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Descifrando la estrategia de Trump para Irán

Análisis por John Miller, CNN

Mientras Estados Unidos despliega más poderío militar en el golfo Pérsico del que esas aguas han visto desde la guerra en Iraq, diplomáticos, generales y oficiales de inteligencia de todo el mundo intercambian conjeturas sobre lo que está pensando el presidente Donald Trump.

En su discurso sobre el Estado de la Unión de este martes, Trump ofreció su explicación más destacada sobre por qué está acumulando activos militares estadounidenses alrededor de Irán, al afirmar que su objetivo es garantizar que el país no obtenga un arma nuclear. Pero no llegó a dar una explicación completa de su objetivo estratégico al amenazar a Teherán con la guerra.

“Quieren llegar a un acuerdo, pero no hemos escuchado esas palabras secretas: ‘Nunca tendremos un arma nuclear’”, dijo Trump durante una sección relativamente breve de su discurso dedicada a Irán. Reiteró que su preferencia es avanzar por la vía diplomática.

Irán, de hecho, ha declarado claramente que no está buscando desarrollar una bomba nuclear.

La Casa Blanca no ha detallado sus objetivos en términos de demandas específicas, líneas rojas o el punto de inflexión que podría detonar una serie de ataques aéreos. Entonces, ¿qué está pidiendo Trump y qué está dispuesto a ofrecer a cambio? Cuando le planteé esta pregunta a un excolega de la comunidad de inteligencia de EE.UU., lo resumió de forma directa: Trump no le está pidiendo a Irán que renuncie a nada que actualmente posea y, a cambio, está dispuesto a ofrecerle casi todo lo que no tiene.

¿Perdón?

Piénsalo de esta manera.

Primero, Trump está pidiendo al régimen iraní que no reconstruya un programa aspiracional de armas nucleares que estaba más cerca de alcanzar. Cuando Israel, y Estados Unidos, afirmaron haber destruido importantes instalaciones de enriquecimiento nuclear el pasado mes de junio, la visión iraní de un programa de armas nucleares quedó mucho más lejos de concretarse.

Segundo, desde hace tiempo los servicios de inteligencia estadounidenses sospechan que Irán desarrolla un programa de misiles balísticos intercontinentales (ICBM, por sus siglas en inglés) que, de concretarse, representaría una amenaza iraní con un alcance mucho mayor que Medio Oriente. Según estimaciones de la Agencia de Inteligencia de Defensa de EE.UU., el programa de ICBM de Irán proporcionaría plataformas para transportar ojivas nucleares a través del mundo. El desarrollo de ese programa tendría que detenerse.

Tercero, durante años Irán ha trabajado a través de su élite Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC, por sus siglas en inglés) para reclutar, entrenar y abastecer a una red de grupos terroristas e insurgentes que denomina el “Eje de la Resistencia”. Esto incluye la extensa red de Hezbollah, gravemente debilitada por ataques y asesinatos selectivos de Israel durante el conflicto con Hamas, así como a los hutíes en Yemen. Irán tendría que comprometerse a no reconstruir esa red fracturada.

Para el líder supremo, en apariencia, los programas de armas nucleares y de ICBM, así como los combatientes aliados ahora debilitados, son cosas que el régimen actualmente no posee. Si Irán aceptara no regenerar esas amenazas, Trump y sus negociadores prácticamente han dicho que se levantarían las duras sanciones económicas, que el estatus de paria de Irán se diluiría y que surgirían oportunidades de crecimiento que beneficiarían tanto al régimen como al pueblo iraní.

Justo este martes, el ministro de Relaciones Exteriores del país declaró explícitamente que Teherán no está persiguiendo una bomba nuclear.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán dijo que Trump repitió “grandes mentiras” sobre Irán en su discurso sobre el Estado de la Unión.

El portavoz Esmaeil Baqaei acusó a la Casa Blanca de llevar a cabo una campaña de “desinformación” contra el país en un comunicado publicado en X el miércoles por la mañana.

Muchos dudan de que Irán esté diciendo la verdad cuando niega buscar armas nucleares. En el pasado, Teherán ha enriquecido uranio a niveles que estarían a un paso técnico de producir material apto para armas.

En última instancia, la agenda de Trump está a la vista. El palo es la armada de buques de guerra apuntando hacia Irán desde todas las direcciones. La zanahoria es cómo podría lucir la vida en un nuevo Irán.

Pero, ¿qué hay del cambio de régimen? ¿No está eso en lo alto de la lista? No necesariamente. Fíjense en el caso de Nicolás Maduro en Venezuela. El presidente Trump destituyó a Maduro de su cargo sacándolo de la cama y enviándolo a una cárcel en Brooklyn. Era un obstáculo. Pero, ¿realmente cambió el régimen? La vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, sigue allí junto con el resto de su gabinete, integrado por algunos de los mismos sectores duros y corruptos del partido PSUV. Esos leales a Maduro han cedido ante las mismas exigencias de EE.UU. que él rechazó. Ahora hacen negocios con el petróleo estadounidense y han cortado lazos con Cuba y China.

En el caso de Irán, ya sea que sea el líder supremo quien cierre este acuerdo o quien quede en pie tras el humo de posibles ataques militares, no está claro que el Gobierno de Trump tenga interés en elegir un nuevo régimen. El cambio de régimen, o intentar forzar la democracia, es una táctica que le ha costado a EE.UU. grandes recursos y sangre.

Trump, tanto en su primer mandato (véanse los Acuerdos de Abraham) como en el segundo (véase el alto el fuego en Israel, la “Junta de Paz”, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, etc.), ha estado enfocado en un reinicio amplio en todo Medio Oriente. La perspectiva de que un Irán debilitado pueda con el tiempo reconstruir programas de armas y redes terroristas solo crea la necesidad recurrente de más ataques. Se convierte en un “Día de la Marmota” de bombarderos furtivos. Cualquier acuerdo con Irán tendría que incluir un proceso de verificación para garantizar que el dinero de una economía más dinámica no vuelva a financiar armas o grupos terroristas.

Para Irán, el análisis de costo-beneficio parecería hacer evidente la elección. Reintegrarse a la economía global como actor relevante suena lógico, pero eso es lo que un analista de inteligencia llamaría “proyección en espejo”: asumir que el adversario pensará el problema de la misma manera que uno. El régimen iraní se construyó a partir de una revolución y del rechazo a la influencia externa, especialmente occidental. Los ayatolás han defendido con firmeza su independencia, a un alto costo para su economía y su población.

En una región donde naciones y líderes miden su valía por la riqueza que otorga respeto y las armas que imponen temor, Irán ha elegido consistentemente construir arsenales en lugar de prosperidad. Puede que este sea el momento de poner a prueba esa postura. Tras protestas masivas pese a una represión violenta y con una economía en colapso, un régimen debilitado podría ceder más que nunca, aunque sea por su propia supervivencia.

Está claro que EE.UU. no puede mantener tantos activos militares concentrados en un solo lugar durante mucho tiempo sin obtener resultados, y se acerca un momento de decisión tanto para Trump como para el líder supremo de Irán, Alí Jamenei. No hacer nada no parece ser una opción.

John Miller es el principal analista de seguridad pública e inteligencia de CNN y fue subdirector adjunto de Inteligencia Nacional en 2009-2010.

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Kevin Liptak y Rhea Mogul, de CNN, contribuyeron con este artículo.

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