Un “mundo al revés”: cómo las palabras de Trump han desordenado la política de control de armas en Estados Unidos
Por Jeremy Herb y Kristen Holmes, CNN
Tras un tiroteo atroz que conmocionó al país, el presidente Donald Trump rompió de forma tajante con los grupos defensores de las armas en comentarios improvisados: “Primero quiten las armas, luego sigan el debido proceso”, dijo Trump durante una reunión televisada con legisladores.
Eso ocurrió hace casi ocho años, después de un tiroteo masivo en 2018 en una escuela secundaria de Parkland, Florida, donde un atacante armado mató a 17 personas. Trump planteó entonces leyes más estrictas sobre verificaciones de antecedentes y elevar la edad mínima para comprar ciertas armas de fuego. Pero tras las objeciones de la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés) y otros grupos a favor del derecho a poseer y portar armas, dio marcha atrás.
La semana pasada, Trump volvió a poner a esos grupos a la defensiva cuando dijo que el manifestante de Minneapolis Alex Pretti no debería haber tenido un arma cuando murió tras recibir disparos de agentes federales.
“No se puede tener armas. No se puede ir con armas. Simplemente no se puede”, dijo Trump a los periodistas afuera de la Casa Blanca, en declaraciones que parecían culpar a Pretti por llevar un arma en la cintura cuando fue baleado y murió.
Trump, quien se ha descrito a sí mismo como “el mejor amigo que los dueños de armas han tenido jamás en la Casa Blanca”, recibió un rápido reproche de activistas proarmas, que argumentaron que Pretti tenía un claro derecho, amparado por la Segunda Enmienda, a manifestarse portando un arma. Algunos grupos criticaron abiertamente al presidente, mientras que la NRA, el mayor grupo defensor de las armas en Estados Unidos, no mencionó directamente al presidente ni a sus comentarios.
“La NRA cree inequívocamente que todos los ciudadanos que cumplen la ley tienen derecho a poseer y portar armas en cualquier lugar donde tengan un derecho legal a estar”, escribió la organización en X la semana pasada.
Los comentarios de Trump resultaron aún más llamativos porque se produjeron después de críticas de grupos proarmas contra altos funcionarios del Gobierno de Trump, incluidos el director del FBI, Kash Patel, y la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, quienes sugirieron en los momentos inmediatamente posteriores que Pretti representaba una amenaza por portar un arma.
Fue apenas el episodio más reciente en el que las acciones y la retórica del presidente lo han enfrentado con los grupos defensores de las armas —aunque el historial de su Gobierno se inclina en gran medida a favor de esos derechos—, desordenando la política en torno a las armas de fuego y, en ocasiones, creando alianzas inesperadas.
“Trump siempre ha sido un objetivo algo cambiante cuando se trata de los derechos sobre las armas”, dijo Rob Doar, presidente del Minnesota Gun Owners Law Center, quien ha rechazado las afirmaciones de funcionarios de Trump de que Pretti estaba violando la ley de Minnesota al portar un arma.
“Creo que los defensores siempre son un poco cautelosos a la hora de confiar en Trump como un portavoz sólido de la Segunda Enmienda. Su Gobierno, en cambio, ha hecho algunas cosas realmente fuertes”, dijo Doar.
Las posturas de Trump sobre las armas han cambiado: pasó de apoyar una prohibición de las armas de asalto en el año 2000 a una campaña presidencial en 2016 en la que la NRA gastó millones para ayudarlo a llegar a la Casa Blanca.
Pero mucho ha cambiado desde la primera elección de Trump. La NRA ya no es la poderosa fuerza de lobby que solía ser, debilitada por escándalos financieros y años de conflictos internos que derivaron en la renuncia, en 2024, de su presidente Wayne LaPierre.
Un estratega republicano que trabaja directamente con varios legisladores en el Capitolio describió la irrupción de la NRA en la conversación sobre la muerte de Pretti como un intento de la organización por mantenerse relevante.
“No he escuchado que la NRA esté llamando a legisladores para que presionen a la Casa Blanca” por los comentarios de Trump tras el tiroteo, dijo el estratega. “Ya no tienen el peso que solían tener”.
