Skip to Content

Empresa afirma que puede ayudar a enfriar el planeta por US$ 10.000 millones al año. Los científicos dan la voz de alarma

<i></i><br/>
Telemundo 15
<i></i><br/>

Por Laura Paddison, CNN

Una empresa tiene un plan que suena sencillo para ayudar a salvar el planeta: tomar un aditivo alimentario y el mineral que endurece las cáscaras de huevo, producir partículas diminutas a partir de ellos, rociarlas en la atmósfera y enfriar el mundo.

Stardust Solutions, una empresa israelí-estadounidense fundada en 2023 y dirigida por dos exfísicos nucleares del Gobierno israelí, está avanzando en la carrera por desarrollar la geoingeniería solar, una tecnología controvertida destinada a reducir artificialmente las temperaturas globales atenuando la luz solar.

Existen muchos métodos diferentes de geoingeniería solar, pero quizás el más investigado —y en el que se centra Stardust— consiste en rociar diminutas partículas en la estratosfera desde aeronaves o globos de gran altitud para reflejar la energía del sol, alejándola de la Tierra y devolviéndola al espacio.

Se trata de una versión artificial de un fenómeno natural.

Las erupciones volcánicas a veces liberan tanto dióxido de azufre a la atmósfera que pueden reducir temporalmente las temperaturas globales.

En 1991, la erupción del Monte Pinatubo en Filipinas inyectó suficiente dióxido de azufre en la atmósfera como para producir un enfriamiento de 0,9 grados Fahrenheit (0,5 grados Celsius) durante más de un año.

A medida que los seres humanos queman combustibles fósiles y calientan el planeta, la cuestión de si la geoingeniería solar puede y debe pasar de la teoría a la realidad está cobrando cada vez más importancia.

La tecnología es una “herramienta fundamental” que los Gobiernos deberían tener en cuenta, dado a que el termostato global alcanza temperaturas alarmantemente altas, afirmó el director ejecutivo de Stardust, Yanai Yedvab, aunque recalcó que no es una solución milagrosa para el cambio climático ni un sustituto para abordar sus causas profundas.

Sin embargo, muchos científicos han expresado su temor a que la geoingeniería solar pueda tener consecuencias globales desastrosas, incluyendo alteraciones drásticas en los patrones climáticos.

Además, algunos expertos alertan sobre el hecho de que una empresa con fines de lucro esté desarrollando tecnología patentada que podría tener repercusiones enormes e impredecibles.

“Cuando el destino del mundo entero está en juego, satisfacer las necesidades de los inversores de capital de riesgo en cuanto a beneficios no debería influir en absoluto en las decisiones sobre qué se debe implementar, si es que se debe implementar algo”, afirmó Raymond Pierrehumbert, profesor de física planetaria en la Universidad de Oxford.

Los científicos llevan décadas investigando la geoingeniería solar, pero están empezando a surgir empresas privadas.

De todas ellas, Stardust es probablemente la más destacada, sobre todo porque es la que cuenta con mayor financiación, habiendo recaudado US$ 75 millones de inversores.

La empresa se formó a raíz de la pandemia. Yedvab y su cofundador, Amyad Spector, se decantaron por la geoingeniería solar mientras exploraban formas de ayudar a abordar la crisis climática.

En lo que respecta a la pulverización de partículas en la atmósfera, la mayor parte de la investigación y el desarrollo en geoingeniería solar se centra en el dióxido de azufre, imitando las erupciones volcánicas.

Sin embargo, el dióxido de azufre puede tener impactos negativos, como contribuir a la lluvia ácida y al agotamiento de la capa de ozono.

Según Yedvab, Stardust buscaba desarrollar un material “mejor, más seguro y controlable”.

A principios de este año, la compañía reveló el diseño de sus partículas en una serie de artículos científicos, que aún están pendientes de revisión por pares.

La empresa ha producido dos tipos de partículas: una a partir de sílice amorfa, comúnmente utilizada como aditivo antiaglomerante en alimentos, pasta de dientes y cosméticos. La otra está hecha de un núcleo de carbonato de calcio, el componente principal de las cáscaras de huevo, rodeado por una capa de sílice amorfa.

Ambos compuestos se encuentran en la naturaleza, pero pueden crearse sintéticamente. Y son sustancias de uso común, afirmó Yedvab.

Por ejemplo, en 2016 se vertió sílice amorfa en el metro de la ciudad de Nueva York como parte de una prueba del Departamento de Seguridad Nacional diseñada para simular los efectos de un posible ataque biológico.

Esta anécdota ilustra la seguridad que se le atribuye a la sílice, añadió Yedvab.

Según Yedvab, cada millón de toneladas de partículas producirían un enfriamiento de 0,9 grados Fahrenheit y sería necesario reponerlas anualmente.

El despliegue de cada millón de toneladas costaría aproximadamente US$ 10.000 millones.

Reconoció que es una cantidad considerable, pero aun así representa una pequeña fracción del daño que ya están causando los desastres relacionados con el cambio climático.

Pero los expertos han expresado su preocupación.

Además de sentir inquietud ante los intentos de las empresas privadas por alterar el clima, a algunos también les preocupan las repercusiones en el clima y la meteorología globales, así como en la salud humana.

David Keith, profesor de ciencias geofísicas en la Universidad de Chicago, conocido por su investigación en geoingeniería solar, afirmó que Stardust está “exagerando enormemente al decir que confían en que los riesgos [de sus partículas] son ​​menores que con el azufre”.

