¿Desafío o negación? La burbuja que creó el Manchester City, adornada con plátanos inflables

Por Ben Church, CNN
Adentrarse en las lujosas instalaciones del Etihad Stadium, del Manchester City, antes del partido de la Liga de Campeones del miércoles contra el Paris Saint-Germain, daba la sensación de estar entrando en un universo paralelo.
A pesar de todas las críticas que han arreciado contra el club desde que fue declarado culpable de más de 100 cargos relacionados con irregularidades financieras, uno podría llegar a pensar que aquí no ocurre nada.
En las últimas semanas, muchos han tildado al equipo de la Premier League de tramposo y mentiroso. Los seguidores del club han tenido que ver cómo se menospreciaban sus éxitos pasados y cómo ellos mismos se convertían en objeto de burlas. Un aficionado, de hecho, me contó que le gritaron en un supermercado simplemente por llevar los colores del equipo.
Pero, a pesar del aluvión de ataques desde todos los frentes, el City ha defendido su inocencia: ha recurrido el veredicto y ha asegurado a sus jugadores, a su personal y a su afición que es totalmente inocente, argumentando que, en realidad, es víctima de una “caza de brujas”.
Este mensaje ha calado bien dentro del club, al menos de cara a la galería. El entrenador, Enzo Maresca, ha sorteado con una sonrisa una batería de preguntas incómodas sobre el asunto, mientras que los jugadores —tanto los actuales como los de etapas anteriores— han mantenido una postura alineada con la versión oficial.
Los aficionados, por su parte, también están desempeñando su papel. En medio de una tormenta ajena a ellos, muchos han decidido seguir el juego, disfrutando incluso de su rol de grandes villanos del fútbol inglés.
No es que los seguidores estuvieran llorando en las gradas, preocupados por las posibles sanciones —ya fueran la prohibición de realizar fichajes, la deducción de puntos o incluso el descenso de la Premier League—.
Al contrario, el miércoles, las zonas comunes del estadio estaban llenas de grupos de aficionados que daban por hecho que el recurso prosperaría. El optimismo —ciego o no— era la nota predominante.
Para reforzar esa ilusión, antes del pitido inicial se ofreció un espectáculo de luces acompañado de un montaje que recordaba ocasiones pasadas en las que el City logró superar situaciones adversas. Era otro mensaje, apenas disimulado, para tranquilizar a la afición.
Y, a pesar de la contundente derrota por 4-2 ante el PSG, no hubo ni rastro de fisuras en la unidad del club.
A diferencia de lo ocurrido en Liverpool el pasado fin de semana, donde el equipo fue abucheado de principio a fin, el Etihad se sintió este miércoles como un auténtico oasis.
Si uno desconociera el contexto o no hubiera seguido las noticias sobre las posibles sanciones que se ciernen sobre el City, pensaría que se trata de un club en el que todos sus integrantes están perfectamente alineados.
Impregnados de una mentalidad de “nosotros contra ellos”, la unidad entre los jugadores, el entrenador y la afición resulta casi envidiable.
Ante tal adversidad, los seguidores han optado por una dosis de humor negro, simbolizado por cientos de plátanos amarillos hinchables que salpicaban las gradas, llenas hasta la bandera durante un apasionante encuentro contra el PSG.
Incluso cuando el City iba por detrás en el marcador, los plátanos se agitaban con entusiasmo por todas partes.
Sin embargo, esta peculiaridad tiene su razón de ser. Los hinchables son un guiño a la década de 1980, cuando el Manchester City descendió a la segunda categoría del fútbol inglés.
En un intento por aligerar el ambiente en el club por aquel entonces, los aficionados apodaron a su delantero de la época, Imre Varadi —un jugador trotamundos—, como “Imre Banana”, y desde entonces han seguido llevando estos objetos hinchables a los estadios.
En las circunstancias actuales, esos plátanos están cobrando más protagonismo que nunca.
Había algo casi perfecto en el rival del City, precisamente en el primer partido en casa desde que saltó toda esta noticia.
Al igual que el City ha contado con el respaldo de los Emiratos Árabes Unidos desde su adquisición en 2008, el PSG cuenta con el apoyo de Qatar. En 2014, ambos clubes fueron acusados por la UEFA —el organismo rector que organiza la Liga de Campeones— de infringir las normas del “Juego Limpio Financiero”.
Sin embargo, tras un proceso que se prolongó durante años, tanto el PSG como el Manchester City salieron relativamente bien parados; y, en esta ocasión, el City parece haber encontrado un aliado en el conjunto parisino.
El entrenador del PSG, Luis Enrique, declaró ante los periodistas antes del encuentro que esperaba que el City lograra evitar sanciones graves por parte de la Premier League; una voz de apoyo poco común en un entorno local marcado, por lo general, por la crítica y el escarnio.
La afición del PSG, no obstante, se mostró menos amable: abucheó a los jugadores del City durante el calentamiento y pareció regodearse en la decepción de los anfitriones tras la derrota.
Lo cierto es que una noche que comenzó con gran entusiasmo terminó desinflándose para el City. Ni siquiera la presencia del exentrenador Pep Guardiola en la grada pudo cambiar la suerte del equipo.
Tras marcharse este verano, después de diez temporadas increíbles y repletas de títulos al frente del club, Guardiola fue recibido de nuevo en el Etihad, en un momento en el que el Manchester City se esfuerza por mantener las apariencias.
Desde que se conoció el veredicto, el técnico español ha abogado firmemente por la unidad, instando a todos los vinculados al club a permanecer unidos y a confiar en los propietarios.
Cuando su rostro apareció en la pantalla gigante, la grada respondió —como era de esperar— con vítores de adoración; un momento que, en otras circunstancias, habría sido motivo de sobra para sonreír.
Pero, tal como ocurre con todo lo que rodea al City en estos momentos, el contexto lo decía todo.
No es habitual que un entrenador legendario regrese tan pronto a un club que acaba de abandonar. Esto dio la sensación de ser una maniobra más del City para intentar demostrar, una vez más, que aquí no pasa nada y que todo terminará saliendo bien.
Pero, al salir del Etihad Stadium, la cruda realidad se hace evidente de inmediato.
Los aficionados no parecen dispuestos a hablar con los medios sobre las acusaciones —y mucho menos sobre el veredicto de culpabilidad—; casi todos repiten, como un mantra, la misma respuesta: “Esperen a la apelación”.
Sin embargo, culpar a terceros y posponer la resolución del problema no hará —ni podrá hacer nunca— que este desaparezca.
Y aunque la Liga de Campeones tal vez sirva de bálsamo durante una temporada complicada, el club se topará con la gravedad de su situación cada vez que dispute un partido de la Premier League.
Es en esos momentos, al enfrentarse a clubes directamente afectados por todo este asunto, cuando el City afrontará sus pruebas más difíciles de la temporada.
Y, dado que el proceso de apelación aún tardará meses en concluir, lo absurdo de toda esta situación seguirá saliendo a la luz una y otra vez, por más plátanos hinchables que logren inflar los aficionados y por mucho que el club insista en que, en realidad, todo sigue estando bien.
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