Skip to Content

¿Podría China presionar a Irán para que firme un acuerdo de paz? Solo si obtiene algo a cambio

Análisis por Simone McCarthy

La visita a Beijing del máximo diplomático iraní, pocos días antes de que el presidente de Estados Unidos Donald Trump viaje a la capital china, ha dejado planteada una pregunta clave: ¿puede China asumir el papel de mediador de paz en el conflicto entre Estados Unidos e Irán?

Ante un alto el fuego inestable y una diplomacia intermitente que hasta ahora no ha logrado poner fin de forma duradera a una guerra que amenaza con arrastrar con ella la economía mundial, tanto Teherán como Washington están en la búsqueda de una salida.

Y Beijing, al menos sobre el papel, es un claro aspirante a asumir un papel en ese sentido.

China ha sido durante mucho tiempo un estrecho aliado diplomático y económico de Irán, una alianza basada en sus fricciones comunes con Estados Unidos y su afán por obtener petróleo barato. Además, mantiene una comunicación fluida con Washington y podría hablar directamente con Trump durante su reunión con el líder Xi Jinping la próxima semana.

Fue probablemente ese futuro encuentro el que llevó al ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, a Beijing, donde expresó grandes esperanzas de que China pudiera prevenir “violaciones de la paz y la seguridad internacionales” en una reunión con su homólogo chino, Wang Yi, según un comunicado iraní.

Y es probable que Trump también saque a relucir el conflicto durante su esperado viaje, que en un principio iba a centrarse en la competencia económica entre las dos potencias y que ahora se ve ensombrecido por la guerra con Irán.

El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, aludió a ello el martes, cuando declaró a los periodistas que esperaba que China presionara a Irán para que redujera su control sobre el estrecho de Ormuz.

Los propios funcionarios chinos llevan semanas pidiendo un alto el fuego y posicionando a Beijing como un posible mediador de paz, incluso después de que Xi presentara el mes pasado una propuesta general de cuatro puntos para la paz en Medio Oriente.

Wang, el ministro de Asuntos Exteriores, reiteró la postura de Beijing en su reunión con Araghchi, y se comprometió a seguir ayudando a iniciar las conversaciones de paz y a “desempeñar un papel más importante en el restablecimiento de la paz y la tranquilidad en Medio Oriente”, según un comunicado chino.

El hecho de tener a ambas partes de su lado en el lapso de una semana ya representa una victoria para Xi, quien busca consolidar el papel de China como potencia mundial. Negociar con un líder estadounidense cada vez más impopular, inmerso en una guerra costosa y en busca de victorias fáciles, probablemente tampoco le resulte desagradable a Xi.

Fuentes chinas familiarizadas con el asunto declararon recientemente a CNN que Beijing considera que el conflicto de varios meses de su adversario con Irán podría haber fortalecido su posición negociadora.

Según esas fuentes, la situación podría brindarle a China una oportunidad única para sacar provecho del estancamiento político antes de lo que probablemente serán unas elecciones de mitad de mandato muy reñidas para Trump, ya que se considera que el presidente está ansioso por presentar victorias tangibles a los votantes estadounidenses, como grandes compras chinas de productos agrícolas estadounidenses y aviones Boeing.

Pero la disposición de Beijing a ejercer presión para que las partes avancen hacia la paz es otra cuestión, ya que Xi busca equilibrar los crecientes riesgos económicos derivados de la guerra con las ambiciones a largo plazo de China de posicionarse como una potencia mundial alternativa a Estados Unidos.

Aunque la opinión generalizada en Occidente suele indicar que Beijing se alegra automáticamente cada vez que el Ejército estadounidense está desplegado en otro lugar del mundo, existen razones tangibles para que China desee que el conflicto termine.

La segunda economía más grande del mundo se ha mantenido relativamente al margen de la histórica crisis petrolera mundial que azotó a sus vecinos, incluidos aliados regionales clave de Estados Unidos, debido a sus enormes reservas propias de petróleo, su alto nivel de autosuficiencia energética y su temprana transición a las energías renovables.

Pero a medida que la guerra se prolonga, esas reservas se agotan, al igual que la seguridad energética, prioridad del gobierno de Xi. Y aunque aún no hay escasez de suministro, la economía china sigue expuesta a elevados precios del combustible, algunos de los cuales el gobierno ha pedido a las compañías petroleras nacionales que compensen. Una recesión económica mundial derivada de la guerra también perjudicará a la economía china, altamente dependiente de las exportaciones.

También existe preocupación por el impacto negativo de la guerra en las relaciones entre Estados Unidos y China, una relación que Beijing desea mantener estable para reducir la fricción con sus propias ambiciones globales.

Según los analistas, China siguió comprando petróleo iraní durante el conflicto, importando más de un millón de barriles diarios el mes pasado, utilizando las reservas de los depósitos flotantes que ya se encontraban en Asia y que no se vieron afectadas por el bloqueo naval estadounidense del estrecho de Ormuz.

En las últimas semanas, Estados Unidos ha aumentado la presión económica sobre las compras chinas, que el año pasado representaron más del 90 % de las exportaciones de Irán y otorgaron a Beijing una importante influencia económica sobre el país persa.

El mes pasado, Washington incluyó en su lista negra a una importante empresa petroquímica china que, según afirmó, era una de las principales compradoras de crudo iraní. Se trata de la mayor refinería china que hasta el momento ha sufrido este revés. En una medida inusual, Beijing ordenó a las empresas del país que no acataran las sanciones impuestas a dicha empresa y a otras cuatro refinerías nacionales incluidas en la lista negra estadounidense.

Es posible que China esté encantada de desviar la atención de estas fricciones y ganarse la buena voluntad de Trump mostrando su reciente diplomacia con Irán como parte de un esfuerzo de buena fe para ayudar a Washington a poner fin a la guerra.

Sin embargo, los analistas se muestran escépticos ante la posibilidad de que Beijing utilice su influencia para presionar demasiado a Irán y obligarlo a ceder a las exigencias estadounidenses, especialmente sin incentivos claros por parte de Washington.

Por un lado, Beijing podría confiar poco en su influencia sobre Teherán, a pesar de su alianza diplomática. Y aunque China se ha mostrado moderada en sus críticas a Estados Unidos durante este conflicto, siempre ha sostenido que la guerra es un problema que Washington debe solucionar.

Mientras tanto, aunque China pueda ejercer una importante influencia económica sobre Irán mediante la compra de petróleo, en medio de una crisis petrolera mundial, China también necesita esos barriles.

Sylvie Zhuang, de CNN, contribuyó a este reportaje.

The-CNN-Wire
™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.

Article Topic Follows: CNN - Spanish

Jump to comments ↓

CNN Newsource

BE PART OF THE CONVERSATION

News Channel 3 is committed to providing a forum for civil and constructive conversation.

Please keep your comments respectful and relevant. You can review our Community Guidelines by clicking here

If you would like to share a story idea, please submit it here.