rápidamente la salida del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, después de que los republicanos sufrieran una contundente derrota en las elecciones legislativas de mitad de mandato, impulsada en parte por la impopular guerra de Irak.
No está claro si Trump realizará cambios en su equipo antes de que el conflicto con Irán llegue a su fin definitivo. Desde hace semanas, sus principales asesores debaten planes para lanzar nuevos ataques contra Irán, con la esperanza de poner un punto final al conflicto, que ya dura ocho meses. No todos en el equipo del presidente consideran que una acción inminente sea productiva; algunos abogan por ganar más tiempo e intentar alcanzar un acuerdo.
Sea como fuere, la guerra con Irán se ha convertido en un lastre para un presidente que, en su día, prometió no involucrar al país en conflictos extranjeros. Del mismo modo, la guerra en Ucrania —que Trump juró terminar en su primer día de mandato— ha pasado a representar una promesa incumplida.
Esta semana se reanudarán en los Emiratos Árabes Unidos las conversaciones entre Ucrania y Rusia, mediadas por Estados Unidos. Asimismo, se está preparando una reunión tripartita entre Trump, el líder ruso Vladímir Putin y el líder chino Xi Jinping, prevista para finales de este mes en Shenzhen, China.
Durante más de una década, Trump ha dirigido el Partido Republicano con mano de hierro, eliminando la disidencia y apartando a quienes le fueron desleales. Esa era, como admiten incluso sus propios aliados, está llegando a su fin.
Algunos republicanos señalan que, tras los resultados de esta semana, a Trump le resultará un desafío reafirmar su relevancia. Si bien en el pasado se le consideraba el líder indiscutible del partido, su capital político ha disminuido y muchos empezarán a verlo ahora como un líder en declive —un “pato cojo”— desde una etapa muy temprana.
Trump, sin embargo, lo ve de otra manera: no está dispuesto a renunciar a su papel influyente mientras el partido se prepara para las primarias de 2028.
A diferencia de lo que ocurrió durante el primer año de su segundo mandato —cuando cortaba de raíz cualquier conversación sobre quién sería su sucesor—, el presidente se muestra ahora más abierto a hablar sobre sus perspectivas para 2028, según comentan sus asesores. Una fuente cercana a Trump afirma que el presidente es consciente de que, en el momento en que designe a un sucesor, su condición de líder en declive quedará sellada. Sus asesores indican que es probable que las conversaciones concretas sobre este tema comiencen formalmente en enero.
“No quiero hablar de nombres concretos porque todavía es demasiado pronto para hacerlo”, declaró Trump el martes por la noche. “Aún queda mucho camino por recorrer, pero supongo que ya va siendo hora”.
Durante su campaña presidencial de 2024, Trump abordó la elección de su compañero de fórmula con una pregunta clave en mente: ¿quién sería la persona más adecuada para reemplazarlo en el futuro y mantener viva la antorcha del movimiento MAGA? Ese razonamiento fue fundamental en su decisión de elegir a J. D. Vance.
No obstante, al consultar a su entorno sobre quién debería ser el futuro candidato presidencial republicano, el nombre de Vance no es el único que aparece; el del secretario de Estado, Marco Rubio, también surge con frecuencia.
Según fuentes al tanto de estas conversaciones, Trump ha comentado a sus aliados que quiere observar cómo se desarrollan las primarias, especialmente en sus primeras etapas. Los asesores de Trump que apoyan a Rubio esperan que el presidente tome una decisión más pronto que tarde; señalan que, si bien Rubio es una figura conocida, consideran que necesitará más tiempo que Vance para darse a conocer ante el público estadounidense.
Mientras recorría el país el mes pasado, Trump hizo escasa mención al papel que desempeñaría una vez que abandonara la Casa Blanca. Sin embargo, dejó claro que no tenía intención de renunciar a su autoridad.
“¿Saben? Solo nos quedan poco más de dos años. ¿Pueden creerlo?”, dijo ante una multitud entregada en Sioux City, Iowa, que respondió con abucheos de decepción.
“Pero —continuó—, voy a tener mucho poder cuando me vaya”.
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