Los demócratas intensifican sus ataques contra la Corte Suprema. Esto es lo que podría significar
Análisis de Aaron Blake, CNN
Los demócratas no han estado precisamente contentos con la Corte Suprema de Estados Unidos desde que el tribunal pasó a tener una mayoría conservadora de 6-3 en 2020. Y mucho menos desde que anuló Roe vs. Wade en 2022 y otorgó a Donald Trump una amplia inmunidad presidencial en 2024.
Pero, tras un par de fallos que permitieron a estados conservadores del sur eliminar distritos de mayoría negra —algo que los republicanos utilizan abiertamente para intentar preservar su mayoría en la Cámara de Representantes—, la retórica demócrata tomó otro rumbo.
Cada vez más, no solo critican duramente a la Corte; también cuestionan su legitimidad, la califican de corrupta, la describen como abiertamente política y advierten que quedará marcada de forma infame en la historia.
Dado que recientes decisiones del tribunal han beneficiado claramente a los republicanos, los demócratas consideran que ese argumento es justo y válido. Sin embargo, todavía no está claro si se trata de una estrategia política ganadora. Y, al igual que la retórica del presidente Donald Trump sobre los jueces, corre el riesgo de deslegitimar una rama clave del Gobierno.
Los comentarios de algunos destacados demócratas han sido especialmente contundentes, en una señal de que intentan ejercer presión sobre el tribunal, hacer campaña contra él o ambas cosas.
“La Corte Suprema está manipulada”, publicó el senador Ruben Gallego, posible aspirante presidencial para 2028. El demócrata de Arizona también la calificó como “la Corte Suprema más partidista en la historia de la nación”.
La oficina del gobernador de California, Gavin Newsom —otro posible aspirante presidencial para 2028— publicó en X que la Corte estaba “haciendo política de poder sin disimulo” y que, en el caso del fallo sobre Alabama emitido este lunes, estaba “interfiriendo en las elecciones DESPUÉS de que se emitieran los votos”.
(El fallo sobre Alabama llegó pese a que las elecciones primarias del estado estaban programadas para la próxima semana y ya se habían enviado las boletas de voto por correo).
“Hay una razón por la que tantos estadounidenses han perdido la fe en la Corte de Trump y ahora la consideran una entidad política partidista: tienen ojos”, escribió la oficina de Newsom.
El senador Cory Booker, de Nueva Jersey, quien compitió por la presidencia en 2020, calificó a la Corte Suprema como “una corte corrupta” durante el programa “Meet the Press” de NBC el domingo.
Y muchos otros demócratas expresaron opiniones similares:
- El representante Ted Lieu, de California, llamó al presidente de la Corte Suprema, John Roberts, “un actor político que lidera la Corte Suprema más partidista de la historia de Estados Unidos”.
- El también representante por California Ro Khanna la calificó como una “Corte moralmente en bancarrota”.
- El senador Bernie Sanders, de Vermont —independiente que suele votar junto a los demócratas— la describió como una “Corte Suprema reaccionaria”.
- El candidato al Senado por Maine Graham Platner dijo que la “Corte Suprema corrupta y ultraderechista está ocupada remodelando el Congreso a su imagen”.
El fallo de finales de abril de la Corte Suprema en un caso de Louisiana debilitó severamente la Ley de Derecho al Voto y otorgó a los republicanos una nueva herramienta en su abierto esfuerzo por rediseñar más distritos favorables al Partido Republicano para las elecciones de mitad de mandato de 2026.
Y entre las decisiones sobre Louisiana y Alabama, dos prominentes demócratas negros compararon la Corte encabezada por Roberts con la liderada por el presidente de la Corte Suprema Roger Taney, responsable de la infame decisión Dred Scott de 1857, que determinó que las personas negras no podían ser ciudadanas.
“Creo que el juez Roberts ocupará su lugar junto a otros jueces infames como Taney”, dijo el representante James Clyburn, de Carolina del Sur y exnúmero tres demócrata de la Cámara de Representantes, a Jake Tapper de CNN el domingo.
Tras la decisión sobre Louisiana, el expresidente del Comité Nacional Demócrata Jaime Harrison, calificó a la Corte de Roberts como “la peor Corte Suprema en la historia de Estados Unidos. Sí, peor que la Corte de Taney. Punto final”.
