Milei resetea su gobierno para alejarse de los escándalos y con la mente en su reelección

Análisis por Emiliano Giménez
Fueron más de cien días de una crisis política que se llevó todo por delante. No hubo durante ese lapso ninguna noticia en Argentina que pudiera igualar la potencia de las novedades sobre las presuntas irregularidades patrimoniales de Manuel Adorni, jefe de Gabinete del presidente hasta el sábado, y antes su vocero. El escándalo devoró la difusión de algunos datos que empezaron a revelar cierta reanimación de la economía. Ni siquiera el comienzo de la participación de la selección argentina en el Mundial de fútbol logró que se disipe la crisis por la resistencia de Adorni, que se rehusó a dimitir durante todo este tiempo.
Lo que fue presentado como una renuncia del funcionario en una extensa carta, se trató en realidad del corolario de una situación que ya no tenía vuelta atrás. Al ministro saliente solo lo apoyaba públicamente el presidente, y en el Congreso se preparaba una moción de censura para sacarlo del gobierno.
Los problemas para Adorni comenzaron en marzo, cuando se supo que su esposa había viajado en el avión presidencial con destino a Nueva York, en el marco de la realización del “Argentina week”, una actividad promocional para captar inversiones. El ex funcionario justificó el viaje de su cónyuge con argumentos que fueron la matriz del escándalo.Dijo que necesitaba de su mujer porque era su compañera de vida y que se había ido a “deslomar” una semana a Nueva York, por la supuesta intensidad de las actividades oficiales. Aquel verbo se viralizó y quedará seguramente en la memoria histórica de los argentinos.
Más allá de su renuncia, las causas contra Adorni siguen su camino en la justicia. Al día de hoy, se lo investiga por enriquecimiento ilícito e inconsistencias patrimoniales, al ser denunciado por la compra de inmuebles, bienes y gastos incompatibles con su nivel de ingresos.
El exjefe de Gabinete y vocero presidencial ensayó distintas defensas durante más de tres meses. Postergó casi hasta el límite la presentación de su declaración jurada de ingresos, mientras seguían apareciendo presuntas inconsistencias. Frente a la imposibilidad de empatar gastos con ingresos, adujo durante su última entrevista brindada al canal La Nación + que en realidad su crecimiento patrimonial se debía a inversiones en criptomonedas que había hecho muchos años atrás. Fue la gota que rebasó el vaso.
La carta de renuncia fue su último alegato. Sin ninguna autocrítica, le agradeció al presidente por su confianza y sostuvo que todas las acusaciones en su contra son mentiras. “Me han tratado de delincuente y corrupto sin un solo hecho de corrupción sobre mis espaldas. No puedo seguir exponiendo a gran parte de la gente que quiero a esta carnicería mediática”, agregó. Es cierto que Adorni se fue del Gobierno sin haber sido llamado por la justicia a prestar declaración indagatoria y sin haber sido procesado en ninguna causa.
No obstante, Milei le aceptó la renuncia de inmediato y no quiso convencerlo de que cambiara su decisión. Lo hizo a pesar de seguir considerándolo inocente, según dijo. Admitió que no quería echarlo y entendió que se alejara porque estaba en riesgo su familia, por supuestas amenazas sobre las que no se ha presentado ninguna prueba.
Para el presidente, no fue una dimisión cualquiera. Adorni formaba parte de su círculo de máxima confianza y era la mano derecha de su hermana y secretaria general de la Presidencia, Karina Milei. Como vocero, era el encargado de transmitir el pensamiento de Milei en cada una de sus conferencias de prensa. Y luego fue ascendido nada menos que a ser el jefe de todos los ministros y quien administra el presupuesto del Estado nacional, un rol clave para la relación con los gobernadores de las provincias.
La crisis política que se generó por el caso y los motivos que la provocaron resultaron además un golpe en la línea de flotación de la batalla cultural que Milei sostiene como uno de sus más importantes argumentos políticos. La tenida con los comportamientos tradicionales de la política no se compadece con la renuncia de un funcionario por sospechas de corrupción. Dicho de otro modo: los motivos del alejamiento de Adorni se relacionan con las formas de la “casta política” que el presidente prometió combatir. En la disputa de lo nuevo frente a lo viejo, Adorni le pegó una bofetada al proyecto conceptual del presidente que promueve a la moral como política de Estado.
Con la salida de Adorni, se abre una nueva etapa en el gobierno argentino. Milei ocupó los dos casilleros vacantes (vocero y jefe de Gabinete) con funcionarios de un perfil distinto, una forma de enviar un mensaje a la sociedad, pero también puertas adentro. Diego Santilli, ministro del Interior hasta el sábado, fue el seleccionado para ser el nuevo jefe de Gabinete. Es un dirigente de una larga trayectoria política, de buena relación con la mayoría de los gobernadores y ya ocupó cargos en la función pública durante otros gobiernos. De origen peronista, Santilli pertenece al PRO, el partido del expresidente Mauricio Macri. La mayoría de los analistas sostienen que se trata de un hombre de diálogo y consenso, algo que muchos le reclaman al gobierno. Es posible encontrar en esta designación un cambio de estilo, pero también de fondo, dada la diferencia de músculo político entre Santilli y su antecesor.
Adrián Ravier es el nuevo vocero del presidente. Es economista y docente universitario. Hasta el llamado de Milei, se desempeñaba como diputado nacional por la provincia de La Pampa. Otro cambio de rumbo, al menos preliminarmente. Del estilo confrontativo y provocador de Adorni, el presidente decidió saltar a un vocero con un perfil más moderado y de buen diálogo con los periodistas. Todavía es muy pronto para saber si sostendrá ese cariz o la voracidad de la batalla cultural lo convertirá en otra cosa.
El presidente procura de esta manera dar vuelta la página y volver a encauzar la agenda. Reclama que ahora sí se hable de los logros económicos de su gestión y ya no de los escándalos de corrupción de los últimos meses. Incluso se animó a decir en una entrevista con La Nación + que “la economía va a ser una fiesta si me reeligen”, un punto de partida inequívoco para una nueva etapa.
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