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¿Alivio real o ilusión pasajera? Qué hay detrás de la baja de algunos precios en Venezuela a un mes de la detención de Maduro

Por CNN en Español

En un giro inesperado para los consumidores de un país acostumbrado a la hiperinflación, los precios de algunos productos básicos comenzaron a bajar en Venezuela.

El precio de la carne, por ejemplo, cayó unos US$ 5 el kilo entre el 13 y el 20 de enero en una popular cadena de supermercados: el kilo de bistec de res pasó de US$ 13,99 a US$ 8,99, lo que representa una disminución del 35,74 %. En tanto, el salario mínimo sigue fijado en 130 bolívares, unos 40 centavos de dólar al mes, desde hace años.

Esta tendencia se registró en otros productos, como el pollo, según pudo constatar CNN. Se trata de excepciones que contrastan con el cotidiano incremento de los precios en la mayoría de los productos y que causó sorpresa en los consumidores. La inflación acumulada rondó 270 % al cierre de 2025, según el Fondo Monetario Internacional.

La economía venezolana creció un 5,3 % en 2024 (último registro disponible), impulsada por la recuperación petrolera, según datos del Banco Mundial. Pero ese es quizás el único dato alentador. La deuda nominal de Venezuela asciende a entre US$ 82.800 millones, lo que equivale a cerca de 200 % del PBI según el FMI, aunque estimaciones citadas por Reuters hablan de un valor entre US$ 150.000 y US$ 170.000 millones, contando intereses acumulados y fallos judiciales. Además, el país se encuentra en default desde 2017, cuando el país incumplió pagos de bonos.

La caída de precios comenzó a evidenciarse pocos días después de la operación militar estadounidense y la captura de las principales figuras del Gobierno chavista: Nicolás Maduro y Cilia Flores. Y siguió también a la posterior juramentación de Delcy Rodríguez como presidenta encargada el 5 de enero, en coincidencia con la instalación de la Asamblea Nacional 2026-2031.

La inflación y sus causas son, sin embargo, aún un desvelo para la vida cotidiana de los venezolanos. “¿En cuánto está el dólar?” es aún el mantra cotidiano. Los comerciantes actualizan sus pizarras diariamente para cumplir con la ley que exige la tasa oficial, mientras los ciudadanos se apresuran a gastar sus bolívares antes de que se deprecien. Como no todos los importadores acceden a divisas oficiales, los precios suelen calcularse según el dólar paralelo, regido por la oferta y la demanda.

En este ecosistema, cada alza del dólar se traduce en una pérdida inmediata del poder adquisitivo y un recordatorio de que, aunque los precios se expresen en bolívares, la economía venezolana gravita irremediablemente en torno a la moneda estadounidense.

El dólar sirve también como termómetro para medir el pulso entre la economía y la política. Tras la intervención militar estadounidense, la primera reacción del mercado cambiario fue entrar en el mismo espiral de pánico que el escenario político y, en cuestión de horas, el dólar paralelo, motor de la fijación de precios en las calles, pasó de ubicarse en unos 530 bolívares a romper de forma rápida y fugaz el techo de los 1.000 bolívares. Días después, tras la inyección de divisas al mercado producto de los convenios de venta de petróleo a Estados Unidos, cayó de forma abrupta hasta los 400 bolívares por dólar y actualmente se mantiene ligeramente por encima de 500.

Parte de esa inyección provino del ingreso de US$ 300 millones, de los US$ 500 millones que negoció con Estados Unidos por venta de petróleo, confirmado hace un par de semanas por la presidenta encargada. Los fondos ingresaron al mercado a través del Banco Central de Venezuela y algunos bancos nacionales privados, para que ese dinero entre a la economía nacional.

Tras el descenso del dólar días después del 3 de enero, la dueña de una tienda de ropa de damas dijo a CNN que ajustó los precios para reflejar esa variación a la baja. “He bajado los precios en bolívares en la misma proporción en que ha bajado el dólar. Mantengo el sistema de ofrecer descuentos en divisas, pero sigo trabajando principalmente con precios marcados en moneda local”, aseguró esta economista, que por más de dos décadas se ha dedicado a este rubro y que prefirió mantener su nombre en reserva por temor a represalias.

La caída de precios, de todos modos, no compensa por ahora la depresión de una economía que hoy es apenas un 30 % de lo que era en 2013. Y los consumidores se cuidan ante la experiencia del pasado y la incertidumbre de una transición aún no muy definida.

“El día a día en la tienda es muy lento. La gente no entra ni siquiera a preguntar porque dicen que le están dando prioridad a alimentos y productos de farmacia. En este momento tengo hasta rebajas, pero muy pocas personas interactúan”, dice la dueña de este negocio, ubicado en un moderno centro comercial en el sureste de Caracas. “El resto de los negocios se encuentra en condiciones similares”, agrega, aunque asegura que muy pocos han modificado los precios.

La comerciante explicó a CNN que “en el último trimestre sufrieron un impacto durísimo por la subida del dólar”. Como estrategia para recibir el pago en divisas, como muchos vendedores, ofrece un descuento a quienes pagan en moneda extranjera, para reducir el impacto de la brecha cambiaria, es decir, el diferencial de tasas entre el dólar oficial —al que están legalmente obligados a vender— y el paralelo, con el que compran la mercancía.

Explica que las ventas de diciembre de 2025 fueron hasta un 70 % menores en comparación con el mismo período de 2024, tanto en monto como en cantidad de productos vendidos. “No fue lo que esperábamos ninguno de los comerciantes. Se nos ha hecho muy cuesta arriba mantener los costos y seguir operando”, lamentó.

