Agua turbia y malos olores: qué hay detrás de la crisis que moviliza a Guadalajara

Por Belén Zapata, CNN en Español
Agua con olores fétidos y apariencia turbia sale de los grifos de miles de habitantes de la zona metropolitana de Guadalajara desde hace por lo menos dos años, dicen habitantes de la ciudad consultados por CNN.
Los primeros reportes de agua sucia datan de 10 años, aunque la situación se agravó hace dos y empeoró en diciembre pasado, cuenta Azucena Herrera, habitante del casco antiguo de la ciudad.
“A partir de diciembre empezaron a haber varias quejas de personas que a parte de que no llegaba agua, se quedaban sin agua sin aviso, ya eran diferentes tipos de olores, olor a huevo, olor como metálico, olor a podrido, olor a excremento”, dice.
El gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, ha reconocido que el problema de la ciudad ya no es el abasto sino la calidad del agua y que la causa es el abandono durante “muchos años” en el mantenimiento de la infraestructura que trae y trata el agua que sale del lago de Chapala, que abastece al 65% de la ciudad.
Ismael Jáuregui Castañeda, director del Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA), responsable de potabilizar y distribuir, advierte que parte del agua que llega a la ciudad desde el lago de Chapala se contamina en su recorrido debido a las descargas residuales de asentamientos irregulares.
“Yo espero que con esta revisión que generemos estos días encontremos las verdaderas descargas que pueden verterse de algún privado, alguna industria que, por las condiciones de servicio del canal de las pintas, no hemos podido percibir”, dijo en entrevista con medios locales.
Para atender la contingencia, Lemus anunció obras a corto y largo plazo como la ampliación de la planta potabilizadora de la ciudad, rebasada en capacidad luego de 70 años de servicio, y un nuevo acueducto que de aprobarse por el Congreso local, podría estar terminado en dos años.
Debido a las obras, la ciudad ha sido sometida a un programa de tandeos en los que se suspenderá el servicio de dos a tres días por semana a 2.3 millones de habitantes, de los 5.5 millones usuarios del agua.
Miles de ciudadanos protestaron el domingo 11 de octubre frente a la residencia oficial del gobernador exigiendo mejoras en la calidad, que se active una alerta sanitaria e información sobre lo que contiene el agua que reciben.
La manifestación derivó en un enfrentamiento entre participantes y policías que los repelieron con gases lacrimógenos y chorros de agua. Unas 39 personas fueron detenidas, según la fiscalía estatal.
Aunque el gobernador ordenó la liberación de todos los detenidos, cuatro de ellos fueron vinculados a proceso, mientras que 17 policías están bajo investigación por su presunta actuación fuera de los protocolos y el uso indebido de la fuerza, informó Lemus.
En junio, un grupo de organizaciones civiles apoyadas por académicos de universidades locales recolectaron agua en hogares de 90 colonias para evaluar el nivel de riesgo sanitario.
El muestreo ciudadano arrojó como resultado presencia de bacterias fecales, metales pesados de alta toxicidad como plomo y mercurio, así como ausencia generalizada de desinfección.
“La presencia de bacterias fecales es un problema de salud y las alertas que hemos levantado obligarían a la autoridad a hacer mediciones mucho más confiables, mucho más profundas y reportar de manera transparente a la ciudadanía las condiciones del agua”, dijo a CNN Héctor Morales Gil de la Torre, académico de la Universidad ITESO y responsable del análisis y la redacción del informe de resultados.
En marzo, la Comisión Estatal de los Derechos Humanos de Jalisco emitió una recomendación en la que señalaba a seis dependencias gubernamentales de vulnerar el derecho humano de la población a contar con agua limpia.
La secretaría de Salud Jalisco aseguró en julio que no había evidencia de incremento en enfermedades relacionados con mala calidad del agua, como malestar estomacal o daño en la piel, aunque recomendó a la población evitar su uso para el lavado de dientes y optar por agua purificada.
Aida Guerrero de León, profesora de la Universidad de Guadalajara y especialista en gestión de recursos hídricos, salud ambiental y toxicología del agua, dijo a CNN que el Gobierno del estado carece de un sistema de medición oficial que de certeza a los ciudadanos sobre la calidad de agua que recibe.
“No tenemos un monitoreo digital, continúo, como un semáforo, como la calidad del aire, que hay semáforos todo el tiempo que nos están indicando que la calidad del aire se comparte de una forma de otra para tomar medidas de contingencia atmosférica. En este caso, una contingencia hídrica, cómo la vamos a tomar si no sabemos cómo se comporta el lago de Chapala”, explicó.
El consultor especialista en hidrología Josué Sánchez Tapetillo dijo a CNN que los dos sistemas construidos para llevar agua del lago de Chapala a la zona metropolitana de Guadalajara son obsoletos.
El más antiguo data de hace 70 años, corre a cielo abierto y en su recorrido es contaminado por aguas residuales de viviendas, industria y agro. El más reciente, un acueducto cerrado, se construyó hace 40 años, según el especialista.
Sánchez Tapetillo dijo que la planta potabilizadora de Miravalle, a la que llegan los dos sistemas para limpiar el agua que abastecen a gran parte de la ciudad, debió ampliarse o cambiarse hace al menos 20 años.
Agregó que los primeros síntomas claros de este deterioro ocurrieron hace al menos una década, pero dijo que ninguna de las tres últimas administraciones estatales atendieron el problema.
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