Errores comunes sobre sentirse amado, según expertos en relaciones
Por Jessica DuLong, CNN
Piensa en el empresario consolidado y viajero frecuente que asegura cumplir con dos requisitos muy valorados en las aplicaciones de citas: medir más de 1,80 metros y ganar más de seis cifras al año. O en el director ejecutivo que busca una musa atractiva con quien compartir “aventuras internacionales” y un “estilo de vida cuidadosamente seleccionado”. También está el hombre que aparece al volante de un convertible azul y asegura que es “menos imbécil de lo que parece”.
Si navegas por perfiles en aplicaciones de citas, encontrarás publicaciones que destacan una y otra vez tres cualidades específicas: apariencia física, dinero y estatus.
Promocionar atributos relacionados con la apariencia, el dinero y el estatus puede hacer que más personas muestren interés inicialmente. Sin embargo, si lo que se busca es una relación duradera, esa misma combinación podría terminar generando soledad.
La atracción física, la seguridad financiera y la posición social pueden impresionar a otras personas en un primer momento, impulsando la atracción a corto plazo y el interés sexual. Pero, en última instancia, los estudios muestran que generan distancia en lugar de cercanía y pueden obstaculizar una conexión auténtica.
Muchos estadounidenses creen que, si fueran más ricos, exitosos o atractivos, se sentirían más amados, explican la experta en felicidad Sonja Lyubomirsky y el investigador de relaciones Harry Reis.
Sin embargo, la ciencia cuenta una historia diferente.
En lugar de intentar impresionar a los demás, las personas deberían procurar ser conocidas de manera genuina, sostienen los autores en su reciente libro How To Feel Loved: The Five Mindsets That Get You More of What Matters Most (“Cómo sentirse amado: las cinco mentalidades que te acercan a lo que más importa”). Lyubomirsky, profesora distinguida de Psicología en la Universidad de California en Riverside, y Reis, profesor de Psicología en la Universidad de Rochester, en Nueva York, presentan estrategias respaldadas por evidencia para construir vínculos afectivos significativos. Estudios muestran que este tipo de conexiones de calidad tienen efectos tanto sobre la enfermedad como sobre la salud.
Mucho más que algo agradable de tener, una conexión amorosa es una necesidad fundamental para el bienestar.
Esto se debe a que los seres humanos son una especie social. Nuestros cerebros, como mamíferos, interpretan la falta de amor como una amenaza para la supervivencia. Debido a que las raíces de sentirse amado están profundamente arraigadas en las partes más antiguas del cerebro, Lyubomirsky y Reis plantean en su libro que “los seres humanos no habrían sobrevivido como especie sin sentirse amados”.
Décadas de evidencia que demuestran el papel fundamental de las conexiones sociales para la salud mental y física refuerzan esta idea. Además, la influencia que las relaciones románticas y platónicas ejercen a lo largo de la vida de una persona genera preocupación ante el actual deterioro de la salud social.
“La conexión es tan esencial como la comida y el agua”, escribió Kasley Killam en su libro The Art and Science of Connection: Why Social Health Is the Missing Key to Living Longer, Healthier, and Happier (“El arte y la ciencia de la conexión: por qué la salud social es la clave que falta para vivir más tiempo, con más salud y felicidad”).
“Durante los últimos 30 años, el porcentaje de estadounidenses que tienen 10 o más amigos cercanos cayó un 20 %”, explicó Killam. Sin embargo, los estadounidenses siguen deseando relaciones más estrechas.
Aunque más del 75 % de los participantes del American Friendship Project de 2024 dijeron estar satisfechos con la cantidad de amigos que tienen, más del 40 % aseguró no sentirse tan cercano a ellos como le gustaría. Según Killam, experimentar una falta de conexión no solo es desagradable, sino también peligroso. Incrementa el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular, desarrollar demencia y morir de forma prematura.
Si los beneficios de sentirse amado son tan importantes, ¿por qué no somos mejores para construir y mantener esos vínculos? Porque solemos quedar atrapados en creencias erróneas sobre aquello que realmente nos proporcionará el amor que necesitamos, afirman Lyubomirsky y Reis.
Los autores identifican cinco mitos centrales que interfieren con la sensación de sentirse amado:
🚫 Si tan solo fuera más atractivo, poderoso o exitoso.
🚫 Si tan solo pudiera asegurarme de que los demás conozcan mis cualidades y logros.
🚫 Si tan solo pudiera ocultar mis defectos.
🚫 Si tan solo mi pareja hablara mi lenguaje del amor.
🚫 Si tan solo pudiera lograr que mi pareja me amara más.
La investigación muestra que sentirse amado no depende de cambiarnos a nosotros mismos ni de cambiar a los demás. Más bien, depende de transformar nuestras conversaciones.
Para dar y recibir más amor, Lyubomirsky y Reis recomiendan mejorar la manera en que nos comunicamos mediante las siguientes estrategias:
- Escucha para comprender. La próxima vez que participes en una conversación, en lugar de esperar tu turno para responder, silencia tu diálogo interno y escucha como si tu única tarea fuera entender a la otra persona. Pregúntate: ¿cómo es estar en su lugar en este momento?
