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Casi cuatro meses después del sismo, muchas familias venezolanas aún buscan desaparecidos entre los escombros

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Telemundo 15
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Por CNN Español

El estremecedor ruido de la maquinaria pesada resuena con fuerza entre los escombros, apagando cualquier otro sonido. El calor del mediodía resulta sofocante, aún más para Eilyn Solano, que lleva más de 100 días refugiadas en una carpa. Pero la mujer resiste toda incomodidad con la esperanza de lograr su objetivo: hallar a Jhoniel José Morales, su hijo de 11 años, que desapareció tras el derrumbe de la OPP 26, una de las estructuras de construcción social del Gobierno de Venezuela, tras el doble sismo que sacudió al país el 24 de junio.

Eilyn no se ha retirado del lugar ni un solo día. Come y duerme en esa pequeña carpa instalada a pocos metros de donde cayeron las losas. Desde allí asumió un control riguroso del conteo de los cuerpos recuperados en esas torres residenciales, convencida de que Jhoniel, su hijo menor, sigue allí, tras haberse ocupado de verificar personalmente los nombres de cada víctima extraída.

El 24 de agosto, al cumplirse dos meses del sismo, se emitió el último balance oficial: 6.509 víctimas fatales. CNN consultó al Gobierno por una cifra oficial de desaparecidos, pero no obtuvo respuesta. Mientras, los vecinos de las zonas devastadas denuncian falta de información detallada y han asumido su propio conteo.

A juicio de Eilyn, las labores de búsqueda se han mantenido en pie gracias a la solidaridad vecinal y a la logística de los propios familiares, quienes garantizan agua, hielo y electrolitos para los bomberos y militares. En esa búsqueda desesperada, la propia familia Solano, integrada por unos diez miembros entre hermanas, esposos y allegados, se adentró por túneles e inspeccionó las grietas del edificio. Así lograron rescatar los restos de más de 17 personas.

Justo en el área donde la torre se partió y se desplomó hacia la cancha deportiva, según describen Eilyn y su hermana Chiquinquirá, se concentran más de tres meses de incertidumbre. Jhoniel Morales quedó registrado en el video de una cámara de seguridad cuando bajaba las escaleras a las 3:59 p.m. del 24 de junio, un par de horas antes del sismo.

María Yailén, de 15 años, la hermana mayor de Jhoniel, logró sobrevivir. Pero la segunda hija de Eilyn, Mariangel, de 12 años, no corrió con la misma suerte. Su cuerpo fue hallado en el tercer piso justo a la salida del apartamento de su abuela, quien la cuidaba ese día. La abuela fue rescatada con vida horas más tarde.

El 26 de septiembre, mientras la maquinaria pesada se mantenía activa en la zona de la cancha donde presumían que Jhoniel había ido a jugar, la mirada de su tía y su madre seguía cada movimiento de las palas mecánicas, en una escena donde confluían el dolor y la desesperación. Sin embargo, aquella tarde que creían definitiva culminó sin hallazgos físicos del niño. “Ni por el lado de la cancha, ni por la entrada, ni mucho menos por los pasillos”, afirmó Chiquinquirá Solano. Lo que sí localizaron fue el cuarto de control de las cámaras y, en él, un disco con un segundo video en el que la familia asegura que se ve al niño saliendo del edificio escasos minutos antes del sismo.

“Dentro de todas las posibilidades hay un rayito de esperanza, y por eso seguimos en la búsqueda hasta el final, hasta obtener algún tipo de respuesta sobre el paradero del niño”, sostiene la tía de Jhoniel.

La familia relata que, desde el primer día, recorrió hospitales, refugios y la morgue, y que incluso Eilyn se trasladó a Caracas para formalizar la denuncia de desaparición ante el Ministerio Público. Una vez corroborado en el segundo video que el niño había salido de la edificación, decidieron iniciar una nueva fase de rastreo en calles, centros de acopio y cementerios como “La Esperanza”, en Catia la mar, donde existe un área destinada a personas sepultadas sin identificar.

Los Solano son sobrevivientes del deslave de Vargas en 1999, tragedia que dejó miles de fallecidos. Por ello se definen como una familia resiliente que se niega a rendirse sin recuperar al niño. Con el apoyo de familiares, amigos y voluntarios motorizados, han organizado una red de búsqueda para recorrer en moto centros asistenciales, morgues y refugios entre La Guaira y Caracas.

A la vez, hacen un llamado a las autoridades y a la colectividad para continuar difundiendo la imagen de Jhoniel y aportar cualquier información que pueda ser útil para encontrarlo.

En algunos terrenos de La Guaira, donde colapsaron decenas edificios tras el doblete sísmico, hoy solo quedan vacío y silencio. Pero en varias zonas, la remoción de restos estructurales sigue siendo un desafío pendiente. En el lugar destaca ahora un mayor despliegue militar dedicado al retiro de desechos, un panorama que contrasta con lo reportado por múltiples testigos durante las primeras horas de la tragedia, quienes aseguraron que no había funcionarios presentes, aunque el Gobierno de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, defendió la respuesta de los cuerpos de rescate.

