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Los retos y oportunidades que tiene México en el Mundial 2026

Análisis de Andrea Saint Martin, CNN en Español

La selección mexicana de fútbol hará historia en 2026 al convertirse en la primera en jugar tres Copas Mundiales de la FIFA en casa. Dicho escenario podría jugarle a su favor de múltiples maneras. De hecho, no es casualidad que las mejores participaciones que ha tenido el Tri en su historia fueran siendo anfitrión, alcanzando los cuartos de final en las dos ediciones anteriores.

En México 1970, el equipo dirigido por Raúl Cárdenas cayó 4-1 ante Italia, mientras que en 1986, ya bajo la dirección de Bora Milutinović, quedó afuera del certamen ante la República Federal de Alemania en tanda de penales.

Esta última fue la única vez que la selección jugó cinco partidos en una Copa del Mundo, hito que no ha vuelto a alcanzar desde entonces, siempre quedando eliminada en octavos de final, en la fase de grupos (como sucedió en Qatar 2022) o ni siquiera clasificando (quedó inhabilitada rumbo a Italia 1990 por el escándalo de los “cachirules”).

Volver a ser sede del torneo futbolístico más importante del mundo trae esperanzas renovadas en la afición de volver a llegar a los cuartos de final, o incluso ir más allá, para los más soñadores. Sin embargo, el panorama no es alentador, pues, aunque se cuenta con algunas ventajas que podrían ayudar en su desempeño, hay múltiples áreas de oportunidad que podrían pesar.

La mayor ventaja que tiene cualquier selección anfitriona de un Mundial es la clasificación automática, porque, ¿cuál es el chiste de organizar una fiesta si no te dejan participar en ella?

Tener un lugar asegurado quita mucha presión a la federación, pues se puede dejar de lado el torneo clasificatorio. En el caso de México, es el de la Concacaf, del que suele liderar su ranking de selecciones.

Formar parte de esta confederación puede hacer suponer a más de uno que la selección azteca tiene un boleto asegurado prácticamente cada cuatro años. No obstante, el Tri ha sufrido en procesos clasificatorios, como fue el caso de Brasil 2014, cuando tuvo que derrotar a Nueva Zelandia en el repechaje intercontinental.

Esto parecería indicar que México llega con un mejor panorama por delante. Desafortunadamente, no se puede dejar de lado que la presión de disputar un torneo clasificatorio ayuda a elevar la exigencia de una selección. Si a esto se le suma que la selección mexicana viene de quedar eliminada en fase de grupos en Qatar 2022 (su peor resultado desde Argentina 1978), quizá avanzar directamente al Mundial 2026 no era lo mejor para el anfitrión.

En los casi tres años y medio que pasaron desde el descalabro del Tri en Medio Oriente, el mal sabor de boca se ha disipado sumando dos títulos de la Copa Oro (2023 y 2025) y uno de la Liga de Naciones de la Concacaf (2024-2025). Tres logros que, hay que decirlo, lo muestran como el mejor seleccionado de Centroamérica y Norteamérica.

Asimismo, en los últimos meses de preparación, la federación ha buscado partidos amistosos con selecciones que pintan como candidatas, como Portugal y Bélgica, con las que finalizó en empate.

No obstante, México está cerrando su preparación para el torneo con duelos amistosos ante equipos que están por debajo en el ranking FIFA: Ghana (74), Australia (27) y Serbia (39).

¿Será suficiente para compensar el no haber disputado el clasificatorio de la Concacaf? No lo sabremos hasta que se inicie la Copa del Mundo.

Tras el sorteo de los grupos para el Mundial 2026 y la clasificación de los últimos participantes en el repechaje europeo, los aficionados mexicanos respiraron al darse cuenta de que no formarán parte de uno de los “grupos de la muerte”.

Como parte del Grupo A, el Tri enfrentará a Sudáfrica, Corea del Sur y República Checa, tres selecciones que no pintan como favoritas para ser campeonas del mundo, que no han ganado títulos recientes en las copas de sus confederaciones y que no ocupan un lugar superior en el ranking de la FIFA (mientras que México es 15, Corea del Sur es 25, República Checa es 41 y Sudáfrica 60).

Son tres rivales que el conjunto tricolor ya ha enfrentado en Copas del Mundo. Con Sudáfrica repetirá la inauguración del Mundial 2010, que finalizó con un empate a un gol. A Corea del Sur ya lo derrotó en fase de grupos en dos ocasiones: la primera en Francia 1998 con un marcador 3-1 y la segunda en Rusia 2018 con un 2-1. Finalmente, venció 3-1 a República Checa (entonces Checoslovaquia) en Chile 1962, el primer triunfo de México en la historia del torneo.

Si México queda primero en su grupo, se enfrentará a una selección que termine en tercer lugar de los grupos C, E, F, H o I. Y si queda segundo se medirá ante el segundo del Grupo B: Canadá, Qatar, Suiza o Bosnia y Herzegovina.

Hasta este punto, el panorama luce favorable. Sin embargo, en caso de llegar a los octavos de final (el ansiado quinto partido), la situación se complica para México, ya que algunas de las selecciones que se perfilarían como rival incluyen a Inglaterra, Croacia, Países Bajos, Brasil o Marruecos, todos candidatos a llegar a semifinales, cuanto menos.

