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¿Quién es Lionel Scaloni? Trayectoria y títulos del héroe impensado de Argentina

Por Esteban Campanela, CNN en Español

El segundo Lionel más famoso de Argentina recorrió un camino poco habitual. Pasó de retirarse como jugador en el Atalanta en 2015 a ser el entrenador de su selección solo tres años después. No tenía experiencia como líder principal de ningún plantel en el más alto nivel, y tampoco era un ídolo del combinado nacional. Su currículum incluía ser asistente de Jorge Sampaoli en el Sevilla y luego en la Albiceleste que fue a los tumbos al Mundial de Rusia 2018. Dirigió la Sub20 de Argentina y se consagró campeón del torneo internacional juvenil de L’Alcudia, y tras ese éxito, fue nombrado entrenador interino del plantel mayor tras la traumática salida de Sampaoli.

Su llegada estuvo repleta de dudas y cuestionamientos, tanto de los medios como de la mayoría de los aficionados albicelestes. El seleccionado había tenido un pobre desempeño en Rusia, con rumores de nula relación entre DT y plantilla incluido, que terminó con el despido de Sampaoli. La sequía sin títulos se había extendido a 25 años. Todo indicaba que se había desaprovechado el mejor momento del mejor jugador de la historia…

Dentro del campo de juego, Scaloni tuvo una buena carrera. Fue un muy buen lateral derecho con mucha dinámica e ida y vuelta. Salió de Newell’s de Rosario, el mismo club donde Messi jugó en inferiores. Fue comprado por el Deportivo La Coruña y allí estuvo nueve años y obtuvo los cuatro títulos que ganaría como profesional. Después tuvo breves pasos por West Ham, Racing de Santander y Mallorca, y cinco temporadas en la Lazio y tres en el Atalanta.

Su relación con la selección argentina tuvo altos y bajos. Empezó por la cima, siendo campeón del mundo en el Mundial Sub20 disputado en Malasia en 1997, donde compartió plantel con sus actuales ayudantes de campo, Pablo Aimar y Walter Samuel. Ya como jugador del plantel mayor, participó de Alemania 2006, donde disputó un solo partido, ante México en octavos de final. Le costó afianzarse en el combinado albiceleste, donde el puesto estuvo dominado por Javier Zanetti durante muchos años. Alternó periodos en los que fue convocado con otros en los que no, y no llegó a convertirse en un emblema de la camiseta celeste y blanca. Eso en el rectángulo de juego…

Eso hacía aún más gigante el desafío para Scaloni como seleccionador, y el escepticismo que lo rodeaba era palpable. Tomaba las riendas de un equipo golpeado y con una necesidad de recambio generacional urgente. Por ejemplo, ya no iba a poder contar con históricos como Javier Mascherano y Gonzalo Higuaín, quienes cerraron la puerta ellos mismos. Tras una serie de partidos amistosos y ante negativas de algunos entrenadores para asumir, fue ratificado como el técnico interino de una de las selecciones más importantes del mundo. Casi sin experiencia. Algunos periodistas lo fustigaron con fuerza: “inexperto” y “falta de respeto a los técnicos de fútbol” fue algo de lo que se escuchó tras algún mal resultado en sus comienzos.

Muy rápido le llegó el primer gran desafío, la Copa América 2019 en Brasil, donde bordeó la eliminación en la fase de grupos, pero finalmente llegó hasta la semifinal, donde perdió de manera muy polémica ante la Canarinha. La actuación acabó siendo aceptable y el plantel expresó su apoyo para el entrenador.

La revancha llegaría rápido. Por un reacomodamiento del calendario de la Conmebol (otro más), iba a haber dos Copas Américas seguidas, como pasó en 2015 y 2016. Sin embargo, la pandemia obligó a postergar un año la que iba a disputarse en 2020 en Argentina y Colombia, y a cambiar la sede. Por segunda vez consecutiva, y gracias a las laxas políticas del Gobierno de Bolsonaro sobre el covid-19, Brasil fue nuevamente el anfitrión, y tras un muy buen arranque en las eliminatorias, Scaloni obtuvo respaldo para dirigir ese torneo.

Ya con más de dos años de experiencia al frente del seleccionado, el DT había logrado un exitoso recambio generacional. Messi y Di María se convirtieron en los líderes futbolísticos de un grupo de jóvenes talentos. Los Mascherano, Biglia e Higuaín le dejaron paso a los De Paul, Paredes y Lautaro Martínez, entre otros.

El entrenador hizo otra gran apuesta que pagó con creces. Decidió darle la titularidad en el arco a Emiliano “Dibu” Martínez, un arquero poco conocido en su país y que había hecho toda su carrera en Inglaterra, siendo suplente durante la mayor parte de ella. Su rol fue clave, especialmente en semifinales, donde atajó tres penales en la definición ante Colombia. Su rendimiento y su estilo estridente y provocador impulsaron su popularidad por las nubes entre los hinchas.

