El santuario de bisontes que apuesta a la restauración ambiental y una nueva economía en el norte de México
Por Gustavo Valdés y Ivonne Valdés, CNN en Español
En un remoto rincón de Coahuila, estado en el norte de México, 47 bisontes americanos vuelven a pisar la tierra que alguna vez tuvo a su especie como protagonista esencial.
Durante más de dos siglos, su ausencia causada por la intervención humana dejó el ecosistema fragmentado. Ahora, una manada de conservación, reintroducida a la reserva El Santuario por la Fundación Pro Cuatrociénegas, reactiva una historia ancestral que se negó a desaparecer.
Para la nación N’dé —como se llaman a sí mismos, a quienes en español se les dio el nombre “apache”—, el regreso del iyané, bisonte en su lengua, es el reencuentro con un “maestro” que les enseñó el equilibrio entre la tierra, la flora y la fauna. Este pueblo indígena, al igual que los bisontes, habitaba estas tierras en Cuatrociénegas y estuvo a punto de desaparecer tras la llegada de los europeos.
Juan Luis Longoria Granados, líder de la nación y director de Cultura de la Fundación, explicó que actualmente el terreno tiene una sobrepoblación de plantas espinosas que, si bien son nativas, estorban la permeación del agua. “Necesitamos el pastizal porque los pastizales permanentes hacen sus raíces tres o cuatro metros y ayudan a que el agua se quede y ¿quién va a traer el pasto? Pues el iyané”, aseguró Longoria.
Las pisadas de los bisontes crean huecos que retienen la humedad; además, al consumir el pasto seco, se vuelven una barrera natural contra incendios forestales y aumentan la infiltración de agua de lluvia porque estimulan el crecimiento de raíces. “Se le llama un ingeniero del paisaje, un arquitecto del paisaje, porque lo va moldeando, lo va regenerando”, describió Gerardo Ruiz Smith, director de la Fundación.
Aunque los bisontes llevan apenas unos meses en esta tierra, el cambio ya es evidente pues realizan, instintivamente, un trabajo que a los humanos les exigiría maquinaria pesada.
“Ahorita el que tenemos, el macho principal, anda en los 800 kilos. Con todo su peso, su pezuña rompe”, explicó Longoria. “Y cuando se rascan tirándose al piso, lo que hacen ellos son microcuencas, es como si escarbaran; entonces, cae el agua y donde se rascó, donde creó la microcuenca, se retiene el agua y ayuda a que se infiltre, no a que corra, se pierda, se evapora y como si aquí no pasara nada”, detalló.
Empleando una estrategia que busca devolver a la vida silvestre y a los ecosistemas su papel natural, conocida en inglés como rewilding, a estos gigantes gentiles se les tiene libres, habitando más de 3.700 hectáreas de pastizales y matorrales, indiferentes a los humanos visitantes.
El proyecto es liderado por Fundación Pro Cuatrociénegas, el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza, Cuenca Los Ojos, AC, y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp). Según los responsables, además de beneficiar al ecosistema, genera un modelo de que financia la continuidad del proyecto.
Reintroducir al bisonte no es solo una apuesta ambiental; es la semilla para detonar una nueva economía de regeneración en el norte de México. Así lo explicó Ruiz, al plantear un modelo que combine ecoturismo y manejo ecológico de la población para permitir también su aprovechamiento como alimento.
Mientras esa estrategia avanza, los efectos ya comienzan a notarse. Tras un año y medio de monitoreo con cámaras trampa, empezaron a registrarse osos negros, un puma, venados y coyotes que regresan a una zona donde el ecosistema empieza a recuperar su equilibrio. “Es parte de la belleza de la ecología: cuando haces un cambio o regresas un componente clave, empiezan a darse efectos que a veces ni siquiera podemos entender”, dijo Ruiz.
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