Una de las preocupaciones es la “hipótesis del polizón”: que las partículas en el aire pueden recoger metales u otras sustancias que pueden causar daño cuando las personas las inhalan.

Stardust afirmó que el diseño de sus partículas tiene en cuenta estos riesgos, pero no está claro si funcionarán a gran escala ni cómo podrían comportarse en la atmósfera, manifestó Kelly Wanser, directora ejecutiva de SilverLining, una organización sin fines de lucro dedicada a la investigación climática.

“La geoingeniería solar aborda algunos de los aspectos menos comprendidos del sistema climático”, comentó Pierrehumbert, y agregó que ningún experimento a pequeña escala puede indicar cómo responderían los sistemas terrestres a un despliegue a gran escala.

Hasta ahora, la empresa ha limitado sus pruebas al laboratorio.

El siguiente paso es realizar pruebas al aire libre, pero la experiencia sugiere que esto será complicado.

Los planes de científicos de Harvard para realizar vuelos de prueba de geoingeniería solar en el Ártico sueco fueron abandonados en 2021 tras una intensa oposición local.

Un experimento no autorizado de la startup estadounidense Make Sunsets en México en 2022 llevó al país a prohibir los experimentos de geoingeniería solar.

Stardust, que espera comenzar las pruebas al aire libre en los próximos años, solo las realizaría “bajo la supervisión y la guía directa de los Gobiernos”, afirmó Yedvab.

Comparó el proceso con las pruebas de medicamentos que salvan vidas. Comenzarían con pruebas a muy pequeña escala, con criterios de éxito claramente definidos, antes de pasar a pruebas a mayor escala.

La empresa afirma que ya está colaborando con los responsables políticos para intentar establecer un marco regulatorio en torno a las pruebas. Según Yedvab, las decisiones sobre si la tecnología se implementará alguna vez corresponden exclusivamente a los Gobiernos.

Sin embargo, algunos expertos afirman que Stardust es una empresa con fines de lucro que tiene un incentivo financiero para el despliegue de esta tecnología, lo que ha generado preocupación.

“La tecnología patentada y los motivos de lucro son incompatibles con la transparencia necesaria para legitimar la investigación [en geoingeniería solar]”, escribió Keith en una publicación de blog el año pasado.

Sarah Doherty, profesora asociada de ciencias atmosféricas en la Universidad de Washington, que dirige un equipo de investigación sobre geoingeniería solar, señaló: “La ciencia actual no respalda la realización de apuestas financieras ni la orientación de la sociedad hacia enfoques específicos”.

Yedvab afirmó que la mayoría de las tecnologías revolucionarias que benefician a la humanidad han sido creadas por empresas con fines de lucro, aunque a menudo se basan en la investigación académica.

Pero lo que está en juego es sumamente importante. La geoingeniería solar podría abrir la puerta a una serie de consecuencias imprevistas, incluyendo la posibilidad de alterar los patrones de lluvia y modificar los monzones, lo que podría tener grandes repercusiones en la producción de alimentos, afirman los científicos.

Quizás lo más alarmante sea la perspectiva del “choque de terminación”. Esta idea plantea que, una vez iniciada, la geoingeniería solar tendría que mantenerse indefinidamente.

Si se detuviera repentinamente, “el mundo se enfrentaría entonces a un calentamiento catastrófico y repentino que se desarrollaría en tan solo unos años”, afirmó Pierrehumbert.

Stardust afirma que su tecnología se puede ajustar, lo que significa que el despliegue se puede reducir gradualmente. Las partículas caen de la atmósfera después de aproximadamente un año, “por lo que el nivel de enfriamiento sigue siendo una opción ajustable y continua en manos de los Gobiernos, y se puede evitar el choque térmico”, indicó Yedvab.

Algunos siguen sin estar convencidos. Un estudio reciente concluyó que el despliegue de esta tecnología traería consigo una “profunda incertidumbre sistémica” y el “potencial de desestabilizar aún más el sistema climático global”.

También abundan cuestiones éticas espinosas, como quién decide cuándo y cómo se implementa la geoingeniería solar, quién la financia y qué sucede si algunos países se benefician mientras que otros resultan perjudicados.

“Me preocupa que las decisiones sobre si, cuándo y cómo implementar la ingeniería solar no las tomen los países pobres, sino los países ricos y los inversores privados”, señaló Chukwumerije Okereke, profesor de gobernanza global y políticas públicas en la Universidad de Bristol.

Además, existe el temor de que esta tecnología se utilice como excusa para no reducir drásticamente la contaminación que calienta el planeta, lo que implica disminuir significativamente la cantidad de combustibles fósiles que quemamos.

Según Yedvab, esta es una “preocupación válida”, pero debe sopesarse con lo que él denominó “imperativos morales”.

El argumento de Stardust es que, a medida que los impactos del cambio climático se vuelven cada vez más graves y mortales, los Gobiernos deben contar con alternativas.

Según Yedvab, la geoingeniería solar podría “darle a la humanidad las décadas necesarias” para abordar las causas subyacentes del cambio climático. “Creo que el verdadero riesgo es que dentro de una década los Gobiernos tengan que decidir si deben implementar esta opción sin haberla estudiado adecuadamente y sin tener alternativas seguras a su disposición”.

The-CNN-Wire
™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.

Article Topic Follows: CNN - Spanish

Jump to comments ↓

CNN Newsource

BE PART OF THE CONVERSATION

News Channel 3 is committed to providing a forum for civil and constructive conversation.

Please keep your comments respectful and relevant. You can review our Community Guidelines by clicking here

If you would like to share a story idea, please submit it here.