China incumple objetivo de crecimiento por primera vez desde la pandemia, mientras guerra en Irán afecta el comercio mundial

Por Stephanie Yang y John Liu, CNN
China está teniendo dificultades para contrarrestar los desafíos económicos tanto a nivel nacional como internacional y, como resultado, su economía creció a un ritmo más lento de lo esperado en el segundo trimestre del año.
El miércoles, la Oficina Nacional de Estadística de China anunció que la economía creció un 4,3 % en el trimestre que finalizó el 30 de junio, en comparación con el mismo período del año anterior.
Las cifras, que no alcanzaron las expectativas de un crecimiento del 4,5 %, constituyen un raro reconocimiento de debilidad económica por parte de China, que durante mucho tiempo ha trabajado para apuntalar la actividad industrial con inversiones en infraestructuras y exportaciones.
Esto ocurre a pesar de que China se ha fijado como objetivo una expansión del 4,5-5 % este año, la más baja desde que Beijing empezó a anunciar estas cifras a principios de la década de 1990.
En 2020, las autoridades decidieron no establecer ningún objetivo durante la pandemia de la covid-19.
Los datos económicos más débiles son una señal de que el lento consumo interno está contrarrestando la reciente fortaleza de las exportaciones chinas, y el país no es inmune a la agitación económica causada por la guerra en Irán.
“No hay demanda interna, todo gira en torno a las exportaciones. Francamente, es bastante insostenible”, declaró Alicia García-Herrero, economista jefe para Asia Pacífico de la firma financiera Natixis.
La desaceleración del sector inmobiliario y la difícil situación del mercado laboral han provocado que los consumidores chinos se muestren reacios a gastar, incluso con el crecimiento económico a un ritmo relativamente constante.
A principios de esta semana, Beijing presentó su primer plan político quinquenal para impulsar el consumo y elevar las ventas minoristas anuales a unos US$ 9 billones para 2030.
La inversión industrial e inmobiliaria se desplomó en el primer semestre del año, lo que indica que estos pilares tradicionales de la economía china están perdiendo fiabilidad para compensar la desaceleración del consumo.
La inversión en activos fijos disminuyó un 5,7 % interanual, mientras que la inversión inmobiliaria cayó un 18 %.
“Son los peores datos posibles para invertir”, indicó García-Herrero. “Aunque la infraestructura sea la solución, esto no es suficiente”.
Las cifras del miércoles se producen tras un inicio de año mejor de lo esperado para China, que registró un crecimiento del 5 % en el primer trimestre.
Las exportaciones chinas en el segundo trimestre aumentaron un 27 %, superando las expectativas de los analistas gracias al fuerte comercio de semiconductores y componentes informáticos.
Pero a pesar de la creciente demanda internacional de productos chinos, el consumo interno sigue siendo un punto débil crítico en el desarrollo económico del país.
Esta divergencia pone de manifiesto una economía bidireccional cada vez más marcada en China: las tecnologías avanzadas impulsan su pujante motor exportador, mientras que la demanda de bienes de consumo se estanca en el mercado interno.
Los analistas señalan que la persistencia de esta debilidad subyacente también plantea la cuestión de si las autoridades chinas recurrirán a mayores estímulos fiscales para intentar impulsar el gasto interno.
“Si bien un paquete de estímulo a gran escala parece improbable, las medidas selectivas y específicas para incentivar el consumo y la inversión podrían ayudar a estabilizar el dinamismo económico de China”, comentó Woei Chen Ho, economista de UOB especializado en los mercados de la Gran China.
Las ventas minoristas, un indicador clave del consumo, aumentaron un 1 % interanual en junio, según los datos publicados el miércoles. La cifra mensual se recuperó de su primer descenso desde diciembre de 2022, registrado en mayo.
El aumento de los costos energéticos durante la guerra en Irán ha ayudado a China a salir de uno de sus períodos de deflación más prolongados, mientras el país lidia con el exceso de capacidad industrial y la débil demanda interna.
Los precios mundiales del crudo alcanzaron los US$ 114 por barril en mayo, debido a que los ataques en Medio Oriente y el cierre efectivo del estrecho de Ormuz interrumpieron el suministro procedente del Golfo.
