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El equipo de Trump está lleno de millonarios y se nota cuando hablan de economía

Análisis de Aaron Blake, CNN

El Gobierno de Donald Trump concentra a uno de los mayores grupos de multimillonarios en el mundo.

Y, con frecuencia, eso se nota.

A medida que han proliferado las percepciones económicas negativas en los últimos meses, el Gobierno ha hecho repetidamente comentarios que, en el mejor de los casos, han sido poco acertados y, en el peor, sorprendentemente desconectados de la realidad. Y no hay señales de un cambio de rumbo.

El excongresista republicano convertido en independiente Justin Amash, de Michigan, apostó el miércoles: “Es como si este Gobierno ahora simplemente estuviera troleando a MAGA”.

Respondía a comentarios del asesor económico de la Casa Blanca Kevin Hassett, quien destacó el aumento del gasto con tarjetas de crédito entre los estadounidenses.

“De hecho, ayer tuve en mi oficina al director de uno de los cinco grandes bancos revisando los datos de tarjetas de crédito y, tal como dijo el secretario del Tesoro, Scott Bessent, el gasto con tarjetas está por las nubes”, dijo Hassett a Fox Business Network. “Están gastando más en gasolina, pero también en todo lo demás”.

Hassett, quien como Bessent no es multimillonario, argumentaba que el consumo es fuerte, lo que sugeriría una economía saludable. Pero también puede interpretarse como reflejo de precios en alza y de estadounidenses endeudándose, algo que Amash y otros críticos de Trump señalaron rápidamente.

“El Gobierno de Trump ahora está CELEBRANDO que los estadounidenses paguen más por la gasolina y usen más sus tarjetas de crédito”, dijo la oficina del gobernador de California, Gavin Newsom. “Literalmente están presumiendo que la gente está siendo presionada”.

El presidente Trump hizo comentarios similares el lunes en una cumbre de pequeñas empresas en la Casa Blanca.

“Y gracias a estas políticas de crecimiento, nuestra economía está en auge y la construcción de fábricas ha aumentado mucho”, dijo. “La confianza del consumidor está muy alta”.

Ninguno de esos indicadores está “muy alto” ni siquiera “alto”. De hecho, la construcción de fábricas ha disminuido bajo Trump tras haber crecido significativamente durante el Gobierno del expresidente Joe Biden. Y los datos muestran que la confianza del consumidor se encuentra en algunos de sus niveles más bajos desde la Segunda Guerra Mundial.

El calificativo de “en auge” tampoco coincide con la percepción de la mayoría de los estadounidenses: solo el 6 % calificó la economía como “muy fuerte” en encuestas publicadas el mes pasado.

Trump ha dejado ver de forma constante su estilo de vida de multimillonario. El mes pasado, por ejemplo, sugirió no estar familiarizado con el concepto de “tienda de la esquina”.

“¿Qué es una tienda de la esquina? Nunca había oído ese término”, dijo en Las Vegas durante un evento económico. “Nunca había escuchado que se describiera así. ¿Quién escribió eso?”.

Un día antes, el secretario del Tesoro Scott Bessent citó cifras de gasto para afirmar que los estadounidenses en realidad se sentían bien con la economía, independientemente de lo que dijeran.

“Bueno, en el fondo se sienten bien”, dijo. “No estoy seguro de qué le dicen a quienes hacen las encuestas”.

Eso corría el riesgo de sonar condescendiente hacia los estadounidenses que califican la economía como bastante mala.

No fue el primer comentario desconcertante del secretario del Tesoro. En enero, dijo que el Gobierno no quería que su propuesta de prohibir a inversionistas institucionales comprar viviendas unifamiliares afectara a inversionistas “familiares”.

Inversionistas “familiares” que… poseían hasta una docena de viviendas.

“Alguien, quizá tus padres para su jubilación”, dijo Bessent a Fox Business, “compró cinco, diez, doce casas. No queremos sacar a esos pequeños inversionistas. Solo queremos sacar a los demás”.

Esa misma semana, Trump viajó a Davos, Suiza, y presumió ante líderes empresariales cuánto los estaba enriqueciendo.

“Ni siquiera pregunto cómo les va ahora”, dijo ante un grupo de directores ejecutivos. “Es como si todos estuvieran ganando tanto dinero”.

También recordó cómo, durante su primer mandato, un amigo adinerado compró un avión que ni siquiera utilizó. Irónicamente, este es el tipo de élite que el movimiento MAGA suele criticar.

El episodio ejemplifica la desconexión que con frecuencia ha mostrado Trump. Sigue enfocado en poner su nombre en proyectos y en construir grandes obras en Washington, incluso mostrando una estatua dorada de sí mismo en redes sociales, mientras muchos estadounidenses consideran que ha descuidado el costo de vida.

Las encuestas sugieren que esta desconexión le está pasando factura. Y estos son solo los ejemplos más recientes. Antes de su discurso en Davos hubo otros episodios similares.

Entre ellos, la secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, hablando de ahorrar dinero criando gallinas en casa; Trump sugiriendo que los estadounidenses podrían comprar menos juguetes para sus hijos debido al aumento de precios por aranceles; y el secretario de Comercio, Howard Lutnick, asegurando que su madre no se quejaría si no recibiera un cheque del Seguro Social.

Es como si dentro de la administración nadie advirtiera que este tipo de comentarios puede sonar desconectados. Lo que parece importar más es reforzar la narrativa de Trump de que la economía va bien.

Eso puede ser cierto para los estadounidenses más ricos. Pero ese mensaje no ha convencido al resto del país —y podría resultar contraproducente—. De hecho, la percepción de la economía ha empeorado en los últimos meses.

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