Un funcionario de la Casa Blanca dijo a CNN que la reacción de la NRA llamó su atención y que el Gobierno ha estado en contacto directo con el grupo tras el tiroteo.
La secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, dijo la semana pasada que Trump “apoya los derechos de la Segunda Enmienda de los ciudadanos estadounidenses que cumplen la ley, absolutamente”.
“Si bien los estadounidenses tienen un derecho constitucional a portar armas, no tienen un derecho constitucional a obstaculizar operaciones legales de control migratorio”, dijo Leavitt.
Por supuesto, los grupos defensores de las armas aún conservan una influencia considerable dentro del Gobierno de Trump, y la han ejercido para frenar varias propuestas durante el último año, incluidas algunas rechazadas por grupos progresistas.
Trump ha revertido regulaciones sobre armas de la era Biden y ha recortado fondos para la investigación sobre violencia armada en el último año, pero su Gobierno también chocó con los grupos proarmas al proponer fusionar la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos con la Administración para el Control de Drogas.
Los grupos defensores de las armas temían que una medida así fortaleciera, y no debilitara, los esfuerzos del organismo en materia de armas, y la idea fue abandonada discretamente. (Los defensores del control de armas también se opusieron por temor a que la agencia quedara relegada).
Meses atrás, cuando CNN y otros medios informaron que el Departamento de Justicia estaba considerando si podía restringir la capacidad de las personas transgénero en Estados Unidos para comprar armas, tanto la NRA como el grupo defensor de los derechos LGBTQ Human Rights Campaign se opusieron a la idea.
Y mientras funcionarios de Trump y republicanos se apresuraban a culpar a Pretti —incluso cuando la evidencia en video los contradecía—, los demócratas defendieron su derecho a portar un arma durante una protesta, conforme a la ley de Minnesota.
“Se siente como si estuviéramos en un mundo al revés”, dijo Adam Winkler, profesor de Derecho de la Universidad de California en Los Ángeles y experto en derecho constitucional y la Segunda Enmienda. “Los republicanos están diciendo: ‘No lleven armas a las protestas’, después de 10 años diciendo: ‘Por supuesto que pueden llevar armas a las protestas’. Y muchos progresistas están diciendo: ‘Tienes derecho a llevar un arma a una protesta’, aunque durante años han dicho que sería irresponsable llevar un arma a una protesta”.
Algunos republicanos han celebrado que defensores del control de armas, como el gobernador demócrata de California Gavin Newsom, estén defendiendo el derecho de Pretti a protestar portando un arma. Newsom, quien acusó al Gobierno de Trump de no creer en la Segunda Enmienda, ha firmado leyes en California que restringen los lugares donde se pueden portar armas legalmente (aunque un tribunal federal de apelaciones falló el mes pasado en contra de las leyes de control de armas del estado).
“Ha sido genial ver a todos estos demócratas clamando por los derechos de las armas”, dijo a CNN un congresista republicano con una sonrisa burlona.
Kris Brown, presidenta de Brady, un grupo de prevención de la violencia armada, reconoció que la política en torno a la muerte de una persona en Minnesota fue “un poco al revés”. Pero sostuvo que el caso de Pretti perforó la narrativa de la NRA de que las armas son una “propuesta sin riesgos” y sus advertencias de larga data de que Gobiernos demócratas pisotearían los derechos de los dueños de armas.
“La realidad es que la NRA también advirtió durante años a los dueños de armas sobre ‘matones con botas militares’ que vendrían por sus armas”, dijo Brown. “Resulta que tenían razón: es solo que ICE, tal como está desplegado actualmente, va tras las personas con armas de fuego y, al parecer, les dispara por ello”.
Cuando Trump se postuló por primera vez a la presidencia, la NRA era considerada una de las fuerzas de lobby más poderosas de Washington. Durante la campaña de 2016 —cuando estaba en juego el equilibrio de la Corte Suprema—, la NRA desembolsó US$ 50 millones en gastos independientes, incluidos más de US$ 30 millones en apoyo a la campaña de Trump, según datos del Center for Responsive Politics.