En medio de las ruinas, varios comercios operan para atender a la población local sorteando la falta de visitantes, mientras algunos colegios han reanudado clases. Sin embargo, para muchas familias, la búsqueda de sus seres queridos desaparecidos el 24 de junio continúa siendo la única prioridad día y noche.

Es el caso de los familiares en Residencias Caribe, quienes confeccionaron una cartelera manual con apoyo de los Bomberos de Mérida y grupos de voluntarios, manteniendo un registro estimado de los habitantes que continúan bajo el concreto.

En ese lugar, Nayibe Geromes busca a su madre, Leida Mata, con quien habló por última vez al mediodía del 24 de junio, unas seis horas antes del terremoto. Con los dos sótanos anegados por agua de mar y la estructura interna destruida, Nayibe asume la crudeza de las probabilidades tras todo este tiempo transcurrido: “A estas alturas no espero conseguir un cuerpo completo, sino una osamenta”. No obstante, recalca que, mientras no existan restos, la condición legal y humana se mantiene. “Mientras no haya un cuerpo, no hay un fallecido”, afirma.

A su lado, Angie Valentina Sojo Andarcia, habitante del apartamento 205, busca a su esposo. La tarde del sismo, Angie se encontraba en Caracas en una consulta médica con su hija mientras conversaba por teléfono con su marido, de 50 años. Durante la llamada escuchó el estruendo de vidrios rompiéndose antes de que la línea se cortara definitivamente.

Hace poco logró que una fundación de voluntarios retirara escombros hasta llegar al área donde se ubicaba la cocina de su vivienda. Además, gestionó el traslado de un hermano de su esposo desde el estado Táchira para someterse a pruebas de ADN en la morgue e identificar eventuales restos, lo cual no ha ocurrido hasta el momento. Angie señala que desconoce la existencia de canales oficiales para procesar reclamos de personas desaparecidas.

En respuesta a una consulta de CNN, desde la Defensoría del Pueblo explicaron mediante un comunicado que mantienen varios canales abiertos para recibir denuncias de personas desaparecidas a fin de poder identificar posibles vulneraciones a derechos fundamentales y para orientar y brindar acompañamiento jurídico a los familiares.

También detallaron que mantienen varias líneas de atención telefónica y presencial, y que estuvieron desplegados en terreno y en contacto con víctimas y familiares en las zonas afectadas y en unos 17 centros y campamentos transitorios. Además, aseguraron que han recibido y trabajado más de 100 casos de denuncias o solicitudes de orientación por presunta vulneración de derechos. En este sentido, destacaron que mantienen comunicación con las autoridades de búsqueda y rescate, además de otras autoridades para hacer seguimiento a estos casos.

Con respecto a las denuncias de niños y jóvenes menores de edad reportados como desaparecidos, que aseguran procesaron en su totalidad, señalaron que las investigaciones concluyeron con el hallazgo de sus cuerpos bajo los escombros.

El coordinador del área jurídica de la organización no gubernamental defensora de los derechos humanos Cofavic, Ronnie Boquier, dijo a CNN que el panorama en el estado La Guaira tras el terremoto ha estado marcado por un patrón sistemático de “opacidad informativa, vulneración de derechos de las víctimas y faltas graves en la ejecución de los protocolos internacionales de identificación y manejo de cadáveres”.

CNN contactó a la Fiscalía General de la República, al Ministerio del Poder Popular para Relaciones Interiores, Justicia y Paz, al Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses (Senamecf) y al Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (la policía científica) para conocer el protocolo aplicado en los casos de personas reportadas como desaparecidas y su respuesta ante las denuncias.

Boquier explicó que, mientras los reportes oficiales se detuvieron el 24 de agosto, estimaciones independientes e internacionales ubican la cifra potencial de víctimas fatales entre 10.000 y 20.000.

Hasta la fecha, Cofavic ha recibido varias denuncias de familias, y en al menos cinco casos la organización dice que detectó fallas críticas en la cadena de custodia en los silos de La Guaira, donde funciona una morgue improvisada ante la tragedia. El patrón documentado por la ONG describe cómo los familiares fueron sometidos a procesos masivos de reconocimiento visual mediante la revisión de entre 400 y 600 fotografías digitales de cadáveres en avanzado estado de descomposición, sin acompañamiento técnico ni psicológico. Luego de la asignación de un código, al inspeccionar las bolsas correspondientes, los restos en estos casos denunciados no coincidían con los de sus allegados, según las denuncias.

Ante esta situación, existe una profunda preocupación entre los familiares por la posibilidad de que algunos cuerpos hayan sido entregados erróneamente a otras familias y posteriormente cremados.

“El Estado tiene las posibilidades o debería tener las posibilidades y, si no las tiene, tiene que hacer todo lo posible por buscar los elementos, ayuda internacional, todo lo que sea necesario técnicamente para poder dar una respuesta”, señaló Boquier.

En tanto, el ruido de las maquinarias pesadas sigue predominando en las zonas más afectadas de la Guaira, borrando las huellas de la tragedia, mientras las familias siguen su búsqueda entre la confusión y la incertidumbre.

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