Y finalmente, en un contexto de tapabocas y estadios vacíos, Scaloni consiguió lo que Argentina buscaba desde 1993 y lo que Messi perseguía desde su debut en el seleccionado de mayores. Se consagró campeón nada menos que en el Maracaná, ante su acérrimo rival. Di María convirtió el único tanto del partido con una exquisita definición. Se rompió la maldición. A partir de ahí, todo cambió. El respaldo popular fue cada vez más grande. Tan así, que en Argentina se instaló un nuevo apodo para el equipo: “La Scaloneta”.

En 2022 disputó la “Finalissima” ante Italia, y también ganó ese trofeo con un contundente 3 a 0. Segundo título para una selección que se empezaba a acostumbrar a ganar.

El desempeño en las eliminatorias fue muy destacado. Argentina finalizó invicto, aunque fue segundo a seis puntos de Brasil. Comenzó una larga racha que terminaría con 36 partidos sin perder, el más largo del que haya registro para el combinado sudamericano.

Su equipo llegó al Mundial 2022 con buenas credenciales, pero Brasil y Francia eran los candidatos en boca de todos. Sin embargo, con un Messi imposible y un equipo a una velocidad supersónica se logró lo impensado: Argentina fue campeón del mundo después de 36 años.

La pregunta que se instaló pocos días después del final de Qatar 2022 es si se podía mantener motivado a un grupo que ya había ganado, literalmente, todo. La respuesta fue contundente. Los campeones del mundo se quedaron con otra Copa América dos años después y finalizaron punteros en las eliminatorias sudamericanas a un ritmo avasallante, coronando la clasificación con un baile antológico ante Brasil (4-1).

Scaloni y su cuerpo técnico lograron darle una identidad muy clara a la selección. En general, juega con un esquema 4-3-3. Emiliano “Dibu” Martínez se consolidó como el dueño del arco, y el lateral izquierdo fue disputado por Nicolás Tagliafico y Marcos Acuña. Los centrales que más jugaron fueron “Cuti” Romero y Nicolás Otamendi, y ahora llega la competencia de Lisandro Martínez, probablemente de mejor presente. El lateral derecho parece ser de Nahuel Molina, pero su suplente es Gonzalo Montiel, el que marcó el penal decisivo ante Francia.

Los tres mediocampistas fueron variando, pero siempre se mantuvo la idea de juego: altísima presión cuando se pierde la pelota; transiciones rápidas y verticalidad cuando se recupera. Enzo Fernández y Alexis Mac Allister llegaron para quedarse tras el fallido debut mundialista en 2022, y atrás esperan recambios como Leandro Paredes y Giovani Lo Celso. Rodrigo De Paul se convirtió en el pulmón del equipo. Y arriba siempre con Messi más suelto, un extremo veloz como supo ser Di María (hoy podría ser Nicolás González, Almada o Simeone) y Julián Álvarez o Lautaro Martínez disputando el rol de goleador.

La “Scaloneta” tiene recursos y es versátil. Suele variar los nombres de algunos protagonistas según el rival que tenga enfrente, y el santafesino tiene una virtud muy importante para cualquier entrenador: hace bien los cambios durante los partidos. Junto a su cuerpo técnico, formado por dos históricos exjugadores de la selección como Aimar y Samuel, suelen ser muy astutos para aprovechar las ventanas de sustituciones y mejoran el rendimiento del equipo. La final de la Copa América ante Colombia es un perfecto ejemplo. Detectaron que el equipo cafetero iba a sufrir si Argentina podía filtrar algún buen pase por el medio de su defensa, y en el tiempo extra incluyeron a Lo Celso y a Lautaro Martínez. Un par de minutos después, el entonces mediocampista del Tottenham brindó una exquisita asistencia para que el capitán del Inter gane el encuentro.

Un punto clave del éxito de Lionel Scaloni es que consiguió la mejor versión de Messi jugando para su país, una vieja deuda pendiente, quizás con la excepción de Sabella en ese Mundial 2014 que se escapó por muy poco.

La presión que el número diez tuvo en la selección fue creciendo año a año y, paradójicamente, la relación con el pueblo argentino fue bastante tirante durante mucho tiempo. Los funcionamientos de los distintos equipos argentinos de los cuales formó parte con varios entrenadores no permitían que el rosarino brillara. Había una sobreprotección que pareció ser contraproducente.

Scaloni logró que Messi no sea el protegido, sino el protector. Si bien hacía ocho años que llevaba la cinta de capitán, recién en esta etapa se pudo ver cómo forjó su liderazgo. Probablemente, el recambio generacional propuesto por el entrenador lo ayudó a ocupar ese espacio. La irreverencia de jugadores más jóvenes le permitió sentirse uno más del grupo. Messi no es Maradona. No disfruta de la exposición, no le gusta ser el centro de atención y, a nivel público, es casi imposible encontrar declaraciones suyas muy polémicas o paternalistas. Su liderazgo es desde el talento, el ejemplo y el compañerismo. Le queda mejor el rol de hermano mayor, que el de padre. Scaloni lo entendió y lo gestionó con sabiduría. Le quitó peso de encima para que vuele más alto que nunca.

Argentina llega al Mundial de Norteamérica como candidato. Si logra un bicampeonato, asegurará el lugar de este equipo en cada debate sobre cuál ha sido la mejor selección de la historia. El camino es más largo que nunca, pero, al igual que cuando recorría el lateral derecho, Scaloni tiene aire de sobra.

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