(Harrison ha hecho esta comparación durante meses, argumentando que el retroceso de los derechos civiles por parte de la Corte de Roberts es más sutil e insidioso que el de la Corte de Taney, aunque no menos peligroso).
No es totalmente nuevo que los demócratas cuestionen la legitimidad de la Corte, especialmente después del fin de Roe y del fallo sobre la inmunidad de Trump, ni que la acusen de estar demasiado inclinada hacia la derecha.
Pero hoy una respuesta más agresiva —que con frecuencia cuestiona las motivaciones de los jueces— parece haberse convertido, más o menos, en el discurso habitual entre muchos actuales y potenciales candidatos presidenciales demócratas.
Por supuesto, Trump ha pasado años socavando la legitimidad de los tribunales y atacando ferozmente decisiones judiciales que no le gustan. Tan recientemente como el domingo, insinuó públicamente que los tres jueces que nombró deberían serle leales, aunque el sistema no funciona de esa manera.
Y existe una línea muy delgada entre una crítica severa y una crítica injustificada. Los demócratas argumentarían que la Corte Suprema se ha ganado las críticas que recibe.
No hay duda de que las recientes decisiones del tribunal representaron una gran victoria para los republicanos. Pero, más allá de eso, los críticos señalan que la Corte ha dejado de lado y revertido repetidamente sus propios precedentes —es decir, fallos que deberían orientar cómo se resuelven cuestiones legales— de maneras que con frecuencia favorecieron a los republicanos.
Actualmente, existe mucho más escepticismo hacia la Corte en la izquierda política. Pero todavía no parece que amplios sectores del país hayan aceptado la idea de que el tribunal está completamente capturado y carece de legitimidad.
Una encuesta publicada el mes pasado por Reuters e Ipsos, realizada poco antes de la decisión sobre Louisiana, mostró que los estadounidenses tienen una opinión desfavorable de la Corte Suprema por un margen de 53 % frente a 43 %.
Las encuestas más recientes de Gallup y de la Facultad de Derecho de Marquette muestran una división negativa similar sobre el tribunal.
No son cifras positivas, pero tampoco resultan inusuales en un momento en el que los estadounidenses han perdido confianza en muchas instituciones.
Por ejemplo, la encuesta de Reuters-Ipsos mostró que apenas el 21 % de los estadounidenses en general y el 33 % de los demócratas tenían una opinión “muy desfavorable” de la Corte Suprema. El sondeo de Marquette indicó que solo el 23 % de los estadounidenses y menos de la mitad de los demócratas (43 %) desaprobaban firmemente al tribunal.
Ambas encuestas se realizaron después de que la Corte Suprema bloqueara los aranceles de Trump, una decisión con la que, según las encuestas, coincidían aproximadamente dos tercios de los estadounidenses.
Pero no está claro que un argumento sobre la ilegitimidad de la Corte conecte con los votantes independientes, o al menos que lo hiciera antes del fallo sobre Louisiana, incluso si logra movilizar a sectores más apasionados de la base demócrata. Es posible que un argumento sobre el rápido retroceso de los derechos civiles y la ayuda a los republicanos para reducir drásticamente la representación negra en el Congreso termine teniendo un impacto más amplio.
Aun así, los demócratas están lanzando una advertencia al estilo de Trump a la Corte Suprema: están dispuestos a llevar el enfrentamiento hasta ese nivel.
Pero el riesgo de esa estrategia es que podría seguir dañando la credibilidad de la Corte ante la opinión pública. Una encuesta de NBC News publicada en marzo mostró que un mínimo histórico de apenas el 7 % de los estadounidenses tenía “mucha” confianza en la Corte Suprema, mientras que cerca de cuatro de cada diez tenían “muy poca” o ninguna confianza en ella.
En un sistema político en el que el Congreso ya no logra hacer demasiado, las grandes preguntas suelen reducirse a si la Corte Suprema frenará al presidente.
Y si los estadounidenses dejan de confiar en los tribunales como árbitro final, eso representa un gran problema para la democracia de Estados Unidos.
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