Lula perdió la primera vuelta ante el hijo de Bolsonaro. ¿Puede ganar la segunda?

Por Alessandra Freitas, CNN en Español
Los brasileños volverán a las urnas este domingo para elegir entre el presidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva y el senador derechista Flávio Bolsonaro, en una reñida segunda vuelta que enfrenta dos visiones distintas de Brasil.
Lula llegó como favorito en casi todas las encuestas, con la esperanza de conseguir un cuarto mandato tras más de dos décadas marcando la política brasileña. Pero sufrió en la primera vuelta una inesperada derrota frente a Flávio, hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro, cuyo resultado desbarató los pronósticos y dejó a uno de los principales líderes de izquierda de América Latina luchando por su futuro político.
Según el Tribunal Superior Electoral, Bolsonaro obtuvo el 47,03% de los votos válidos el 4 de octubre, frente al 45,16% de Lula: unos 2,2 millones de votos de diferencia. Sin mayoría absoluta, ambos buscan persuadir a los indecisos y movilizar a sus bases en un país profundamente dividido.
El resultado expuso las vulnerabilidades de Lula: el malestar por los precios y la delincuencia y las dificultades para movilizar a su base. También mostró la fortaleza del movimiento de Jair Bolsonaro, pese a que el expresidente está preso por intentar revertir su derrota de 2022.
Para la segunda vuelta, el resultado sigue incierto. Una encuesta de BTG Pactual/Nexus publicada el lunes dio a Bolsonaro el 50,3% de los votos válidos frente al 49,7% de Lula.
Lula, de 80 años, busca revertir una derrota inesperada y asegurar un cuarto mandato, probablemente el último. Flávio, de 45, intenta aprovechar su impulso sin alejar a los votantes que aún necesita y lograr lo que su padre no consiguió en 2022: derrotar a Lula en las urnas.
La seguridad pública es uno de los temas centrales. Según una encuesta de Quaest/Pax de septiembre, el 28% de los brasileños consideraba la violencia el principal problema del país, seguido de la corrupción (22%) y la economía (19%).
“Es un terreno que favorece mucho a los Bolsonaro, porque desde el principio hicieron de la mano dura contra la delincuencia su principal bandera”, dijo Brian Winter, editor jefe de Americas Quarterly y vicepresidente de políticas de Americas Society/Council of the Americas.
Flávio promete declarar terroristas a las principales organizaciones criminales, ampliar las cárceles y reducir la edad de responsabilidad penal. “Los que creen que soy radical en materia de seguridad pública todavía no han visto nada”, afirmó el 13 de octubre, al sostener que ni siquiera la mano dura de Nayib Bukele en El Salvador es suficiente.
Lula intenta conciliar las posiciones históricas de su partido con la demanda de medidas más severas. Un video viral en el que dijo el año pasado que los narcotraficantes también eran víctimas de los consumidores de drogas reforzó lo que Winter llamó la “percepción arraigada de que la izquierda brasileña es blanda con la delincuencia”. Después, Lula reconoció que se había expresado mal.
En el debate del domingo, Bolsonaro cuestionó a Lula por los permisos temporales de salida de prisión. Lula defendió la rehabilitación, aunque excluyó a los responsables de delitos graves, y preguntó si Flávio indultaría a su padre. Este no respondió directamente, pero ha dicho que quiere subir con Jair Bolsonaro la rampa del palacio presidencial durante su investidura.
Días antes, Lula había dado uno de los giros más llamativos de la campaña: apoyó reducir de 18 a 16 años la edad de responsabilidad penal para ciertos delitos graves, aunque se opuso a incluirlo en una reforma constitucional pendiente.
Winter lo calificó de “casi una herejía dentro del Partido de los Trabajadores”, que se ha opuesto a esa propuesta durante décadas.
“Lula está cediendo en los últimos días de campaña porque reconoce que esta puede ser su mayor vulnerabilidad”, dijo Winter.
También crece el descontento económico. Durante los primeros dos mandatos de Lula, el auge de las materias primas impulsó el crecimiento, el empleo y los salarios, ayudando a millones a salir de la pobreza y acceder a la clase media.
Hoy muchos no sienten un progreso comparable: el desempleo es bajo y la inflación se desacelera, pero los precios siguen presionando los presupuestos familiares.
