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Los venezolanos buscan sobrevivientes y un futuro tras los terremotos que agravan años de crisis

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Telemundo 15
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Por Flora Charner, Osmary Hernández y Camille Rodríguez Montilla, CNN

Los venezolanos enfrentan una dura pregunta: después de años de crisis económica y política, y ahora tras dos devastadores terremotos, ¿puede el país recuperarse o las fracturas son ya demasiado profundas?

Los equipos de rescate y los vecinos siguen buscando sobrevivientes mientras se conoce con mayor claridad la magnitud del desastre: más de 1.400 personas han muerto y miles más siguen desaparecidas.

“Se vienen días muy difíciles”, dijo Neida Pernilla, residente de Caracas. Su apartamento en la capital venezolana quedó destruido por los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron al país el miércoles con apenas segundos de diferencia. Aun así, asegura que está entre las más afortunadas: ella y sus familiares sobrevivieron.

“Creo que tenemos que aprender de todo lo que estamos viviendo. Que la vida es pasajera, apenas un instante. Tenemos que darle gracias a Dios, a la Virgen, o a aquello en lo que tengamos fe, porque seguimos vivos. También debemos ser más humanos, más solidarios y más humildes”.

Los terremotos afectaron tanto a ricos como a pobres y golpearon a millones de personas, especialmente en el norte del país. La presidenta interina, Delcy Rodríguez, dijo a los venezolanos que no están solos. Sin embargo, décadas de mala gestión económica han dificultado la respuesta del Gobierno a este desastre natural, que se suma a una crisis humanitaria de larga data.

Los habitantes han comenzado a tomar productos de primera necesidad de comercios en la ciudad portuaria de La Guaira, una de las zonas más afectadas.

Los alimentos y el agua potable escasean en la ciudad, situada a unos 32 kilómetros de la capital, pero que ahora permanece en gran parte aislada por el colapso de carreteras y los daños en los puentes.

“Somos las propias familias las que hemos intentado remover los escombros para encontrar a nuestros seres queridos”, dijo Mileidy Duque, de 43 años. “Mi madre, de 82 años; mi hermano; mi hija y el novio de ella siguen desaparecidos”.

Su familia vivía en el segundo piso del edificio Luisa Cáceres de Arismendi, un complejo de viviendas del Gobierno inaugurado por el derrocado presidente Nicolás Maduro en 2015.

“Esta situación es muy triste, no solo para mí, sino para toda Venezuela. No tengo palabras para explicar lo que se siente pensar que tu familia está atrapada ahí”, dijo Duque a CNN. “Siento que tengo las manos atadas. Es muy difícil”.

La hermana y el cuñado de Lindomar Milla figuran entre las víctimas mortales identificadas en el sector Playa Los Cocos, en La Guaira.

“Estoy destrozado, pero le doy gracias a Dios porque sé dónde están”, dijo Milla a CNN mientras permanecía frente a la morgue de Caracas, donde fueron trasladados los cuerpos. “Hay familias de todo el país que todavía no saben si sus seres queridos están vivos o muertos. Es muy doloroso”.

Muchos habitantes de La Guaira recuerdan otra tragedia, cuando la ciudad fue devastada por enormes deslizamientos de tierra tras lluvias torrenciales en diciembre de 1999. Nunca se publicó una cifra oficial de fallecidos, aunque investigadores de la Universidad Central de Venezuela estimaron que murieron cerca de 15.000 personas.

“Esto fue mucho peor que los deslizamientos”, afirmó Milla. “Todavía hay muchísimas personas buscando a sus seres queridos. Hay quienes viajaron a La Guaira y encontraron que los edificios donde vivían sus familiares ya no existen”.

Cientos de réplicas han seguido sacudiendo edificios y poniendo a prueba los nervios de la población, mientras transcurren las llamadas 72 horas de oro, el período en el que es más probable encontrar con vida a personas atrapadas bajo los escombros.

Cada rescate de un sobreviviente desata aplausos y gritos de alegría, breves momentos de alivio que contrastan con el dolor y la tensión que se perciben en las calles.

Pero miles de personas siguen desaparecidas. A medida que pasan los días y el calor tropical se intensifica en las zonas afectadas, muchas personas han comenzado a usar mascarillas para protegerse del olor de la muerte y la descomposición.

“He sentido muchísimo dolor e incertidumbre”, dijo Susana Henríquez detrás de la cinta amarilla que le impedía acercarse a lo que queda del complejo residencial Petunia, en el barrio caraqueño de Palos Grandes. Antes del terremoto, dos torres se alzaban entre calles arboladas dentro de un conjunto cerrado. Henríquez logró escapar de su vivienda en Petunia II. La otra torre colapsó.

“Queremos confiar en que nuestros vecinos de Petunia I serán rescatados con vida”, dijo Henríquez a CNN.

Su historia recuerda la dimensión humana de la tragedia y las vidas que hay detrás de las cifras. Más que números, los desaparecidos son amigos y familiares con nombre propio.

“Tengo muchísimos amigos allí”, dijo Henríquez mientras contenía las lágrimas.

Muchas familias en Venezuela están acostumbradas a vivir con muy poco. Los alimentos cuestan más de lo que la mayoría puede ganar, incluso trabajando en varios empleos, y la crisis económica, sumada a un Gobierno represivo, ha llevado a millones de venezolanos a buscar una vida mejor en la vecina Colombia o en países más lejanos, como EE.UU., desde donde envían dinero cuando pueden.

Ahora, los venezolanos se están organizando para reunir agua, medicamentos, alimentos y ropa para las personas afectadas por los terremotos.

Mariana Sánchez, una estudiante de 20 años, recorría Caracas con una bolsa de suministros para quien los necesitara.

“Un grupo de amigos decidió reunirse y empezar a recolectar alimentos y otros insumos para llevarlos a las personas afectadas. También he visto a varios grupos universitarios organizándose de esta manera”, contó. “La gente está muy agradecida. Es en momentos como este cuando los venezolanos nos unimos y nos ayudamos mutuamente. Es muy inspirador”.

También se han instalado centros de acopio en ciudades con una gran población venezolana, como Miami, Nueva York y Madrid.

“Por muchos años que hayan pasado desde que me fui de Venezuela, siempre me dolerá ver sufrir al país”, dijo a CNN Marcos Mirabal, residente de Miami, durante una jornada de recolección de donaciones. “Traje pañales, linternas y ropa. Mis hijas tienen muchísima ropa y hay muchísimos niños en el país que están sufriendo en este momento”.

Quienes no están completamente absorbidos por la supervivencia cotidiana también se preguntan si la respuesta habría sido más rápida si Venezuela contara con mejores servicios de emergencia, equipos más adecuados o una mayor inversión para fortalecer su infraestructura frente a un riesgo conocido.

“Es increíble que estemos en 2026 y este país siga funcionando de esta manera”, dijo Gustavo Quintero a CNN. “Tenemos que buscar los nombres de nuestros seres queridos en hojas de papel escritas a mano; los bomberos no tienen los recursos necesarios para ayudar a la gente. No existe ni la logística mínima”.

Venezuela ha atravesado décadas de dificultades, pero para personas como Miguel Martínez, un estudiante de Derecho de 18 años, la prioridad ahora es una sola: saber si su compañero de clase podrá ser rescatado con vida. Quizás entonces sea posible volver a pensar en un futuro mejor.

“Nunca nos rendimos”, dijo Martínez a CNN. “Ya hemos pasado por muchísimas cosas y, cuando llegan los momentos difíciles, lo único que podemos hacer es apoyarnos unos a otros”.

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