Sin embargo, la continuación de los ataques entre Estados Unidos e Irán podría suponer un desafío para la economía china.
Si bien China se ha protegido de las perturbaciones generalizadas en el suministro, el encarecimiento del combustible y las materias primas podría afectar la confianza del consumidor y perturbar la producción manufacturera.
“La posibilidad de que se reanude el conflicto en Medio Oriente es una posibilidad real que podría prolongar la volatilidad de los precios de las materias primas, amenazar aún más las cadenas de suministro, elevar los precios y afectar negativamente a las condiciones financieras”, escribió el Fondo Monetario Internacional en su informe de julio.
A principios de este mes, el FMI revisó al alza su pronóstico de crecimiento para China este año, del 4,4 % al 4,6 %, gracias al buen desempeño de la manufactura de alta tecnología y las exportaciones.
Asimismo, la organización financiera revisó a la baja su perspectiva de crecimiento global, del 3,1 % al 3,0 %.
La resiliencia energética de China y su capacidad para producir bienes de forma rápida y económica para otros países han ayudado a mitigar parte del impacto económico de la guerra en Irán.
A medida que las enormes inversiones en inteligencia artificial y centros de datos han impulsado la demanda de hardware informático, los fabricantes chinos están aprovechando esta oportunidad.
Sin embargo, sin una fuerte actividad de gasto interno, la gran dependencia de las exportaciones hace que China sea particularmente vulnerable a un cambio en la percepción de la IA, lo que afectaría las ventas de productos de alta tecnología.
En una nota de investigación publicada esta semana, Macquarie señaló que los chips, las piezas de ordenador y los equipos eléctricos representaron aproximadamente la mitad del crecimiento de las exportaciones de China en el primer semestre del año.
Según analistas de Macquarie, “la demanda externa ha sido el punto fuerte de la economía china en lo que va de 2026”. “La solidez de la demanda externa determinará, a su vez, cuánto tendrá que hacer Beijing para impulsar la demanda interna”.
La crisis petrolera derivada del conflicto en Irán también ha impulsado la demanda de tecnologías de energía limpia chinas, como baterías y vehículos eléctricos, ya que los principales importadores de energía han buscado maneras de reducir su dependencia de los combustibles fósiles.
Los datos comerciales publicados esta semana mostraron que las exportaciones mensuales de automóviles de China superaron el millón de unidades por primera vez en junio.
Mientras tanto, las importaciones aumentaron un 36 % interanual, alcanzando su nivel más alto en cinco años, incluso cuando China redujo las compras mensuales de crudo a mínimos de casi una década, con una caída del 41,3 % en comparación con el mismo período del año anterior.
El superávit comercial de China, que se amplió a US$ 125.620 millones en junio, podría exacerbar las tensiones con sus socios comerciales en todo el mundo, incluida la Unión Europea, que ha criticado a China por inundar su mercado con exportaciones industriales.
Un portavoz de la aduana china declaró el martes que el país seguirá ampliando las importaciones para promover un desarrollo equilibrado del comercio.
Sin embargo, el reciente acercamiento en las relaciones entre Estados Unidos y China tras la visita del presidente Donald Trump a Beijing en mayo podría allanar el camino para un mayor comercio e inversión entre ambos países.
Los envíos al exterior con destino a Estados Unidos aumentaron un 26 % interanual en junio, un mes después de registrar el ritmo más rápido desde principios de 2021.
Julian Evans-Pritchard, jefe del departamento de economía de China en Capital Economics, escribió el miércoles que, si bien se esperaba desde hace tiempo una desaceleración del crecimiento, los datos económicos recientes contenían algunas señales prometedoras de estabilización de la actividad del consumidor.
Aún más destacable fue la decisión de China de publicar cifras del PIB inferiores a las directrices oficiales, añadió, lo que podría otorgar al Gobierno mayor flexibilidad en el futuro para registrar un crecimiento más lento que refleje con mayor precisión la realidad económica.
“Las autoridades parecen dispuestas a frenar la sobreestimación de datos y permitir que el crecimiento publicado se sitúe cerca del límite inferior de su rango objetivo”, afirmó Evans-Pritchard en un informe de investigación. “De ser así, las cifras del PIB no deberían interpretarse como una señal de que la economía se está desacelerando bruscamente de repente”.
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