Winter comparó la situación con las elecciones estadounidenses de 2024, cuando los buenos indicadores no neutralizaron el malestar por los precios bajo Joe Biden y en la campaña de Kamala Harris.
“Los principales indicadores económicos se ven bien”, dijo. “Pero la gente sigue diciendo que no siente que la economía prospere. Siente que su nivel de vida ha empeorado”.
Aun así, muchos siguen leales a Lula por los avances de sus primeros mandatos y temen que Bolsonaro revierta derechos sociales.
Flávio intenta responder alejándose de ciertas posiciones conservadoras. El 16 de octubre, el Congreso promulgó una reforma que elimina gradualmente la semana laboral de seis días y reduce la jornada máxima sin recortar salarios. Bolsonaro, antes opositor, terminó votando a favor.
“Este es otro ejemplo de cómo los Bolsonaro son lo suficientemente flexibles ideológicamente como para ganar elecciones”, dijo Winter. “Ambos bandos están haciendo esto en los últimos días de campaña. Es impresionante”.
Pero ambos candidatos coinciden en un grupo crucial: las mujeres.
Las mujeres representan casi el 53% del electorado y han sido más reticentes al bolsonarismo. Datafolha dio a Lula una ventaja del 49% al 40% entre ellas el 15 de octubre, mientras Flávio encabezaba el voto masculino por 52% a 40%.
“Las mujeres son el grupo demográfico clave”, dijo Winter.
Malu Gatto, profesora asociada de política latinoamericana en University College London, dijo que la brecha se amplió con Jair Bolsonaro en 2018: los hombres se acercaron a la derecha y las mujeres, al Partido de los Trabajadores.
Ambas campañas han abordado la violencia contra las mujeres, especialmente el feminicidio, tras varios casos brutales. Brasil registró 1.571 feminicidios en 2025, récord desde su tipificación en 2015, según el Foro Brasileño de Seguridad Pública.
Según Gatto, la derecha suele privilegiar castigos más severos, mientras la izquierda enfatiza la protección a las víctimas mediante refugios y servicios especializados.
En su primer anuncio televisivo, Flávio destacó a su esposa y sus hijas. “En mi casa, las que mandan son ellas. Y menos mal que es así”, dijo, una elección llamativa para un movimiento que tradicionalmente ha tenido más apoyo entre los hombres. La ex primera dama Michelle Bolsonaro, elegida senadora este mes, ha ayudado a atraer mujeres al Partido Liberal. Su enfrentamiento público con Flávio, después resuelto, complicó esos esfuerzos.
“Michelle tiene su propio capital electoral, entre las mujeres y los evangélicos”, dijo Gatto. “Tiene una legitimidad entre esos grupos que Flávio no tiene”.
Brasil sigue siendo mayoritariamente católico, pero la población evangélica ha crecido. En 2000, casi tres cuartas partes se identificaban como católicos y el 15,4% como evangélicos. En 2022, las cifras eran del 56,7% y 26,9%, respectivamente, entre la población de 10 años o más.
Datafolha registró una ventaja de Bolsonaro entre los evangélicos, del 62% frente al 29%, mientras Lula encabezaba las preferencias entre los católicos por 52% a 42%.
Casi el 40% del electorado vive en el sureste, región que incluye Sao Paulo, Minas Gerais y Río de Janeiro, ganados por Flávio en la primera vuelta.
Minas Gerais ha respaldado al ganador de todas las elecciones presidenciales directas desde 1989. “Sus ciudades industrializadas y comunidades rurales más pobres lo convierten en un microcosmos de las divisiones políticas de Brasil”, dijo Lucas Fernandes, analista de BMJ.
Lula derrotó por poco a Jair Bolsonaro allí en 2022. Esta vez, Flávio ganó con el 48,24% de los votos válidos, frente al 43,33% de Lula: casi 590.000 votos de diferencia.
En el noreste, bastión de Lula, su ventaja se redujo. En Maranhao, su porcentaje de votos válidos cayó casi cinco puntos, el mayor descenso regional, lo que revela dificultades para movilizar a su base.
Pero el desafío no es solo cambiar votos: también es movilizar a quienes no votaron.
Uno de cada cinco electores se abstuvo, una cifra considerable frente a los 2,2 millones de votos de diferencia. Y si el 94% dijo a Datafolha que ya tomó una decisión, movilizar simpatizantes puede ser tan importante como convencer a los indecisos.