Prueba esto: escucha sin interrumpir. Asiente con la cabeza, refleja lo que escuchas, formula preguntas de seguimiento y evita dar consejos a menos que te los pidan. Demuestra simplemente que la otra persona importa.
- Muestra una curiosidad genuina mediante mejores preguntas. Ve más allá de un simple “¿cómo estuvo tu día?” con invitaciones a compartir experiencias como: “¿Qué ocurrió esta semana que te hizo reflexionar?” o “¿Qué es algo que la gente suele malinterpretar sobre ti?”.
Prueba esto: haz una pregunta que nunca hayas formulado antes, por ejemplo: “¿Sobre qué tema cambiaste de opinión recientemente?”. Luego escucha atentamente.
- Comparte aspectos importantes de ti mismo de manera gradual. No necesitas revelar tus secretos más profundos de inmediato; empieza con pequeñas cosas.
Prueba esto: en lugar de responder “estoy bien”, comparte algo real, como: “Estoy nervioso por esta presentación de mañana” o algo como “Hoy estoy pasando por un momento difícil”.
- Expresa calidez y amabilidad. Demuestra que te importa el bienestar de otra persona mediante una sonrisa sincera, un tono amable, un mensaje para saber cómo está o un mensaje de texto considerado.
Prueba esto: ofrece un elogio sincero que normalmente guardarías para ti. Los pequeños actos de amabilidad que dejan ver tu afecto se acumulan con el tiempo.
- Muestra compasión sin juzgar. Abre la puerta a la empatía ofreciendo comprensión y reemplazando las etiquetas por preguntas. En lugar de pensar “es egoísta”, pregúntate: “¿Qué carga podría estar llevando en este momento que explique este comportamiento?”.
Prueba esto: amplía la perspectiva. En vez de definir a una persona por un mal momento, considera las circunstancias que podrían estar influyendo. Tal vez esté cansada, estresada, atravesando un duelo o sintiendo miedo. En otras palabras, es humana. Asume que quizá no conoces toda la historia.
Estos enfoques también funcionan en relaciones de largo plazo. A menudo creemos que conocemos completamente a nuestras parejas, pero esa falsa suposición puede impedirnos formular las preguntas curiosas que fomentan una conexión auténtica. Recordarte que no sabes todo sobre la otra persona puede ayudarte a descubrir respuestas sorprendentes.
Otra creencia equivocada que dificulta sentirse amado es pensar que hacer preguntas parecerá una intromisión. En realidad, la mayoría de las personas agradece la oportunidad de hablar sobre sí misma cuando se le pregunta con respeto y desde una curiosidad genuina.
De manera similar, aunque muchos temen compartir demasiada información, las investigaciones muestran que el problema suele ser el contrario: compartir muy poca.
La científica especializada en la toma de decisiones Leslie John sostiene en su libro Revealing: The Underrated Power of Oversharing (“Revelar: el subestimado poder de compartir de más”) que la autorrevelación es una de las herramientas más infravaloradas para construir confianza, conexión e influencia. John considera que revelar aspectos personales es una inversión: un riesgo asumido en favor de la confianza. Mostrar vulnerabilidad es “una de las formas más antiguas y profundamente humanas de construir conexión”, escribió.
Tanto en contextos personales como profesionales, e incluso cuando parece imprudente, compartir más sobre uno mismo puede convertirse en una poderosa herramienta interpersonal. Según John, también tiene efectos positivos “emocionales, mentales y físicos”. Estudios citados por la autora muestran que compartir experiencias puede fortalecer el sistema inmunológico, reducir la depresión e incluso acelerar la recuperación.
Si compartir experiencias ayuda tanto a acercar a las personas, ¿por qué muchas sienten deseos de escapar cuando se enfrentan a un monólogo interminable sobre la vida de alguien? La respuesta es sencilla: las revelaciones unilaterales carecen del intercambio recíproco que ayuda a las personas a sentirse más cercanas.
Compartir de manera efectiva, en formas que realmente fomenten la conexión, no siempre es fácil, señalan Lyubomirsky y Reis. El éxito requiere una sintonía mutua entre las personas, cuando “la interacción fluye con naturalidad y profundiza el vínculo a medida que coordinan sus pasos”.
Aunque algunos tropiezos formen parte inevitable del proceso de aprender este tipo de comunicación, desarrollar conexiones profundas es demasiado importante como para no intentarlo.
Convertirse en un oyente activo y alentador transmite a la otra persona que reconoces su humanidad y deseas su bienestar. Mostrar amor a través de este tipo de atención contribuye a fortalecer sus creencias, su sentido de valor y hasta su autoestima.
Ese es el tipo de amor que tiene más probabilidades de regresar.
No es extraño que algunas personas aseguren que las tres palabras más irresistibles del idioma inglés son: “Tell me more” (“Cuéntame más”).
Si buscas más amor en tu vida, los autores recomiendan realizar un cuestionario desarrollado por Lyubomirsky para los lectores de How To Feel Loved, con el fin de identificar qué actitudes facilitan o dificultan sentirse amado.
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