Hoy, además de tener menos poder, la NRA gasta menos dinero. En el ciclo electoral de 2024, el grupo gastó apenas US$ 10 millones en gastos independientes, de acuerdo con el CRP.
“La NRA sigue siendo el mayor grupo defensor de los derechos sobre las armas del país, pero es significativamente más pequeña de lo que solía ser”, dijo Stephen Gutowski, fundador y editor de The Reload, un sitio de noticias centrado en armas de fuego. “No está claro cuánta influencia tienen realmente entre bambalinas con la Casa Blanca”.
Un operador republicano alineado con MAGA dijo a CNN que la NRA es uno de varios “grupos históricos del Partido Republicano” que ya no tienen el mismo peso en Washington.
Otro asesor republicano señaló que la NRA perdió poder tras los escándalos y apuntó que ahora hay más organizaciones en el ámbito de las armas. “La National Sportsman Shooting Foundation y Gun Owners of America han llenado el vacío y han ganado credibilidad”, dijo.
La NRA no respondió a una solicitud de comentarios.
Aunque el lobby de las armas está hoy más fragmentado en Washington, el tema sigue movilizando a la base MAGA de Trump.
“El lobby de las armas se ha debilitado porque la NRA ya no tiene los recursos para desempeñar el papel dominante en las elecciones como lo hizo en décadas recientes”, dijo Winkler. “Pero también la fortaleza del movimiento proarmas nunca ha dependido únicamente ni principalmente de la NRA. Depende de una gran cantidad de votantes proarmas de un solo tema”.
Durante el primer mandato de Trump, rompió en varias ocasiones con los defensores de los derechos sobre las armas en respuesta a tiroteos masivos, aunque a menudo no llevó esos gestos a cambios de política.
El Gobierno de Trump prohibió las bump stocks o aceleradores en armas semiautomáticas después de que esos dispositivos fueran utilizados por la persona que mató a 58 personas en un festival de música en Las Vegas en 2017. (La medida fue declarada inconstitucional por la Corte Suprema en 2024).
Un año después del tiroteo masivo en Parkland, Trump volvió a plantear la ampliación de las verificaciones de antecedentes, sugiriendo que la NRA terminaría apoyando la medida. Trump y LaPierre hablaron varias veces sobre el tema, y la NRA advirtió al presidente que no respaldara controles de antecedentes más estrictos.
Pero durante la campaña de las primarias republicanas de 2024, Trump se jactó de que no se aprobaron leyes significativas sobre armas durante su primer Gobierno.
“Durante mis cuatro años no pasó nada. Y hubo una gran presión sobre mí en relación con las armas. No hicimos nada. No cedimos”, dijo Trump en febrero de 2024 durante una exposición de la NRA.
En el segundo Gobierno de Trump, los defensores de los derechos sobre las armas aseguran que la administración ha sido bastante favorable. Señalan nombramientos como el de Harmeet Dhillon en la División de Derechos Civiles del Departamento de Justicia y disposiciones de la “gran y hermosa ley” de política interna Trump para reducir tarifas sobre algunos equipos para armas de fuego, como los silenciadores.
También ha habido cierta fricción por medidas que ha tomado el Gobierno de Trump. Gutowski escribió en agosto pasado sobre las objeciones de grupos proarmas al despliegue de decenas de agentes de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos en Washington, como parte de la ofensiva del Gobierno en materia de seguridad en la ciudad.
Pero Robert Spitzer, profesor de la Universidad Estatal de Nueva York en Cortland y autor de varios libros sobre armas y política, dijo que las rupturas de Trump con los grupos proarmas suelen ser de corta duración, incluso si sus comentarios más recientes sobre el tiroteo en Minnesota resultan particularmente llamativos.
“Sus instintos no necesariamente están del lado de los defensores de los derechos sobre las armas, pero quienes dirigen las agencias y departamentos relevantes sí lo están”, dijo Spitzer. “Creo que, a largo plazo, no va a tener realmente problemas con el sector proarmas. Pero este es un momento bastante disruptivo”.
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