El Estadio Azteca es uno de los inmuebles futbolísticos más icónicos del mundo. Vio a Pelé coronándose campeón con Brasil en 1970, “la mano de Dios” de Maradona en 1986 y el segundo título de la selección argentina ese mismo año. El Coloso de Santa Úrsula es también el hogar de la selección mexicana y de los clubes América y Cruz Azul de la Liga MX.

Volver a jugar en casa pinta como una gran ventaja para el conjunto tricolor, ya que es un terreno bien conocido, no solo para quienes ya han jugado en él con la selección, sino también para quienes lo han hecho en algún torneo de clubes local o de la Concacaf.

Además, jugar en la capital mexicana les ayuda a tener otro as bajo la manga: la Ciudad de México tiene una altitud de 2.240 metros sobre el nivel del mar, lo que representa un reto físico para cualquier atleta que no esté acostumbrado a ella.

El conjunto tricolor se aventurará a Guadalajara para su segundo partido de la fase de grupos. Aunque su altitud de 1.700 metros sobre el nivel del mar no representaría una ventaja tan grande, sí lo es que también es un territorio conocido para los jugadores de la Liga MX por ser la casa de las Chivas.

Se espera que la capacidad de ambos inmuebles mundialistas se llene de aficionados locales, cuyos cánticos darán aliento a México en los tres partidos de la fase de grupos y meterá presión a los rivales.

Tener a tu gente en duelos tan cruciales será un factor clave para la selección azteca. Sin embargo, los malos resultados también se magnificarán. Solo basta recordar que tras el empate con Portugal en la reinauguración del Azteca se escucharon abucheos por parte de los espectadores. ¿Qué se puede esperar de un partido mundialista si eso ocurre en un amistoso?

La presión no solo vendrá en la cancha, sino que también se manifestará en redes sociales y la prensa cada vez que no se logre alcanzar un resultado esperado.

Se dice que jugar de local siempre da una ventaja. ¿Será ese el caso de México este 2026? Dependerá mucho de cómo arranque el Mundial.

El conjunto tricolor llegará al torneo bajo la dirección técnica de Javier Aguirre, con quien disputará su tercera Copa Mundial de la FIFA. Curiosamente, en su época como futbolista, el mexicano formó parte de la selección azteca que llegó a los cuartos de final en México 1986, jugando en todos los partidos de dicho torneo como mediocampista.

Como entrenador, el Vasco llegó al banquillo de la selección mexicana primero en julio de 2001, con el objetivo de dar un buen desempeño en el Mundial de Corea y Japón 2002. El equipo avanzó como líder de grupo tras vencer a Croacia y Ecuador, además de empatar con Italia. No obstante, quedó eliminado en la siguiente ronda por Estados Unidos, rival de la Concacaf que parecía “fácil”, pero dio la sorpresa.

Tras la derrota, Aguirre se fue y pasó los siguientes años dirigiendo en España a clubes como el Osasuna y el Atlético de Madrid. Su regreso a la selección mexicana se dio en abril de 2009 en el ciclo mundialista previo a Sudáfrica 2010.

El mexicano se mantuvo en el puesto durante dicho Mundial, en donde empató con Sudáfrica, derrotó a Francia y cayó ante Uruguay. Desafortunadamente, volvió a quedar eliminado en octavos de final ante Argentina, que también lo había dejado afuera cuatro años antes en Alemania.

La historia se repitió y Aguirre volvió a abandonar el banquillo, aunque en esta ocasión por un período mucho más largo. El entrenador volvió a LaLiga para dirigir a clubes como el Real Zaragoza, el Espanyol, el Leganés y el RCD Mallorca. También se aventuró en el fútbol de los Emiratos Árabes dirigiendo al Al-Wahda por dos años, e incluso dirigió otras selecciones, como Japón en la Copa de Asia de 2015 y Egipto en la Copa Africana de 2019.

Tuvieron que pasar casi 15 años para que volviera a ser llamado por la Federación Mexicana de Fútbol (FMF) para encabezar el cuerpo técnico en su tercer Mundial en casa. Desde que ocupó el cargo de entrenador en julio de 2024, el Vasco suma 15 victorias, cuatro derrotas y ocho empates, además de los títulos más recientes de la Copa Oro y la Liga de Naciones de la Concacaf.

Aguirre tiene la experiencia de dirigir a México en un Mundial, conoce la presión que se espera de él para llegar al quinto partido e incluso entiende lo que significa jugar con la verde en casa y ante su afición.

De acuerdo con Pablo García Escorihuela, de CNN, su principal reto en este ciclo mundialista ha sido redescubrir el papel de los jóvenes futbolistas que serían ideales para formar parte de su convocatoria, especialmente para renovar su plantel.

Sin tener todavía la convocatoria final para la Copa del Mundo de 2026, Aguirre incluso podría tener que trabajar junto a jugadores experimentados como el portero Memo Ochoa, quien, tras la lesión de Luis Malagón, se perfila para hacer historia siendo el primer mexicano en jugar seis Mundiales.

El desempeño del Vasco permitirá saber si la apuesta de México por la experiencia es la correcta, o si debe inclinarse por opciones más frescas. Rafael Márquez, ícono del Tri y su actual auxiliar técnico, pinta para convertirse en el nuevo entrenador de la selección de cara al Mundial 2030. Los resultados que obtenga su predecesor este verano podrían marcar su camino de ensueño al romper una “maldición”, o de pesadilla si se repite el fracaso de Qatar 2022.

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Con información de Federico Leiva y Pablo García Escorihuela, de CNN.

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