El resultado planteó una pregunta incómoda para Lula: cómo pudo el presidente que derrotó a Jair Bolsonaro en 2022 y encabezaba las encuestas perder ante su hijo, inicialmente considerado menos atractivo políticamente.
Fernandes dijo que importantes encuestadoras subestimaron a Flávio entre dos y ocho puntos. También señaló el voto estratégico: elegir a un candidato con más posibilidades de ganar, aunque no sea el favorito.
“Todos los candidatos alternativos, al menos los competitivos, eran de derecha”, dijo Fernandes a CNN. “Por eso era mucho más probable que Flávio se beneficiara de ese voto estratégico que Lula, porque estaba ideológicamente mucho más cerca de los otros candidatos que competían”.
Fernandes señaló además el rechazo al Partido de los Trabajadores entre brasileños ajenos al bolsonarismo que quieren impedir la reelección de Lula. En 2022, ocurría lo contrario: Lula se benefició del rechazo a Jair Bolsonaro por su gestión de la pandemia de covid-19.
Flávio supo aprovechar mejor los medios digitales. Su campaña apostó por redes sociales que la derecha llevaba años priorizando, mientras la izquierda subestimó su importancia.
“La derecha entendió esto y lo aplicó en varios frentes, no solo en la candidatura de Flávio, mientras que la izquierda no logró hacer esa transición”, dijo Fernandes.
“El espacio más importante para la política brasileña hoy es WhatsApp”, dijo Winter, sobre la influencia de grupos familiares, memes y videos cortos en los últimos días de campaña.
Los gastos lo reflejan: según declaraciones ante el Tribunal Superior Electoral, la promoción pagada en redes sociales fue el segundo mayor gasto de Flávio en la primera vuelta, y el sexto para Lula.
“Creo que la conclusión más importante es que el Brasil de hoy está girando a la derecha”, dijo Winter, quien agregó que las actitudes de los votantes se han vuelto “más conservadoras en los últimos 10 o 15 años”.
La tendencia forma parte de un giro regional: desde abril de 2025, la derecha o centroderecha ganó siete presidenciales, en Ecuador, Bolivia, Honduras, Chile, Costa Rica, Colombia y Perú.
Una encuesta de Datafolha de julio situó al 44% de los brasileños a la derecha o centroderecha según sus valores políticos, frente al 39% a la izquierda o centroizquierda, invirtiendo el balance de 2022.
La izquierda arrastra una asociación con la corrupción, aunque ambos candidatos han estado rodeados de escándalos.
En el debate del domingo, Lula desafió a Bolsonaro a divulgar sus finanzas y lo cuestionó por sus vínculos con Daniel Vorcaro, exdirector del colapsado Banco Master, cuyas supuestas conexiones alcanzan a figuras políticas y judiciales, incluido el Tribunal Supremo. Flávio respondió con acusaciones de corrupción contra Lula y denuncias relativas a su hijo mayor, Lulinha. Las condenas anteriores de Lula fueron anuladas en 2021.
El escándalo puede agravar el cansancio político sin beneficiar claramente a ninguno. “Refuerza el disgusto y la apatía que sienten los brasileños hacia su sistema político”, dijo Winter.
Donald Trump ha elogiado a Flávio, pero no lo ha respaldado formalmente. Sus aranceles a Brasil y las presiones por el proceso contra Jair Bolsonaro han tensado las relaciones con Lula.
En el debate, Lula criticó los vínculos de la familia Bolsonaro con Estados Unidos; Flávio rechazó la crítica y cuestionó la política exterior de Lula.
Una victoria de Flávio podría acercar Brasil a Estados Unidos en materia de seguridad y crimen organizado y reforzar a los gobiernos conservadores de la región. Lula defiende el multilateralismo, los lazos con el Sur Global y China —principal mercado de exportación brasileño— y la soberanía frente a los aranceles de Trump.
El próximo presidente enfrentará un Congreso más conservador. Un resultado estrecho también pondría a prueba la estabilidad institucional, tras los intentos de Jair Bolsonaro de revertir su derrota de 2022 y los ataques a las instituciones del 8 de enero de 2023.
Para Lula, ganar significaría otro regreso político. Para Flávio, supondría el retorno al poder del movimiento de su padre, pese a su condena y encarcelamiento.
Este domingo, la mayor nación de América Latina definirá si se convierte en uno de los principales aliados de Trump o permanece como contrapeso a su visión del hemisferio.
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