Dice que la incertidumbre continúa y que siente que no puede volver a fijar la mercancía en dólares como antes, porque nadie sabe cuándo se estabilizará el país y, por tanto, la moneda.

“Todos esperamos que en algún momento el panorama cambie y podamos planificar con más claridad, pero por ahora seguimos trabajando día a día, ajustándonos a lo que pasa”, afirma. En su opinión, un cambio político en el país podría marcar una diferencia significativa.

“Nos daría un nuevo aire, nos traería positivismo y nos ayudaría a arrancar de una vez, porque se definirían políticas más serias en materia fiscal, monetaria y cambiaria”, concluyó.

El economista Asdrúbal Oliveros dijo a CNN que las medidas que toma la administración de Delcy Rodríguez, como la reforma de la ley de hidrocarburos, la exportación de gas licuado por primera vez y el proyecto de derogación de la Ley de Precios justos, pueden conducir este año a una moderación importante en los niveles de inflación y de devaluación de la moneda, así como una ligera recuperación del sector privado, si se mantienen las condiciones actuales. Sin embargo, aclara que en la cotidianidad de la gente estos cambios pueden llevar tiempo en materializarse.

Según sus estimaciones, la inflación en bolívares cerraría en torno al 150%, muy por debajo del 480 % que, según sus cálculos extraoficiales, se registró en 2025, mientras que en dólares se ubicaría alrededor de 20 %, frente al 35 % del año anterior. De momento, el Gobierno venezolano no ha realizado proyecciones sobre la inflación al cierre del año. En los últimos años diversos economistas señalan que ha sido recurrente la falta de información oficial sobre las variables económicas.

Oliveros explicó que la reducción sostenida de la brecha cambiaria será clave para este comportamiento. “A medida que la brecha se cierre, las distorsiones tenderán a moderarse, y eso puede traducirse en precios más estables en dólares”, indicó. Este ajuste también favorecería una mayor utilización de divisas en las transacciones, sobre todo si mejora el sistema de pagos y se levantan sanciones que impactan al sector financiero.

En el ámbito energético, Oliveros consideró que la reciente reforma a la ley de hidrocarburos constituye “un primer paso positivo” al incorporar figuras como los contratos de participación privada, la posibilidad del arbitraje internacional y la reducción de impuestos y regalías, además del control operativo y financiero.

Estos cambios podrían beneficiar a las empresas que ya operan en el país, como Chevron, Repsol, Eni y Maurel & Prom y atraer nuevos inversionistas. De concretarse, estima que la producción petrolera podría incrementarse en 250.000 barriles diarios y el PIB petrolero crecer hasta un 30 %. Delcy Rodríguez, al presentar la memoria y cuenta del Poder Ejecutivo el 15 de enero, ubicó la producción en 1.200.000 de barriles diarios.

Sin embargo, Oliveros advirtió que para impulsar inversiones más agresivas y sostenidas será necesario “profundizar los cambios en el esquema tributario y en las empresas mixtas”, a fin de generar confianza y estabilidad a largo plazo.

El economista también valoró como positiva la nueva Ley Orgánica para la Protección de los Derechos Socioeconómicos que deroga la antigua Ley de Precios Justos, aunque señaló que persisten elementos regulatorios que aún deben definirse en la práctica. “Cualquier mecanismo concertado de precios puede ser beneficioso siempre que evite los controles que en el pasado generaron escasez y distorsiones”, apuntó.

Finalmente, expresó que una mejora en los servicios públicos, especialmente en el sistema eléctrico y en el suministro de combustibles, tendría un efecto directo sobre la calidad de vida de las familias y el desempeño del sector privado. “Todo lo que reduzca la inflación, estabilice la moneda y mejore los servicios básicos ayuda a proteger el poder adquisitivo de los venezolanos”, concluyó.

El politólogo y encuestador venezolano Félix Seijas señaló a CNN que el impacto económico de las recientes medidas del Gobierno interino todavía está por verse, ya que “no es mucho lo que se ha puesto en práctica” hasta el momento.

Según Seijas, algunos precios bajaron coyunturalmente cuando disminuyó la presión en el mercado paralelo, pero el verdadero desafío sigue siendo aumentar el poder adquisitivo, un factor que “podría cambiar la percepción de la gente” sobre una eventual recuperación.

El experto advirtió que el sistema bancario “aún no tiene las condiciones” para impulsar el crédito y que, aunque la producción petrolera muestra señales de crecimiento, enfrenta un “techo de corto plazo” que tomará tiempo superar. Vender el crudo sin descuentos representa en su opinión un alivio temporal para las finanzas públicas.

Destacó que desde el Poder Ejecutivo se preparan nuevas iniciativas, entre ellas una ley de acuerdos de precios y otra para agilizar trámites, con el objetivo de generar una sensación de mejora en el día a día de los ciudadanos. Pero Seijas subraya que el proceso “no será rápido” y advierte que el Gobierno busca ganar tiempo mientras procura que cualquier mejora económica sea percibida como resultado directo de su gestión. “El reto del chavismo es impactar a su base y a los sectores no identificados políticamente”, explicó.

El éxito de la gestión económica del Gobierno interino dependerá de si estos ajustes técnicos logran transformarse en una recuperación real del poder adquisitivo y en una confianza institucional que, tras años de hiperinflación y giros políticos, sigue siendo el activo más escaso en el país. Los ciudadanos se mantienen alertas ante los posibles cambios entre esperanza, escepticismo y la incertidumbre con un Gobierno interino sin fecha de caducidad y sin una fecha de elecciones a la vista.

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