Francia, sacudida por un fin de semana de caos mientras la violencia se extiende por Europa

Por Jessie Yeung, CNN
Francia se encuentra conmocionada por los peores disturbios en años, después de que las protestas a nivel nacional por la educación y el costo de la vida se convirtieran en una ola de violencia mortal en todo el país, que ha desatado una guerra de acusaciones internas y amenaza con extenderse a sus vecinos europeos.
La Policía lanzó gases lacrimógenos contra la multitud y se enfrentó en violentos combates con alborotadores encapuchados y vestidos de negro que prendieron fuego y entraron por la fuerza en tiendas y edificios gubernamentales. Las imágenes muestran edificios históricos en llamas.
Más de 2.000 personas fueron arrestadas, con al menos dos fallecidos y varios heridos graves, entre ellos dos que perdieron las manos. Mientras Francia empieza a evaluar las consecuencias, aumentan las acusaciones de que el gobierno no anticipó adecuadamente la magnitud de la crisis, a tan solo seis meses de las elecciones para suceder al presidente de Francia, Emmanuel Macron.
Las autoridades y los líderes políticos recalcan que la gran mayoría de los manifestantes han sido pacíficos, pero el nivel de enfrentamientos y destrucción, el peor visto en años, ha conmocionado a la nación y ha provocado enérgicas condenas tanto de los líderes como del público en general.
“Quienes destruyeron deben pagar”, declaró Macron el domingo por la noche. “Quienes saquearon deben devolver el dinero. Quienes intentaron derrocar la República rendirán cuentas”.
También prometió celebrar reuniones esta semana para debatir “propuestas concretas” y escuchar las demandas de los manifestantes. Sin embargo, está por verse si esto será suficiente para frenar las protestas en Francia, así como otras manifestaciones similares contra el coste de la vida que se están extendiendo por países vecinos.
Todo comenzó en septiembre con una huelga de estudiantes y profesores de un instituto en las afueras de París, que exigían más personal y recursos. Sus demandas fueron atendidas y la huelga terminó, pero encendió una chispa que pronto se extendió por todo el país.
Estudiantes de todo el país, frustrados desde hace tiempo por un sistema educativo con falta de personal y sobrepoblado, iniciaron protestas que en ocasiones se tornaron violentas. La respuesta represiva de la policía avivó la indignación pública y llevó a cientos de miles de personas a las calles, especialmente tras la difusión de videos en los que un agente de policía aplicaba una llave de estrangulamiento prohibida a una joven.
En pocas semanas, las protestas se extendieron hasta convertirse en un movimiento más amplio que trascendía al ámbito estudiantil, reflejando el descontento generalizado por la asequibilidad de la vivienda, la percibida inacción del Gobierno, la creciente desigualdad económica y un profundo deseo de cambio social y político.
“Esto no puede seguir así”, declaró Maria Pallas, de 57 años y miembro de un importante sindicato francés, a CNN durante la protesta del sábado en París. “Está el coste de la vida. Está el desempleo. Hay un montón de problemas. Un joven buscará trabajo, le prometeremos mucho y al final se quedará sin nada”.
Más de medio millón de personas salieron a las calles de toda Francia el sábado. En general, la manifestación fue pacífica; el líder de la extrema izquierda, Jean-Luc Mélenchon, describió a la multitud en París como “con calma”.
Pero en varios lugares las protestas derivaron en violencia, especialmente al caer la noche. En París, grupos de jóvenes enmascarados saquearon tiendas y provocaron incendios; en Lyon, los manifestantes incendiaron la oficina de turismo de la ciudad; en la ciudad céntrica de Limoges, la aguja de un ayuntamiento de 143 años de antigüedad se derrumbó en llamas, reavivando para algunos dolorosos recuerdos del incendio de la catedral de Notre Dame.
Las protestas amainaron un poco el domingo, aunque algunos focos se mantuvieron activos y la Policía lanzó gases lacrimógenos en la emblemática Place de la République, una de las plazas públicas más grandes de París.
Al final del fin de semana, París parecía una “zona de guerra”, según declaró a Reuters un visitante de la ciudad. Los residentes de toda la capital estaban consternados: algunos condenaban a los saqueadores y alborotadores, mientras que otros culpaban a las autoridades por no haber abordado la crisis con anterioridad.
“Es desgarrador, desgarrador ver nuestra ciudad así”, dijo Farida, una residente de Marsella de 59 años que no quiso dar su apellido, según Reuters. “Si cada protesta termina con todos los escaparates destrozados y las tiendas destrozadas, esto simplemente no puede continuar; no puede continuar”.
Paola Formenti, una parisina de 56 años, expresó su apoyo a la indignación “legítima” de los manifestantes. La violencia “debe ser condenada, por supuesto”, dijo, pero añadió: “Creo que la única manera de evitar este tipo de violencia es responder a las protestas del pueblo, escucharlo”.
En su discurso del domingo, Macron reconoció las quejas de los manifestantes y dijo que tomaría “varias iniciativas internacionales” para abordar el problema de los precios del combustible y garantizar un suministro estable por parte de los países del Golfo. No ofreció garantías concretas ni detalles adicionales.
Las protestas y sus consecuencias podrían influir en las próximas elecciones francesas de la primavera que viene. La líder de la ultraderecha, Marine Le Pen, que encabeza las encuestas, dijo este fin de semana que “las legítimas reivindicaciones sociales han sido, una vez más, instrumentalizadas por la ultraizquierda”. Su rival de la izquierda radical, Mélenchon, ha defendido reiteradamente el derecho de los estudiantes a protestar.
Este fin de semana, los manifestantes también han salido a las calles en otros lugares de Europa.
En Bélgica, los estudiantes se manifestaron contra el estado de su sistema educativo. En Lisboa, Portugal, decenas de miles de personas marcharon el sábado para protestar por el aumento del costo de vida y la crisis de vivienda del país.
En Italia, Milán también fue escenario de dos noches consecutivas de disturbios este fin de semana, con manifestantes lanzando piedras y saqueando supermercados, a lo que la policía respondió con gases lacrimógenos y cañones de agua.
Mientras tanto, en Albania, los estudiantes llevan meses saliendo a las calles para protestar contra la supuesta corrupción gubernamental. Las manifestaciones en la capital, Tirana, se tornaron violentas este fin de semana, y una persona fue fotografiada lanzando un cóctel molotov contra la policía antidisturbios.
Las autoridades de muchos de estos países han condenado la violencia y hecho un llamamiento a la calma. Las protestas han llamado la atención de la Casa Blanca; el vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, publicó un video del ayuntamiento de Limoges en llamas en X y atribuyó los disturbios a una política migratoria fallida.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, también mencionó las protestas durante un mitin en Georgia este fin de semana, bromeando: “Vayamos a Francia, unámonos a la revolución y gastemos allí nuestros US$ 5.000”, refiriéndose al dividendo prometido si los republicanos ganan las elecciones de mitad de mandato.
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Con información de Joseph Ataman, Catherine Nicholls, Sana Noor Haq, James Legge y Melissa Bell, de CNN.